Trilogía: Guatemala clasista y racista


 

Para cuando hablen los parias. 

Estamos acostumbrados a que los que hablan son los ilustrados, son ellos los que exponen sus puntos de vista, los que escriben en los periódicos y revistas, los que publican libros, los que conocen de cultura y de arte, los que disfrutan de la música clásica, la ópera y el ballet. Los que hablan sin gritar, los diplomáticos, los que toman decisiones, los que firman los acuerdos, los que venden la patria. Los que ocupan los teatros y los salones de los museos.

Son los letrados los que comen con cubiertos y dejan comida en el plato porque es cuestión de clase, son los que saben saborear una buena copa de vino. Los referentes, los que debido al privilegio de las artes, los pergaminos y la clase social se creen superiores y con derecho de marginar al peón. A la que limpia sus casas, al que corta la grama de sus jardines, al conserje de la oficina, al mensajero, a la mesera del restaurante que frecuenta, al que limpia la piscina en el club y al alcanza bolas en los campos de golf o en sus cancha de tenis. El que les lava el carro y tira su basura.

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Son ellos la gente influyente. Son ellos que con sus maestrías y doctorados tienen el derecho de dirigir la comparsa de los ingratos.

Exigen que se les rinda pleitesía y que nosotros los parias bajemos la mirada cuando pasan frente a donde estamos, que les llamemos patrón y señora y que por toda respuesta digamos sí señor, lo que usted mande señora.

Y cuando nos negamos a hacerlo entonces nos gritan, ¡insolentes! Nos llaman presumidos, arrogantes. Nos dicen que qué nos creemos para verlos de frente sin bajar la mirada. Para tratarlos del tú por tú como si fuéramos de la misma clase social. Nos sentencian por tener la osadía de respetar nuestra dignidad de invisibles.

Se preguntan qué cómo es posible que un ignorante sea capaz de pensar, de formular su propio criterio y de atreverse a debatir, ¡es una terrible falta de respeto y de clase! Ante todo de clase porque cada quién tiene su lugar en la sociedad. Y el de los parias es el de poner el lomo y bajar la mirada. Los parias no tienen derecho a hablar, no, ellos no piensan, no tienen derecho a sentir ni a razonar. ¡No tienen derecho a sentir indignación! Ellos son animales de carga. Los subyugados de todos los tiempos. ¡Resentidos! ¡Esos miserables son unos resentidos sociales!

Están llenos de odio, nosotros no tenemos la culpa de su indigencia. ¿Qué se creen para levantarnos la mirada y alzarnos la voz?

Entonces estos mismos privilegiados que han sido parte del sistema de castas y que se acomodan con los beneficios que deja la marginación, cuando se sienten tocados en su fuero por la clase oligárquica que a veces se codea y que en otras los utiliza y que no importa porque siempre es rentable; se enfadan y salen a manifestar con sus camisas blancas, con sus lentes de sol, con sus bloqueadores solares y con sus títulos universitarios, con las playeras que llevan el logo de sus universidades privadas. Con el distintivo de la clase social.

Y quieren que el mundo les aplauda la osadía, que se los reconozca, que se vuelva noticia mundial. Y entonces por breves instantes juegan a tener dignidad y a sentir rabia. Hipócritamente hacen una denuncia masiva, se toman la foto que después enmarcarán como lo más revolucionario que han hecho en sus vidas, un cuento chino que pasará de generación en generación. Y como algo que presumen sumamente admirable alzan la voz y gritan ahí con las masas que llevan siglos exigiendo lo que ésta misma clase les ha quitado o de lo que se ha beneficiado con su silencio y apatía.

Las marchas de ellos sí cuentan, sí valen. Sus marchas sí tienen razón de ser, sus marchas son dignas y deben ser reconocidas y postergadas en la historia de los valientes. Vamos juntos pero no revueltos, allá los indios abusivos y necios, y los proletarios, allá los obreros ignorantes, de aquel lado los analfabetas que aquí vamos los cultos y los refinados, ¡qué no nos confundan! Que los medios sepan quién es quién. Hacen carteles muy creativos con tinta de marcadores finos y también escriben comunicados y mandan a hacer enormes carteles que llevan como insignia de clase.

Regresan a sus casas bronceados y recuerdan con esto sus idas a las playas en el extranjero. Han hecho historia dicen mientras se miran al espejo, y comparten también las anécdotas de la caminata en los almuerzos familiares del fin de semana, ¡tremendas hazañas! Aplauden todos. ¡Salud! Hay que publicarlo en la redes sociales.

Cuando los que realmente han escrito la historia con sangre y lomo han sido los indios abusivos y necios, los proletarios insociables, los obreros apaleados. Pero a ellos no hay posteridad que se los reconozca, no hay noticia mundial que los ensalce, no hay conectes ni contactos que les tomen la foto para la portada de los periódicos. Ni cámara de video que los enfoque gritando para el reportaje del noticiero del horario estelar.

Ellos solo llevan palo, esos analfabetas solo saben de cortar algodón en los surcos, de echarse al lomo los costales de papa y de azúcar, de aporrear café, de desgranar las mazorcas de máiz, solo saben de acarrear agua y de defecar en el monte, a la orilla de los ríos o en los pozos ciegos. Esos solo saben de parir como conejos. De hartarse chile con caldo de frijoles. De podrirse las dentaduras. De pudrirse en las cárceles porque son chivos expiatorios. No, ellos no saben de vinos ni de cortes de carnes finas. Ellos no son humanos, serán algún tipo raro de animal.

Lo cierto es que esta clase pestilente a lociones caras, no está preparada para cuando hablen los parias: desde sus entrañas, desde su marginación, desde las manos ampolladas, desde los pies rajados, desde la piel reventada por el sol. Desde la boca seca, la esperanza marchita.

No, no tienen ni idea del poder de rebelión que tienen las voces de los parias. Voz de trueno, de torrencial, de quebrada en invierno, de lodazal.

Denuncia de alma destrozada, mirada curada para soportar. Hasta el momento los parias solo han puesto el lomo, se han curtido la vida. Se han quebrado la espalda en los surcos, se han quemado las manos en las tortillerías y han perdido la vista en las maquilas. Siguen picando piedra. Siguen cargando bultos.

Hasta el momento los parias han puesto los muertos, las niñas sus vaginas y sus vientres fértiles y llanos. Se han tragado la cólera en silencio, se han bebido los sueños en las botellas de alcohol. Hasta el momento los parias han dejado el pellejo y la juventud lozana en las causas que el clasismo descalifica.

Pero para cuando los parias hablen, para cuando se nieguen a podrirse en el abandono, para cuando renuncien a ser los esclavos, a ser el jergón, el tablón y el peldaño. Para cuando renuncien al sí señor y al como ordene señora. Para cuando decidan convertirse en torrencial y despierten con su pasión los ríos secos y los mares, cuando llenen de flores los árboles mustios. Para cuando sean ellos los de la revuelta que haga enfurecer las calles, y los barrios y los barrancos y los altos cielos.

Para cuando sean ellos los de la ovación, los de la alegría, los de la felicidad. Cuando hagan escuchar sus voces bizarras y vean de frente y sostengan la mirada al patrón opresor y al letrado acomodado, cuando encaren al caporal abusivo. A los medios vendidos. Para cuando dejen de decir licenciado y hagan reverencia.

Foto La Hora- AP: Moises Castillo
Foto La Hora- AP: Moises Castillo

 

Para cuando hablen los parias y renuncien a ser el lomo partido. Los marginados. Para cuando retumben desde sus laderas, desde los ríos de aguas negras, para cuando corran en estampida desde los asentamientos y desde las maquilas, desde las fábricas, desde los bares, desde los surcos.

Entonces y solo entonces la clase acomodada se derrumbará en su arrogancia y en su vanidad. La oligarquía se desplomará sobre su propia infesta. En su mezquindad y en su corrupción. Sentirán el poder revolucionario de la clase obrera, la insurrección de los campesinos, el levantamiento de los proletarios. ¡Y entonces la tierra y la honra serán nuestras!

Y vendrán las niñas con sus tiernos vellos púbicos y su inocencia, con sus vientres fértiles y lozanos y nadie las violentará. Y sonreirán a la vida y festejarán las flores. Y correrán los cipotes en los campos. Y los nacimientos retumbarán en aguas cristalinas. Y los ríos cantarán en los retumbos del mar la honra de los parias. Y los abuelos tendrán techo y calor. Y cuando se haga la revolución de raíz: las madres solteras tendrán acceso a la salud pública y las embarazadas no serán despedidas de sus trabajos.   Y las empleadas domésticas tendrán beneficios laborales tanto como los recolectores de basura y los limpia caños. Y existirá la equidad de género y los transexuales caminarán libre por las calles sin que se les insulte y existirá el matrimonio igualitarios y el aborto será ya parte de las leyes de un sistema justo.

Algún día hablarán los parias y escucharán lo que tienen que decir los tantos siglos de exclusión, de opresión y de sangre derramada.

Loor a los campesinos, a los obreros y a los proletarios de todos los tiempos. Loor a los que nunca han bajado la cabeza y ponen el pecho. Loor a los que desde la invisibilidad alzan su voz.

Un día será, un día será que la justicia se vuelva una revolución poética y dejaremos de cosificarnos y nuestro valor no será monetario ni letrado, será humano, será de conciencia y de entereza. Será de ternura y de equidad.

Con amor  campesino, obrero,  proletario  e indocumentado,  para los parias infestos, de todos los tiempos sin ninguna frontera. Yo merita, la niña heladera.

Lo indios patas rajadas de siempre. (Texto 2)

De la fiesta popular que se vivió el 30 de mayo  en Guatemala lo que más me cautivó fue ver de nuevo al pueblo Ixil, cierta tristeza me invadió, una melancolía amarga en recuerdo del Juicio por Genocidio, y desolación con las que la sociedad los dejó. A la vez  la dulzura de la consecuencia de siempre, esos pueblos milenarios lleva palo por los que pocos alzan la voz desde el privilegio de sus togas.

Pueblo indígena Ixil / ab.org.uk

 

A ellos nadie los ensalza, nadie los aplaude, nadie los reconoce en sus programas radiales ni en sus columnas escritas, tampoco en sus programas televisivos, a los que sí aplauden es a los “ladinos blancos urbanos” los elevan y los consagran como los ejemplares en extinción. De hecho a ellos han entregado el distintivo de estas marchas en contra de la corrupción, tenemos poca memoria los guatemaltecos, se nos ha olvidado que los Pueblos Indígenas han estado de pie durante siglos, y en las últimas décadas la sangre que ha corrido es la de ellos. Lo más fresco lo ocurrido en la Cumbre de Alaska. ¿Cuántos urbanos togados se manifestaron?

No pretendo descreditar la marcha urbana, porque también estoy indignada con la corrupción, y es una paso gigante ver las calles rebalsándose de juventud y aquellos mares exigiendo la renuncia de un genocida, pero no por genocida sino por corrupto.  Lo triste es que dentro de esas  marchas también se les discrimine a los indígenas y a los obreros y a los proletarios. Lo triste es que dentro de esas marchas cada sector de la sociedad se coloca en su lado del clasismo, cuidando su terreno de cualquier invasión de patas rajadas y de shumos. Aquí los blancos, allá los negros, allá los indios, allá los obreros, allá los…

Yo no puedo hacer alarde en mis artículos como lo hacen periodistas que citan a abogados reconocidos, a intelectuales y a contactos “bien,” en referencia de estas marchas, pero sí me han escrito personas que son pueblo raso, y entiendo su descontento, cómo se sienten al ser discriminados dentro de ese río revuelto que inunda la plaza, eso es así, por desgracia, el racismo y la discriminación llevan siglos arraigados en nuestra cultura. Es propio de los guatemaltecos la exclusión y el clasismo. El jactarse. Sin embargo aún dolidos no dejan de ir a manifestar porque confían que el cambio venga y que sea grande y que sea certero.

Tal vez de todos lo que han ido a manifestar a la capital a los que  más les cuesta  y han realizado un enorme sacrificio son los indígenas que viajan desde los departamentos, porque pierden un jornal de trabajo, tienen que pagar pasaje, comida, ¿y cuánto gana un indígena al día? Y ahí están como siempre, desde siempre, a pesar de la discriminación, del rechazo y de la burla. Ahí están con su frente en alto.

Me pregunto que si un día de estos el llamado de una manifestación contra la corrupción se haría en la Cumbre de Alaska, ¿cuántos urbanos de la capital irían?  Digo corrupción porque es lo que realmente ha levantado al pueblo, porque por seguro si es una marcha contra el genocidio pocos se apuntarían y serían por supuesto  los tres gatos de siempre.

Por desgracia entre tanta euforia también están los oportunistas, los que buscan el aplauso, salir en la foto de portada, los que se acreditan el despertar. No, los que han estado despiertos desde siempre son los indígenas.  A ellos ni siquiera los San Carlistas los apoyaron para el Juicio por Genocidio, los dejaron solos.

¿Por qué insisto en el genocidio? Porque no hay lucha que valga la pena en Guatemala si antes no se reconoce que hubo genocidio. Si antes no se honra con justicia a los que lo sufrieron. Que un pueblo acepte y conozca y honre su Memoria Histórica es vital para cualquier avance que se busque. Ojalá que un día esas mismas masas, esas mismas multitudes de la manifestación contra la corrupción también un día hagan rebalsar las calles respaldando el Sí Hubo Genocidio. Por el momento se limitan a decir que cada cosa en su lugar, que no se puede perder de foco lo de la corrupción,  mientras que los clasemedieros togados pro “elegancia y fanfarronería”  apoyan el “hay que olvidar lo que pasó, hay que llamar a la reconciliación.” Con esto ensuciando la Memoria Histórica y la sangre derramada y la lucha de los mártires y el dolor de quienes perdieron familiares en esa lucha. Llaman a no juzgar a los militares ni a los de la oligarquía que tuvieron que ver en las masacres y las torturas. Quieren que sea borrón y cuenta nueva. ¿Con qué humanidad proponen semejante bajeza?

Se rumora que Guatemala comienza a despertar, no, los que tal vez comenzaron a despabilarse son los clasemedieros, porque los indígenas desde siempre, pero nadie ha escuchado sus gritos, su llanto, nadie ha visto sus necesidades y muchos menos ha hecho en pro de cambiar esa realidad. Se hacen como que no es con ellos.

Ojalá que en una Asamblea Constituyente no sean solo tocados blancos y clasemedieros los que la conformen, si es que se llegara a dar. Ojalá que esta revuelta no sea solo la efusividad que beneficie a los de siempre solo que en distintas manos. Ojalá que Guatemala realmente despierte y sienta el dolor de la marginación y de la hambruna y de las muertes inocentes, más allá de la cólera de la corrupción.

Foto- José Orozco
Foto- José Orozco

 

Ojalá que un día a toda voz, todas las voces griten en la plaza que Otto Pérez Molina es un genocida y exijan un juicio que lo lleve a la cárcel, no solo por corrupto. Pero más aún, deseo con todas las fuerzas de mi ser, que un día no muy lejano seamos capaces de vernos como hermanos, con el mismo valor humano, así seamos unos de oficio y otros de profesión. Así seamos unos pueblerinos, arrabaleros y otros urbanos. Así seamos unos negros y otros blancos. El día que Guatemala deje la discriminación y el racismo habremos avanzado grandemente. Por el momento estas  manifestaciones masivas contra la corrupción pueden ser el comienzo, ojalá y que sea cierto, que ésta generación es la del cambio, así como se jactan en sus carteles de marcha anti gobierno corrupto.

Mi reverencia a los Pueblos Indígenas que han hecho acto de presencia como siempre, desde siempre. Mi reverencia a los obreros, a los proletarios y a los campesinos. Que a pesar de los pesares están ahí, soñando con que el cambio venga. A los clase media  togados urbanos les digo, que no le falten el respeto a la oportunidad de la educación superior, es un privilegio del que gozan muy pocos,  ojalá que ustedes también sean parte del cambio, desde la médula que duele y que exige. El tiempo dirá, el tiempo dirá.

Nota: como siempre, aclaro que no generalizo. Que tampoco estoy en contra de estas manifestaciones, las apoyo, solo que tal vez por ser demasiado pueblo raso, mi visión es rigurosa y exige lo que parece a todas luces imposible. Pero sigamos, lo peor que podemos hacer es quedarnos estancados.

Por andar defendieno indios. (Texto 3)

En los últimos días he estado recibiendo quejas en las redes sociales donde me dicen: ya vio, por andar defendiendo  indios y mire lo que hace su comadre Rigoberta, y me envían enlaces de las últimas presentaciones que tuvo ella en México. Creo que cualquiera con dos dedos de frente sabe que Rigoberta Menchú no es los Pueblos Indígenas, pero ni siquiera los medios mexicanos que tienen toda la razón del mundo para estar ofendidos han dicho: “miren lo que hacen los indios de Guatemala.” Pero claro, la clase media guatemalteca tan elocuente y casta con tal de desacreditar las voces indígenas la utilizan como escudo y referente.

Se refieren a lo de defender indígenas porque en estas manifestaciones masivas de los guatemaltecos exigiendo la renuncia del actual presidente de la República y entre otras cosas proponiendo una Asamblea Constituyente, en los planes de la clase media no está incluir a indígenas, obreros, campesinos y proletarios. Y no son alcances míos, ni odio a la clase media, como algunos me lo han dicho, son testimonios de panaderos, de vendedores de mercado, de pilotos de autobús los que yo he escuchado donde me cuentan la forma en lo que los han excluido en las  manifestaciones. Y lo que ellos han escuchado estando en las mismas. ¿Los testimonios de ellos no cuentan acaso? ¿No cuentan porque no son togados, periodistas reconocidos, gente  “pudiente”? ¿Tendría que tener  el descaro de descalificar sus testimonios porque de seguro y están ardidos “porque odian a la clase media”? ¿Porque y de seguro tienen tanto rencor en su corazón?¡Porque son unos muertos de hambre resentidos!  Resulta que visto desde la clase media, todo lo que pueda decir un obrero, un campesino, un proletario, es incongruente y no tiene validez porque lo mueve el odio. Por favor…

hoyvenezuela.info

 

Y también gente de la propia clase media, docentes de universidades privadas, licenciados, doctores, que  me escriben molestos y a la defensiva, diciéndome que no quieren proletarios al estilo Maduro porque él demuestra lo patanes que son y que no saben ni hablar en público y que no saben de reglas de etiqueta, y que tampoco indios al estilo Evo porque no se sienten representados, que quieren a gente de la clase media porque es la única que ha demostrado ser capaz. Si pues, ahí está su capaz, (a excepción de Jacobo Árbenz y Arévalo)  veamos los gobiernos que hemos tenido en las últimas décadas, de dónde ha llegado la gente a la poltrona. “Indios patas rajadas  como Evo” no han sido. “Patanes como Maduro” tampoco. ¿Y cuáles han sido los resultados? Vergüenza les debería de dar haber votado por un genocida y  seguir negando el genocidio. ¿Con qué derecho discriminan a los proletarios y a los indígenas? Creo que los del odio son otros, no soportan la sola  idea de que un indígena cortador de granos de café o que un obrero urbano, albañil o zapatero, sea capaz de tener un criterio propio y una masa cerebral más allá del  tomo para trabajar. Años luz faltan para que Guatemala sea inclusiva.

Yo no desacredito las manifestaciones de los urbanos togados, pero no puedo quedarme callada y fingir que todo está bien cuando a mí gente, de pueblo, de arrabal, cuando al proletariado y campesinado los denigran. Me han dicho que si sigo escribiendo así la clase  media dejará de leerme, me vale pura estaca, yo no escribo para la clase media togada, yo escribo para los “indios patas rajadas” que  nunca podrán leerme porque no saben leer ni escribir, yo escribo para los vendedores de mercado que trabajan desde las tres de la mañana hasta las doce de la media noche. Para la juventud que se pudre en las maquilas escribo.

Para los inmigrantes indocumentados del mundo entero que  agonizan en la diáspora y el trabajo forzado. ¿Los togados? ¿Qué esperan que me les hinque y los reverencie por “ilustrados”?  Jamás en la vida. ¿Qué solape sus majaderías y la forma en que discriminan a la gente obrera que se curte el lomo? Jamás en la vida. Yo le apuesto a un cambio profundo, sin estereotipos, sin prejuicios, sin exclusiones. Para nada voy a aplaudir repellos, la doble moral y la hipocresía.

Y si para algo existen las letras de esta vendedora de mercado y empleada doméstica es para exponer públicamente  la injusticia, venga de donde venga. Me tiene sin cuidado lo que  los alzados,  que sí saben de reglas de etiqueta piensen. Y lo siento flor si te marchité un pétalo, pero la verdad duele. Guatemala por excelencia es clasista y racista. Mi letra siempre será en defensa de los marginados. Y sí, defendí, defiendo y defenderé a Los Pueblos Indígenas, a los obreros, a los campesinos y a los proletarios. A la gente de ladera y de pueblo. A esa juventud drogadicta, rechazada. A esos resentidos sociales de todos los tiempos. Y no busco ni necesito aceptación de la clase media, ni sus aplausos burdos ni sus repellos. Es su obligación por togados, por tener más herramientas de desarrollo, pelear por la inclusión, por una Asamblea Constituyente que sea “Plurinacional, Intercultural y Democrática.” Cito las palabras de un cartel que vi de un indígena en la manifestación del 30 de mayo en Guatemala. Ojalá que además de la jactancia sean capaces de tener la entereza, ésa no se aprende en la universidad.

Nota: como siempre, aclaro que no generalizo.

Crónicas de una Inquilina. 

Ilka Oliva Corado

Por  Ilka Oliva Corado.  @ilkaolivacorado

Escritora y poetisa. Inmigrante indocumentada con maestría en discriminación y racismo. 

Junio de 2015.

Estados Unidos

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