¿De qué me hablas viejo?

 

Concluyó el 2020, sin que el esquizofrénico, evasivo, manirroto, soberbio, advenedizo que mal gobierna, presentara el balance de su elusiva, infortunada, irreflexiva, ominosa gestión, signada por la improvisación, hipocresía, hipotecada al furibismo; maquillada con insulsa palabrería. Marioneta empeñada en cavarle la tumba a Colombia; incapaz de un seráfico gesto de sincera humildad, de contrición y propósito de enmienda, suficientemente elocuentes.

Pesadilla que augura el padecimiento que le espera al pobre país en lo que resta del período, máxime, cuando el talante expuesto, es el de los perfectos que nunca se equivocan, jamás piden perdón, arguyen no tener de qué arrepentirse. Cacatúa que en un vano intento -de dudosa limpieza-, trata de neutralizar -con eufemismos- la verdad, rescindir la realidad, mediante el insulso, grotesco, irrelevante, oneroso programa: ‘Prevención y Acción’, con el que atosiga, hostiga -en tiempo triple A- a los colombianos, con la connivencia, complicidad del CD.

Rodeado del sanedrín de cafres inexpertos, pontifica, manipula las estadísticas de muertos, contagiados, hace anuncios fantasmales sobre el control de la pandemia, ofrece ayudas, incumplidas, anuncia reactivaciones, justifica el secretismo de las compras de las vacunas -que algo esconden-. Cantinela convertda en penitencia para una población hastiada, a la que hace culpable de sus propias: anarquía,  incompetencia, yerros, ciudadanía a la que no podrá callar y que mayoritariamente, lisa y llanamente,  lo  manda con su programa a la puta mierda.

Tras su caricaturesca, lóbrega careta, recita -sin cortapisas, sin valorar los contenidos- el libreto de la tragicomedia, saturada de lugares comunes, de bulos, desinformaciones, fruslerías, medias verdades; futesas con las que rellena el programa, intentando reescribir -a su manera- la historia, bajo la deplorable dirección del ladino, Hassan Nassar, el Goebbels ‘duquista’. Contubernio dedicado -sin rubor ni medida- al autoelogio, a encumbrarse por los feriados ocho canales, públicos y privados.

Desfachatado que prueba transmutar la trágica situación por una virtual, sin escrutinio, ni incómodas preguntas ni contra-preguntas. ¿De qué me hablas viejo?, equivalente a: ‘siguiente pregunta’ del sombrío, insufrible, ‘quisido’ amo, cuya imborrable, infame sombra criminal, le asegura destacado lugar en los anales de la infamia colombiana.

Show mediático -sin derrotero-, en que cambió el inmerecido título de Presidente -que le quedó grande-, por el de latoso comunicador, que se bate asimismo el incensario, a costa del abandono de sus obligaciones, contrario al frívolo Pastrana, que de comunicador pasó a Presidente, cargo deshonrado por ambos.

¡Los gobiernos no necesitan publicidad! En los países avanzados están vedados los avisos gubernamentales, reemplazados por informaciones de interés general, noticiosamente recogidas por los medios, acabándose la costosa parafernalia. Despiadada, imperdonable, millonaria dilapidación del escuálido presupuesto, en medio de la crisis pandémica, dedicado a amamantar la superflua, redundante burrología burocrática; a cancelar el inmamable espacio calcado del chavismo.

El abusivo, ególatra ordenador del gasto, apelando a la podredumbre llamada, publicidad estatal, hace humo las arcas oficiales, con unidad de propósito, el autobombo; afianzar, levantar, promocionar -con comerciales laudatorios- su resquebrajada imagen de incapaz consumado. Entre 2018 y 2020, engordó con contratos leoninos -7 mil 900 millones de pesos- los bolsillos de Rtvc, para transmitir los talleres ‘Construyendo País’, gemelo de los ‘Consejos comunitarios’ del áspero, codicioso, fatuo, huraño, implacable, sombrío requisitoriado patrón, cuyo subalterno -rastrero- no mueve una hoja sin su permiso.

Gobernar es priorizar, principio que -estimada su ignorancia- es obvio que desconoce, básico para focalizar políticas en beneficio de los pobres, incompatibles con la desvergonzada, polémica malversación efectuada -en plena calamidad fiscal- en solo mes y medio: $34.000 millones para la inoportuna renovación de la flota de la Rama Judicial; $9.641 millones, para la adquisición de 23 camionetas blindadas para el cuido del manirroto ‘emperadorcito’; $812 millones para tres más para el Ejército; $12.600 millones para 18 tanquetas para que repriman al pueblo indignado; $13.000 millones para 51 blindados para la CSJ.

Fementida austeridad, burda añagaza anunciada por el botaratas -que miente más que respira-, con bombos y platillos, Mamporrero del satánico redentor precitado. Artificial, postizo, analfabeto por él encumbrado. Aunque la mona se vista de seda, mona se queda. Timo en perjuicio del pueblo que estúpidamente exaltó a este barato demagogo, que incumplió los compromisos de moderación, sobriedad con los  que se vendió. También se engaña por omisión.

Y sus elogiados, subordinados órganos de control, ¿qué se ficieron? De regreso a San Andrés, junto al séquito, aplaudiendo el paseo en cuatrimoto del fanfarrón, por entre el hambriento, emputecido pueblo, y las ruinas dejadas por el huracán.

Nada hay peor para un gobierno que el desprecio de la gente. Continúa.

Bogotá, D. C. 03 de febrero de 2021

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mario arias gómez
Abogado, periodista y escritor


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