¡El adanismo!

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El ‘adamismo’ fue un movimiento religioso de mediados del siglo II a. c., llamado “Siglo de los Santos”, “de Oro”, “de los Antoninos”, fruto de la portentosa prosperidad de la evocada, Pax romana, en el que sus cofrades se presentaban completamente desnudos en público, o por lo menos en sus encuentros; sinónimo del ‘adanismo’ o ‘hábito’ de comenzar una actividad cualquiera, como si nadie la hubiera ejercitado anteriormente, aplicable al arrogante, balbuceante, diletante, patético subpresidente -sin brújula-, sediento porque el país le rinda pleitesía.

Medianía que en un vano intento por enmascarar la inocultable, vergonzosa realidad de su desgobierno -que ha devastado al terruño-, masculló un sartal de mentiras, en el costoso, tedioso, soporífero programa, ‘Colombia pregunta al presidente’, de Caracol TV, en busca de trocarla -por arte de birlibirloque- en envidiable edén, oasis, paraíso, vergel.  Agotó los calificativos. Fraudulenta, perniciosa, torturante patraña, a vista y paciencia de la gente, análoga a la tramposa autoentrevista en inglés (qué oso), preparada a escondidas por el equipo de comunicaciones de Presidencia que, descubiertos, confesaron que estaba encaminada a mejorar la hundida imagen del ‘sepulturero’ de Colombia.

Osado, retador juego distractor, en medio de la monumental crisis social, económica, sanitaria, política, provocadas por el burdo, descalificado, inepto, monitoreado, primario, tragicómico alfil del innombrable -aprendiz de estadista-, agregada la clara, disciplinable, penable intervención política, al acusar -entre líneas- a Petro, de “no dejarme gobernar“, “usar la crisis para desestabilizar al gobierno y ganar las elecciones en 2022“. Prepotente, provocadora, autodestructiva acusación, que dejó absorta la ciudadanía, menos a la incompetente, tolerante procuradora que se encogió de hombros, esbozando sardónica mueca.

Gobierno diezmado por la corrupción, que desconoce, presta oídos sordos al grito rebelde de millones de guardianes del bien común, que no se amilanan, rinden, dejan de protestar en las calles, contra el atorrante cómplice de las macabras masacres, los atroces falsos positivos, violencia contra líderes sociales.

Títere, falto de neuronas, peso, arraigo, sintonía con los colombianos desesperanzados, nacido para obedecer, con alma, vocación de mandadero, cuya flamígera, pésima gestión, inacabables omisiones, elevan el ‘riesgo país’, agrandan, agravan las dificultades, volatilizan la confianza, las oportunidades de inversión, trabajo, con la ruinosa, pavorosa, consecuente falta de ingresos en los hogares.

Con artificial, lastimosa facundia, autocalifica su balance de admirable, insuperable, nunca visto en nuestra antañona historia republicana, que ningún antecesor iguala; apreciación con ribetes esquizofrénicos, psiquiátricos, que dejan la sensación que gobierna un territorio equivocado. Expresó Séneca: “No hay viento favorable para quien no sabe a qué puerto se dirige”.

Reflejo de una patria sin rumbo, moteada como envidiable ‘País de Jauja’ -inexistente- único en América-, cuya población no deja de evidenciar su descontento; el anhelo porque cese la horrible noche; de escarnecer, fustigar a la esperpéntica, feble morralla en comento; de requerir porque se vaya al carajo. De arrinconarlo en el desván de los trastos viejos.

Recalcitrante primate que aúlla, se golpea el pecho y persiste -mediante pases mágicos-, en mudar la colosal, urticante crisis en que está inmersa la nación, económicamente arruinada, malversada socialmente, políticamente desencantada, sanitariamente inflamada.

Mediático sainete, falacia, montaje agenciado por el fletado, complaciente, condescendiente, Juan Roberto Vargas -tal para cual-, y Margarita Cabello, ajustados al libreto preparado por el insulso Nassar, sin contrapreguntas incómodas, sin cotejar las acomodaticias, fantasiosas cifras,  distantes de la apremiante, apabullante, cruda certidumbre que el 90 % de colombianos, que no ‘tragamos entero’, y que, con los acreditados analistas y medios internacionales, reseñamos como pesadilla, refutando, unánimemente, las quiméricas conclusiones del repudiado ‘ucase que dijo Uribe’ -antítesis del buen gobernante-.

Al líder político lo calibra, distingue el carácter, ética, moralidad, conocimiento, devoción, respeto por la palabra empeñada; talante concertador, atributos que -vale decir- brillan por su ausencia, y que ni por asomo, aparecen en el impresentable inquilino de la Casa de Nari, paquete, en el que prevalece la ausencia de bagaje académico, trayectoria política, profesional; las inhabilitantes: ignorancia invencible, impericia, inexperiencia;  que ipso facto lo descalifican para ocupar la regalada dignidad que ostenta, a la que otrora se llegaba, como culminación de una curtida, cualificada trayectoria pública.

Monumental estafa que exacerba la indignación, rabia del burlado, frustrado, traicionado electorado, excitado por la canciller con escoba -segunda a bordo-; burócrata consumada, apologeta del ‘ingenuo’, ‘pobrecito’, ‘jovencito’ de 37 años, hermanísimo Bernardo, condenado por tráfico de heroína; secreto resguardado, herméticamente, por décadas; así como la escandalosa cercanía con ‘Memo fantasma’ (Guillermo León Acevedo) a través de su empresa familiar -Hitos Urbanos Limitada-, imputado por InSight Crime, por sus relaciones paramilitares y redes de narcotráfico.

Bogotá, D.C., 12 de septiembre de 2021

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mario arias gómez
Abogado, periodista y escritor


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