Cegado, gárrulo, sordo, hipotecado, perturbado

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Cegado, gárrulo, sordo, hipotecado, perturbado.

Términos imprescindibles para delinear verazmente al diminuto bufón, humillante, inepto, servil, tragicómico cipayo que ‘dijo Uribe’ -inagotables los verbos y adjetivos para describirlo-; desteñido, marrullero gobernante de pacotilla, moralmente inferior, a quien Colombia -en estado terminal- se le deshace en las manos; deslegitimado por la compraventa de votos que favoreció a la medianía en cuestión, efectuada  por sus entrañables: ´Ñeñe Hernández’ -negado tres veces antes que el gallo cantara (Mateo 27:3-5), y Rodrigo Garavito -condenado en el proceso ocho mil-, quien me asedió, timó grotescamente, ofreciéndome el oro y el moro, como a los engatusados no uribistas, por tanto Duque es producto de una elección de dudosa legalidad.

Examigo que una vez despachado se escondió, idéntico a Jorge Mario Eastman (junior) que no volvió a pasarle al teléfono. Vergonzosos intermediarios -de esconder- que explican por qué el país se desmorona -cuyos restos tendrá que rescatar del despeñadero en el 2022 el sustituto- fruto de la abulia, dejadez, impericia, impreparación, incuria, inexperiencia del agazapado mentecato, cuyo desgobierno ha empobrecido a millones de desesperados, desesperanzados compatriotas que, luchan por sobrevivir con sus famélicas familias -en medio de la informalidad- para ganarse unas cuántas monedas.

Ególatra, soberbio rey del bulo, del embuste, cuyas mentiras las vende como si fueran verdades, incubando el descontento, odio, acumulados, patentes a lo largo y ancho del encomendado país a la Virgen de Chiquinquirá, que no se allana a levantar el interminable, tensionante paro que lo tiene en ascuas. Conflictividad ‘in crescendo’, impugnada por una ardorosa, desdeñada, erguida, indignada, indoblegable, intrépida, rebelde, valiente juventud desempleada, despierta, independiente, libre, vigilante.

Empoderada de su oscuro destino, demandas, exigencias, calificada en forma artera, infame, soez de vandálica, por el decadente, desalmado, impío Gobierno. Incendiarias afrenta, incitación, provocación, respondidas sin miedo, con mucha rabia, sin agachar la cabeza ante la salvaje represión traducida en renovado impulso insurreccional, libertario.

Harta mocedad, acicateada, excluida, con hambre no solo física, sino de conocimiento, dispuesta a rajarse el alma, combatir -sin concesiones, dobleces, lloriqueos- por las inaplazables: igualdad de oportunidades, inclusión, trabajo; por despejar su porvenir; superar la pobreza. Reivindicaciones postergadas por el decorativo, desenmascarado, desentendido, despreciado, hipócrita, incapaz, mañoso, mayestático subpresidente.

Blanqueado por las repudiadas, subalternas ÍAS, cuyos omnímodos titulares, diabólica, torticeramente enchufados entre los condiscípulos del digitado, engrandecido, incoherente mandadero del innombrable; correveidiles como él sin mérito, que al desbrozar -desde una perspectiva funcional- su competencia, experiencia, idoneidad, dejan mucho qué desear, imprescindibles, vertebrales para brindar certeza, confianza, credibilidad a la sociedad, de que sus intereses están sagradamente cautelados.

Sorprendente selección -sin la meritocracia debida-, espejos convertidos ipso facto -en todos los idiomas- en confabulados títeres, dependientes sirvientes del arrodillado, segundón, tramposo títere, malandrín -subido de humos- defensor a ultranza, vigilante, no del bien común, sino de las tropelías del irremplazable -que no le rinde cuentas a nadie- y secuaces; escudero -alma en pena- dedicado, sin escrúpulos, a blindarlo, dispensarlo, abrogándose la condición de juez y eficaz martillo contra opositores.

La cereza sobre el pastel, ante la grave coyuntura actual, provocada perversamente por Duque -en deuda con la República- y que tiene ardiendo -a todas luces- al país por todas partes, fue el delirante, flagrante, torpe veto -sin empacho- del ingreso a Colombia -al estilo ‘Maburro’- de la Comisión Internacional de Derechos Humanos (CIDH), preocupada por los atropellos policiales y triquiñuelas del subpresidente, que debió recular.

Hazmerreir que se quedó con el pecado y sin el género y las banderillas que le llovieron de todo lado, incluso del innombrable que lo tachó de débil, indeciso, por no militarizar oportunamente la nación -según lo insinuó-, a efecto de aplastar las protestas, que no las para nadie, financiadas por el chavismo -eterno, recursivo coco- que busca hacerse con el país.

Caótico, incendiario, lúgubre panorama derivado de la imprevisión, incapacidad del artificioso, indolente Gobierno, que llega tarde a todo, sumada la inesperada tragedia del mortífero coronavirus -pésimamente enfrentado-, con sus fatales cuarentenas, desempleo, derrumbe de la economía por el cierre del comercio, desabastecimiento, miseria, que pretendió paliar -en medio del caos- con la inoportuna, insensata tercera Reforma Tributaria, remedo de la cocinada en el 2019, que hizo más ricos a los ricos, a costa nuevamente de esquilmada clase media.

Mendaz impostor, cuya misión la entiende como la defensa del gran capital, de los súper-poderosos saqueadores apoderados del Gobierno; olvidados -ambos- de la equidad, justicia social, las carencias sanitarias, en educación, empleo, techo, pitanza de los hambrientos sectores sociales.

Avaricia, ignominia que los engorda sin ninguna preocupación.

Bogotá, D.C., 16 de julio de 2021

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mario arias gómez
Abogado, periodista y escritor


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