Colombia en el diván al borde del abismo

Fernando Orjuela Galeano.

 

Por Fernando Orjuela Galeano

Es muy difícil darle el beneficio de la duda al Presidente Iván Duque. Desde que Iván Duque en su primer viaje a Europa siendo ya presidente, se reunió en Bruselas con el CEO de Crisis Group, el señor Robert Malley, el 23 de octubre de 2018, sin ser ninguna autoridad oficial, tampoco de la comunidad Europea o de alguna agencia estatal internacional y únicamente como uno de los ejecutivos más influyentes a nivel Global que tiene la organización de George Soros, quién años atrás apoyó en calidad de becario al hoy presidente de Colombia a través del National Endowment for Democracy, una ONG de izquierda financiada por George Soros a través de la Open Society, muchas de las dudas que siempre tuvimos un sector Centro Democrático sobre el precandidato del partido y de su ideología política, se confirmaron. El nuevo hombre de George Soros en Colombia era nada más y nada menos que el electo presidente de Colombia. Sin embargo, el evento que fue de la mayor importancia geopolítica, pasó desapercibido en Colombia, los medios locales no le dieron ninguna importancia y a hoy no ha habido ningún periodista que haya tenido el coraje de preguntarle al presidente Iván Duque sobre su fuerte relación con George Soros.

Por su importancia en el panorama geopolítico y globalista mundial de la cual George Soros es un gran protagonista y uno de sus más importantes líderes, es pertinente recordar que el señor Robert Malley, fue despedido en el año 2.008 directamente por el presidente Obama por su participación en Hamas, el grupo terrorista de la Hermandad Musulmana que Estados Unidos consideró grupo terrorista en 1997. Robert Malley se desempeñó en la administración de Barack Obama como coordinador para Medio Oriente, África del Norte y de la región del Golfo y en la presidencia de Bill Clinton se desempeñó como asistente especial para asuntos árabe-israelíes y como director de asuntos del cercano Oriente y Asia del Sur en el Consejo de Seguridad Nacional.

La ambivalente posición actual del presidente Iván Duque frente a temas de la mayor importancia nacional como  derogar y reformar la JEP, la fumigación de cultivos ilícitos, el apoyo del proceso de paz con su creciente número de disidentes, el dialogo con el grupo terrorista del ELN, la política migratoria, el proyecto de reforma a la Justicia robusta y ahora con el apoyo a Cuba para que no sea considerado un país cooperante del terrorismo, el presidente ha dejado un gran manto de dudas sobre su estructura ideológica y política en contravía clara de los intereses fundamentales de la nación. Muy diferentes fueron las tesis con las que se eligió al presidente Duque, los videos de su campaña en las redes sociales dan cuenta diaria de esa constancia y se lo han hecho saber, sin embargo, la verdad es que hoy y desde el 15 de noviembre del 2.018 desde cuando de forma sorpresiva y contradictoria el presidente empezó a reiterar que nunca hizo campaña diciendo que iba a destruir el proceso de paz y que no iba a derogar o a reformar la JEP, el país viene cayendo en un gran limbo jurídico e ideológico que le está haciendo mucho daño a la nación y que está abriendo los canales de una anarquía insostenible con rumbo desconocido, gestando y fomentando un gobierno de transición muy acorde con las políticas de globalización económica y con el internacionalismo de la extrema izquierda. Sin duda han primado para el presidente Duque las ayudas económicas por lo demás absolutamente insuficientes y condicionadas que le ha ofrecido la Unión Europea avaladas por Crisis Group, que las necesidades reales del país para tomar decisiones oportunas y loables en bien del país. Es claro que el presidente ha sido objeto de manipulaciones y se ha prestado para ello en muchos de los actos de su gobierno, priorizando intereses geopolíticos, particulares y de sus financiadores de campaña.

Sumada a esta dura realidad con claros intereses particulares, que nada bien le están haciendo a Colombia, lo que se ha visto y comprobado es que el gobierno de Iván Duque es la continuación del gobierno de Juan Manuel Santos. La confirmación y nombramiento en puestos estratégicos del gobierno de muchísimos santistas es insólito, claramente le ha dado la espalda a quienes lo eligieron amparado en la frase que lo ha hecho famoso indicando que él es presidente de todos colombianos. Continuar con la recua de funcionarios del anterior gobierno que por acción o por omisión cohonestaron con el gobierno más corrupto de la historia de Colombia, desvirtúa las buenas intenciones del otrora candidato a la presidencia en el cual muchos pusimos la esperanza de un renacer que nunca se vio.

Ya vamos a completar 2 años de este gobierno y cada día se acentúa más la incertidumbre de un país sin un futuro claro que confirma que su autonomía se ha visto caramente vulnerada. Las 200.000 hectáreas de coca siguen gobernando medio país sin política de erradicación eficiente y eficaz. Las disidencias y los grupos al margen de ley hacen de las suyas a donde el gobierno no llega, presidiendo la otra media nación con don de mando. Se suma a esta dura realidad el manejo equivocado de la pandemia que se tradujo en endeudamiento para una nación con un déficit fiscal enorme que vislumbra empobrecimiento, recesión económica, desempleo y desesperanza. Muchos advertimos de la importancia de vitalizar siempre la economía por sobre todas las cosas para no generar más caos y crisis, pero se le dio prioridad a cuarentenas que solo han generado más caos, quiebras y un desempleo rampante de la mayor preocupación. Además, algunos aciertos en el tiempo que tuvo el gobierno en el manejo del coronavirus con sus pertinentes decretos, fueron delegados para su ejecución en gobernantes locales populistas y demagogos, generando mucha más crisis sin sentido.

No quiero pensar que nos llegó a Colombia la modalidad de generar crisis para vivir de ella, tan propia de los postulados de seres despreciables como George Soros que además de becar al actual presidente del país en su momento para sus fines pertinentes, tiene en las juntas directivas de sus diferentes organizaciones al expresidente Juan Manuel Santos que tanto daño le hizo al país. El poder soterrado de George Soros en Colombia financiando ONG, profesionales y medios de comunicación ha tomado una importancia inusitada generando crisis y caos enormes, que no se han denunciado formalmente.

No se ve un líder claro que saque a Colombia de esta encrucijada, muchos de los líderes que ya se vislumbran en el escenario político solo están esperando como lo hicieron Santos y Duque, el aval del que diga Uribe en un contexto a donde el empoderamiento de la izquierda es indiscutible. El liderazgo se construye, no se hereda, tampoco se compra, es necesario forjarlo y de eso Álvaro Uribe Vélez da catedra, pero solo quieren ser sus mediocres imitadores. Tal vez un líder sin aval de partidos políticos tradiciones, independiente, que no sea lava perros de nadie como se lo escuche en un programa de televisión a un connotado abogado diciéndole la verdad al corrupto de Roy Barreras, que no se deje manipular por intereses geopolíticos, por intereses globalistas y que anteponga por encima de todas las cosas los intereses de la nación y del bien común, salte a la palestra por el bien de este hermoso país. De verdad eso lo deseo de todo corazón en estos momentos difíciles de la patria.

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