Señores de El Espectador, ¡No nos persigan más!


 

Por El Republicano.

@ElRepublicano09

Tengo la convicción de que nunca será bueno para la salud de ninguna democracia que uno de los medios de comunicación más influyentes que funciona dentro de su marco, entre en crisis. Mucho menos si tal crisis amenaza la continuidad y propia existencia de dicho medio.

Es un derecho esencial para cualquier ciudadano del mundo moderno, poder tener acceso a la información y ser informado transparentemente. Así mismo, siempre será necesaria la pluralidad de opiniones y que los diversos puntos de vista, que representan las diversas corrientes de pensamiento, encuentren su tribuna de difusión.

Sin embargo, a pesar de que siempre defenderé las premisas arriba citadas, en el último tiempo resulta inevitable cuestionarse por la ética que hoy en día manejan los medios de comunicación, y también resulta inevitable cuestionarse hasta qué punto el irrespeto al lector, al oyente o al televidente le permitirá a determinado medio ser tan flexible como para no romperse.

Mucha agua corrió debajo del puente desde que el otrora prestigioso diario El Espectador fuera considerado, no sólo un referente para cualquier colombiano que quisiera conocer la realidad del país, sino también como uno de los obstáculos más poderosos que se encontró el narcotráfico en su cruzada por acabar con todo vestigio de decencia en Colombia. Lastimosamente hoy en día resulta muy difícil encontrar algún vestigio de lo que un día fue El Espectador de don Guillermo Cano.

Hace una semana,  Fidel Cano, director de El Espectador, anunció que debido a los malos resultados que venía teniendo el medio en el que trabaja, probablemente el diario pasaría a ser un semanario, como ya había ocurrido entre 2001 y 2008. Cano culpa a la pandemia y a la difícil situación que ésta ha desencadenado en el país.

Le pregunto, señor Cano, ¿Está seguro de que los malos resultados que viene teniendo el medio que usted dirige se deben exclusivamente a una situación que igualmente sufren el resto de medios del país y del mundo?

¿Está completamente seguro que el medio de comunicación que dirige informa con total transparencia e imparcialidad?, ¿No se ha llegado a cuestionar ni por una vez, que tal vez el sesgo y muchas veces las falacias que en su medio se publican han ahuyentado a lector, que no es ningún pintado en la pared?

Desde hace un día, El Espectador ha iniciado una serie de ataques disfrazados de investigaciones contra todo usuario de la red social twitter que ose participar en tendencias adversas a la JEP, o que ose cuestionar a los integrantes de ésta, a sus decisiones y a la forma como fue diseñada.

En su primer día, la periodista de El Espectador que firma el escrito, lo tituló entre signos de interrogación para librar responsabilidades: “¿Hay una bodeguita uribista?”, lanzaba en su artículo e inmediatamente agregaba: “Engaños y bots, la cruzada digital en contra de la JEP”. Sin más pruebas que sus suposiciones y sesgo, la periodista entonces matriculaba a todo aquel ciudadano que en la red social del pajarito criticara a la JEP, como un integrante de una supuesta bodega del Centro Democrático, o como un robot automatizado para atacar a los pobrecillos de la JEP.

El tema no paró ahí y hoy continuaron con el mimetizado ataque, ahora al mejor estilo Rocky con una parte 2: “Los “bots” detrás de la cruzada digital contra la JEP (II)”. En el nuevo artículo, la periodista de El Espectador empezó a publicar listas con los supuestos usuarios que según ella tenían una alta probabilidad de ser “bots”, es decir, de ser robots automatizados en la red social para trinar.

Resultó entonces que en la dichosa “investigación” de El Espectador, un misterioso y complicado software les arrojaba qué usuario no era digno de trinar, teniendo solo la identificación del usuario en twitter y el tipo de interacciones que éste hacía en dicha red social. Como en un paredón de delincuentes, entonces listaba a los usuarios que “tenían una alta probabilidad de ser bots”.

A pesar de que en la misma “investigación”, la periodista aclara que el 69% de los usuarios que participaban en las tendencias estudiadas “eran humanos”, hace énfasis en que hay un porcentaje de una especie de robots a sueldo. Es sobre este porcentaje al que me quiero referir, un 31% que según El Espectador son “cuentas robots”.

Con sorpresa encontré que dos de los usuarios que listaban como robots eran conocidas amigas personales: una de ella una prestigiosa ex fiscal que prestó su servicio a la nación durante años y que ahora como pensionada opina en la red social. Y la otra, una respetable ciudadana colombiana de la cual tengo las mejores referencias como ser humano. Esto sin contar que dentro de las listas incluían a reconocidos activistas que se identifican como afines al uribismo, ¡Pero a quién se le ocurre que pueden ser robots!

Entonces, señores de El Espectador, si a simple vista encontramos 2 “falsos positivos” en su lista de supuestos robots, ¿qué podrán decir si se hace una simple extrapolación? Es sencillo, su investigación es una farsa que se basa en prejuicios, suposiciones y sesgos que lo único que logra es estigmatizar a una cantidad importante de ciudadanos.

Pero vamos más allá, ¿qué es lo que motiva a El Espectador a montar toda una “investigación” sobre tuiteros críticos con la JEP, cuando diariamente hay tendencias de la izquierda contra el uribismo o contra el propio Presidente de la República?: “Cerdo”, “genocida”, “matarife”, son algunos de los improperios que diariamente lanzan en la misma red social, ¿Por qué nunca han investigado el origen de estas tendencias que sí atentan contra la dignidad y el buen nombre de las personas?

Es inaceptable, no puede ser que haya opiniones vetadas, no puede ser que haya tendencias demonizadas según su ideología política, no puede ser que si la ideología de El Espectador no coincide con la de un grupo de ciudadanos, estos últimos tengan que ser sometidos, estigmatizados y perseguidos.

Aprovecho para preguntarles públicamente, señores de El Espectador: ¿Cuánto dinero reciben por concepto de financiación de su proyecto “Colombia2020”, con el cual promovieron, defendieron y defienden férreamente el acuerdo de paz llevado a cabo por Juan Manuel Santos y las FARC?, ¿Cuál es la relación entre “Colombia2020”, sus dineros y esta serie de reportajes estigmatizadores contra todo ciudadano que critique a la JEP?

Sólo me queda una última duda, no sé por qué a mi usuario en la red social no lo incluyeron en su prestigiosa lista, tal vez no he sido suficientemente insistente cuestionando a la JEP para ser considerado un robot por El Espectador, pero les aseguro que aumentaré mis esfuerzos para entrar en la honorífica lista de ciudadanos que rechazan el infame tribunal creado para lavarle la cara a los criminales de las FARC.

Decimos lo que otros callan
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11 COMENTARIOS

    • LE RECUERDO QUE COLOMBIA NO ESTA BAJO EL RÉGIMEN Y HAY LIBERTAD DE EXPRESIÓN .CUANDO HABLAMOS LA VERDAD SOBRE LA FARC ETC .UDS SALEN CON EL CUENTO QUE SE DIVIDE EL PAÍS Y QUE POLARIZAMOS .OSEA TENEMOS QUE QUEDARNOS CALLADOS .ANTE LAS MANIPULACIONES Y MENTIRAS DE LA IZDA.,SE NOTA QUE QUIERE UN GBNO CUBANO O VEN
      EZOLANO ,SE QUE NOS FALTA MUCHO ,PERO PEOR ESTÁN CUBA Y VNZLA..QUE PETRO HAYA PAGADO EN TWITTER NO SIGNIFICA QUE LOS DEMÁS LO HAYAN HECHO.SI NO LE GUSTA URIBE ESTA EN DERECHO ,PERO QUE UD ACEPTE SER GOBERNADO POR LOS ASESINOS DEL M19 Y LOS NARCO TERRORISTAS FARC ,CIERTAMENTE NO LE DAN USTED NADA DE AUTORIDAD MORAL PARA CRITICAR A LOS DEMÁS..

  1. El que a usted no le están pagando no lo hace menos miembro de la bodega uribista. Solo demuestra lo mal negociante (por no decirle atembado) que es usted.

  2. Si señor, tristemente y por esa razón se puede acabar El Espectador, como la revista esa, los disque famosísimos tocayos y otros tantos que con su propio esfuerzo, se hacen el harakiri y después se victimizan, típico proceder.

  3. No es Secreto que el espectador tenga una ideología de la izquierda desde el director sr cano, hasta la gran cantidad de columnistas. Eso no es el problema pues cada cual tiene personalmente sus preferencias. Lo que si no estoy de acuerdo es el sesgo, son las conclusiones a medias, son las “condenas” por razones más políticas que jurídicas. Se nota un afán más por titulares y escritos amarillistas, tal vez con idea de facturar, que de verdad hacer un trabajo periodístico profesional, riguroso con la verdad.

  4. El Espectador es un medio que perdió su rumbo moral. Solo la mermelada del Gobierno Santos lo pudo mantener por estos años y vendidos al lobby LGTBVIH.

  5. El Espectador periódico que se convirtió en el peor pasquín de rotativo en Colombia, ninguna empresa en Colombia debe pautar en esa asquerosidad de periódico que a la vista está que se está muriendo poco a poco porque ya no tiene la pauta estatal producto al pago de respaldar un proceso de paz y sus conexos llenos de impunidad que avalan los actos criminales de un grupo narcoterroristas que por años han dejado desolación y muerte, con un organismo diabólico llamado JEP, integrado por gentuza de estos mismos grupos

  6. Un par de comentarios inocuos con el mismo contenido mamerto e insultos de poca monta de Ernesto Cajar y Armando Moreno, tal como la mamerteria zurda que defiende a la JEP y conforma la linea editorial del Espectador; pero estamos en una democracia y un pais libre en donde este par de esperpentos comentaristas y el panfleto conocido como el Espectador puede libremente expresarse y circular; esa es la prenda mas preciada de la derecha: la libertad

  7. Estoy en varios grupos de whatsapp que rechazamos los acuerdos y la Jep, que queremos la paz con verdad , justicia y reparación.No con unos bandidos que no han cumplidos estas 3 premisas y ahora son el faro moral respaldados por una corte hecha a su medida.Sus resultados lo muestran.Ahora hablar de robots? En n8nguno de los grupos donde estoy, donde hay muchos tuiteros, ni son robors ni son pagados.Son ciudadanos de carne y hueso que no creen ni creemos en los beneficios de esta paz mentirosa que solo nos dejó rabia y tristeza por su injusta causa premiando sin contraprestacion a unos delincuentes.

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