Un testimonio aleccionador 


 

En el reciente encuentro internacional de víctimas en Estocolmo participó un joven guajiro que rindió un sentido y conmovedor testimonio sobre la muerte de su padre, Ospicio Baquero Araújo y la persistente impunidad 20 años después del crimen.

Así habló Guillermo: “Mi padre fue un caribeño izquierdista, un exguerrillero del EPL que un día aceptó que la lucha por la transformación del país se haría mejor por las vías democráticas, así que bajó de la montaña, participó en una negociación con el gobierno, creyó en el indulto, en el acuerdo de paz, entregó el fusil y a partir de 1991 se dedicó a trabajar y a atender a su familia sin abandonar la política que era su compromiso fundamental.

En 1992 fue candidato a la Asamblea Departamental del Cesar, respaldado por ADM-19. Pero el enemigo, que no entendía de perdones ni de reconciliaciones, ni de paz, lo acechaba y el 31 de diciembre de 1994 dos sicarios acabaron con su vida en una calle de Valledupar. Yo era apenas un niño. Crecí, y quise saber más de mi padre, busqué sus libros y de ese viaje mágico a través de las palabras, contrastado con las circunstancias de mi entorno en La Guajira, se despertó la conciencia sobre mi tiempo y salté a la acción política. Me atrajeron los movimientos sociales, llegué al movimiento estudiantil y de ahí a la militancia de izquierda que nutrió mi intelecto y me llenó de razones para buscar el cambio y la transformación de Colombia.

Si bien mi padre puede representar un personaje algo mítico en los relatos sobre las serranías del Cesar y La Guajira, yo destaco como personaje singular a mi madre; ella es una leyenda de silencio elocuente, un filtro humano del dolor y la tragedia; es la mano extendida que levantó a sus hijos entre sudores y sollozos como lo han hecho millones de mujeres víctimas de una guerra que nunca han promovido, y que cargan en su espíritu el amor por la vida y la entrega incondicional por la superación de los suyos.

Como David Sánchez Juliao yo también hablo para que no sea la muerte quien tenga la última palabra; para que el victimario no escriba esta historia desde su cómoda posición de guardián del orden constitucional en Colombia.

A los victimarios de mi padre quiero decirles que llevo mucho tiempo preparándome para perdonarlos, ya son 20 años viajando en el océano de impunidades, injusticias y dolorosos recuerdos. No obstante, crece mi compromiso con las vías pacíficas para resolver los conflictos causantes de la violencia”.

Este relato lleva inevitablemente a pensar en la importancia de refrendar muy bien los Acuerdos que resulten del actual proceso de paz para garantizar que los hechos generadores del conflicto no se repetirán y que los compromisos asumidos por las partes se respetarán. Debemos reforzar la confianza en el proceso para hacer posible la construcción de un nuevo país en democracia.

Por Imelda Daza Cotes

Tomado del diario El Pilón de Valledupar, Cesar

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