Sí al glifosato!

Daniel Ernesto Guevara Durango

 

Una defensa al herbicida, donde se cuestionan algunos de los argumentos de los detractores de su uso.

Por: Daniel Ernesto Guevara Durango | @Caniguevara1

Las hectáreas de coca en Colombia no han parado de subir desde que se firmó el acuerdo de paz. Según la ONDCP,  Colombia pasó de producir 188.000 en 2016 a 209.000 en 2017. Este flagelo, que no para de crecer, y que es el combustible del conflicto armado, se ha visto mediocremente mitigado por la oposición al gobierno nacional. ¿Esto porque? Pues habiendo una solución que es la más efectiva y útil, la oponen y critican sin proponer solución alguna. El glifosato hoy en día es más necesario que nunca, y aquí se expondrá por qué.

Para empezar: el glifosato es un herbicida comúnmente usado en todo tipo de plantaciones y cultivos con la finalidad de erradicar hierbas, arbustos y otro tipo de malezas al cultivo. Funciona evitando que la planta produzca una serie de proteínas determinadas que son esenciales para su crecimiento, de aquel modo consigue matar malas hierbas. El rango de uso es tan grande, que según un reciente estudio de 35 páginas realizado por Alberto Schlesinger, miembro del consejo académico de la universidad Sergio Arboleda, con cooperación de Bayern y la Andi: el glifosato se usa en el 75% del área sembrada en el país. En el maíz, en el 75%: arroz, 85%; caña, 70% banano, 80%; pasto, 50%; frutales, 80%; hortalizas, 45%; y papa, 45%. En otras palabras, el glifosato es un herbicida que se usa en una gran variedad de cultivos en Colombia.

Pese a esto, al proponer el uso del glifosato para erradicar la mata de coca, cuadrantes de oposición al gobierno y activistas de izquierda perciben al herbicida como un veneno tóxico, carcinógeno y destructor del medio ambiente, afirmaciones que son tenebrosamente falsas.

Para seguir contextualizando, toca profundizar en la crisis actual del país respecto a los cultivos de coca. Es realmente denigrante ver cómo ha evolucionado sin control el cultivo de esta mata que no solo le ha arrebatado el empleo a miles de familias campesinas, sino también ha empezado a destruir nuestros bosques y nos ha dado el repudiable título, según lo clasifica la UNODC, de ser el “productor del 70% de la cocaína a nivel global”. Actualmente estamos viviendo de la bonanza cocalera nacional, con 209,000 hectáreas de cocaína, que van en aumento, en el territorio nacional. Una cifra récord.

Colombia, el segundo país más biodiverso del planeta, está empezando a ceder su riqueza ecológica al negocio de la cocaína, cuya meta es responsable de destruir bosques, tal como lo demuestra un estudio del MADS del 2013, que identifica que una de las causas de deforestación en Colombia es atribuida a la colonización de los bosques y los cultivos de uso ilícito. Tanto así que según datos del Ideam del 2017, entre el 2015-2016 (años en los que los cultivos ilícitos aumentaron de 69,000 hectáreas a unas 146,000, principalmente a causa de la suspensión de erradicación expuesta en el proceso de paz) perdimos un total de 178,574 hectáreas de bosque. Ante esto, ¿por qué quienes se hacen llamar “protectores del medio ambiente” al oponerse al uso del glifosato se niegan a la erradicación de una de las matas que actualmente se está apoderando y está carcomiendo la superficie boscosa nacional?

Además, hay una visible relación entre el crecimiento de la mata de coca y el desempleo. Tan solo veamos el caso de Norte de Santander, que presentó un incremento del 31% en los cultivos de hoja de coca en el 2016, y por consecuencia la capital, Cúcuta, presentó el mayor índice de desempleo nacional. No solo se debe al desplazamiento en el departamento, sino también a las tierras despojadas de campesinos a manos de grupos insurgentes para el cultivo de coca. Pero, si existe la evidencia de que la cocaína se ha vuelto un problema nacional, ¿por qué muchos siguen rechazando el glifosato?

Creo que la mejor respuesta es porque falsamente afirman que es cancerígeno y malo para el medio ambiente. Desde ya hago el preámbulo: el glifosato no es lo mismo que el Agente Naranja. Ahora, existe un estudio de la OMS del 2015 que afirma que el glifosato es probablemente carcinógeno, sin embargo, dicho estudio está lleno de discrepancias que jeopardizan su veracidad. Para empezar:

El estudio del 2015 se basa en especulaciones que fueron realizadas en el 2001. No solo la OMS se ha basado en estudios anticuados, sino meramente en especulaciones. Vale la pena resaltar que en el estudio realizado se concluye que el glifosato es probablemente carcinógeno, sin embargo, se llegó a esta conclusión estudiando nada más con animales de laboratorio, en especial ratones. Por ello, el estudio no fue basado en materia humana y como bien indica: “Es probablemente carcinógeno” probablemente, ya que es meramente una especulación sin el suficiente respaldo. Por último, la misma IARC y la OMS declararon que era muy poca la evidencia de su estudio para concluir que el glifosato provoca la carcinogenicidad en los seres humanos para el linfoma no Hodgkin.

Por otro lado, la cantidad de estudios que afirman que el glifosato no es carcinógeno supera a aquel único estudio que dice que lo es. Primeramente, ha sido la EPA (Environmental protection agency – Agencia de Protección del Medio Ambiente) de los Estados Unidos quien ha desmentido las afirmaciones de la OMS. El estudio que realizó la EPA es más reciente que el de la OMS y llegó a la conclusión de que no existe evidencia que demuestre que el glifosato es carcinógeno, afecte a los niños, afecte el sistema endocrino, o afecte la salud humana. Vale la pena añadir que este estudio fue hecho con ayuda de paneles internacionales como la Agencia Canadiense de Reglamentación de la Gestión de Plagas, Autoridad de Medicamentos Veterinarios y Pesticidas de Australia, Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, Agencia Europea de Sustancias Químicas, Instituto Federal Alemán para la Seguridad y Salud Ocupacional, Autoridad de Protección Ambiental de Nueva Zelanda y la Comisión de Seguridad Alimentaria de Japón.

También, la Autoridad Europea de Seguridad alimentaria (EFSA) concluyó que el glifosato es poco probable que suponga un riesgo para los humanos, que sí se basó en estudiar la exposición al glifosato a un organismo humano y afirmó que el glifosato permanecerá en la lista de substancias aprobadas de la Unión Europea.

También ha sido la Agencia de Protección Ambiental de Nueva Zelanda, que también afirmó que el glifosato es poco probable que sea carcinógeno y que no debería clasificarse como un mutágeno o carcinógeno, mediante un estudio de agosto del 2016.

Es más, en el 2016 la misma FAO y la OMS afirmaron mediante otro estudio que el glifosato es poco probable que suponga un riesgo carcinógeno para los humanos. Por ende, se puede ver como el argumento de que el glifosato es carcinógeno es un argumento falso basado en la especulación y la ausencia de evidencia. Han sido más y más modernos los estudios que demuestran que el glifosato es poco probable que sea carcinógeno y seguramente sea una herramienta médicamente segura para la erradicación de la coca. De hecho, si el argumento se trata de medicina, indudablemente la cocaína es más dañina para la salud que el glifosato.

En cuanto a la parte ambiental, también es cierto que el glifosato puro tiene baja toxicidad para los peces y la fauna silvestre. Además, no destruye ni intoxica la tierra ya que el glifosato se absorbe a las matas de una planta y no a su raíz, adicionalmente, el glifosato funciona evitando el crecimiento de proteínas en una mata, sin presentar riesgos químicos a la plantación, por último, el plan de aspersión aérea que se tiene en mente consiste en establecer perímetros y medidas de aseguramiento que no presenten riesgo alguno para la fauna, reservas acuíferas o campesinos.

Al ver lo anterior, es innegable que el glifosato no es el veneno que la izquierda ha intentado ilustrar. El glifosato es una herramienta segura, y ante la crisis cocalera que vive el país, necesaria para eliminar las miles de hectáreas de coca que se están apoderando de nuestros territorios y que si siguen a tal ritmo, pronto intoxicaron a nuestra juventud y destruyen la biodiversidad de la nación. Por ende, ¡sí al glifosato!

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