El Arquitecto de Guaduas Y El Castillo de Naipes

El polémico arquitecto Simón Vélez, un hombre que recogió recursos para Gustavo Petro.

Por: Ing. Sixto Gonzalez A.

 

Decía en mi anterior entrega (Develando Anhelos de Poder) que los pronósticos del clima político en el país iban a ser lúgubres y sombríos. Nunca imagine que el invierno iba a acaecer tan rápido y que los grandes nubarrones fuera de todo pronóstico pasaron rápidamente de ser meros chubascos para convertirse en un fuerte ciclón bravío.

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Véase también: “Develando Anhelos de Poder”.

Al parecer, (quiero presumir, equivocadamente tal vez) tomaron nota desde el Centro y como respuesta lanzaron una paloma, que con un fuerte aleteo, logro redirigir y atenuar tamaña tempestad minuciosamente prefabricada; hacia el foco del laboratorio donde se cuece aún semejante experimento.  Ya alertaba con antelación, que había que darle un “parao en seco” a esos anhelos de poder, enceguecidos por mezquinos e individuales deseos.

Es así, como sale a la luz un oscuro y tenebroso vídeo, que muestra como protagonistas: al excandidato por la “Colombia Humana” Gustavo Petro Urrego, junto a su amigo de marras, triquiñuelas y otras «non sancta» el Ingeniero Juan Carlos Montes.

Estos, en medio de una transacción para nada ortodoxa y después, luego, de una avalancha de acusaciones fundadas unas y especulativas otras; presionado por lo acontecido, decide el primero, dar a la opinión publica una suerte de explicaciones a cuenta gotas sobre este hecho, donde prevalece la clara contradicción, la mentira, el encubrimiento, lo siniestro.

Utiliza al principio los trinos, y al final intenta renacer cual «Ave Fénix» logrando con un video de casi 50 minutos, totalmente lo opuesto. De esta pieza teatral, se puede rescatar solamente el natural talento histriónico del sujeto. Que, al mejor estilo de Mario Moreno, intenta deslindarse de lo que refleja y se escucha en el “video-billete”, sumado a su talante de encantador de serpientes debería ser merecedor y nominado como: mejor actor de reparto y por supuesto, al guionista artífice del leído libreto: unos cuantos aplausos por el esfuerzo.

En yuxtaposición a este hecho, nos muestra el periodista Gustavo Gómez Córdoba, una entrevista que le concede el Arquitecto Simón Vélez, dando sus descargos y apreciaciones al respecto, dado, que desde el inicio de todo este fandango cienaguero: entre trompetas, redobles y alaridos sabaneros, su nombre fue vinculado a este episodio por parte del Senador Petro.

Lo que nos muestra dicha interlocución en tinta de Gustavo Gómez, es la confirmación por un lado que la personalidad de Gustavo Petro contiene una serie de graves patologías, ya alertada sin rodeos por otros conocidos personales de la vida pública sobre él,  y por el otro, la nefasta conclusión de que la puesta en escena de ese video más las afirmaciones de Vélez, es una fotografía de la corrupción rampante en nuestro medio politiquero.

Quiero rescatar de esa entrevista unos apartes que tienen gran connotación y que con sencillez arquitectónica —el de guaduas— desarma de una buena vez, el endeble de naipes construido torpemente en 8 días, por las manos temblorosas y acorraladas de ese alguien: que de diseño de maquetas populistas sabe mucho, pero, que desconoce por completo de resistencia de materiales.

Véase también: “Nunca le di plata a Petro. Nunca: Simón Vélez”.

En su narrativa Simón Vélez deja claro qué:

  1. El video fue grabado con premeditación por Juan Carlos Montes, como «as, bajo la- manga» para su resguardo futuro frente al conocimiento de la personalidad traicionera y desleal de su compinche delictivo de marras.
  2. Con anterioridad, Juan Carlos Montes había sacado su “As” y se lo había mostrado a Petro como retaliación y con fines extorsivos frente al haberlo echado como un «perro [sic]» de la Alcaldía de Bogotá por supuestos actos de corrupción. Y después de ignorarlo por varios días —familia al hombro— en su despacho, le concedió al final una audiencia y en ella increpándolo después de la muestra del video, le dice: “¿corrupto yo, o corrupto usted? [sic]”.
  3. El “oculto video-billete” era del conocimiento de importantes personalidades, desde hace muchos años, entre ellas el mismo Petro, Simón Vélez, Clara López, Jorge Robledo y otros “claves de la izquierda [sic]”.
  4. Simón Vélez no prestó, ni donó ningún dinero a Petro.
  5. No sirvió de intermediario, para la entrega de dineros.
  6. No guarda billetes, ni en su alacena, ni mucho menos en “tarros de galletas”.
  7. La hija de Montes no es testigo presencial de lo que afirma, pues, para la época aún olía a tetero.
  8. Le tiene miedo hasta la familia, en cuestiones de dinero, pues a su parecer: “…la plata tiene muchos enemigos [sic]”.
  9. Acepta que es chismoso y le contó a medio mundo (¿?) sobre el dichoso vídeo.
  10. Los “oligarcas” en Colombia juegan al “equilibrio” de la democracia aportando dineros en todos los bandos.
  11. Lo que dijo a la revista Gatopardo lo usaron los amigos de Petro, y no corresponde con la realidad de lo expresado.
  12. El discurso de Petro está lleno de medias verdades y no corresponde a su consigna impoluta, pues, esta también manchado de corrupción y malas prácticas, tanto o más de los que acusa.
  13. Esta dispuesto a someterse a la prueba del polígrafo.
  14. Está convencido de que Gustavo Petro Urrego es un peligro para la democracia del país y que nunca debería llegar a ser Presidente de la Republica.

Lo que queda claro para el suscrito, es que efectivamente el vídeo es una muestra de un acto de corrupción flagrante. Que las explicaciones falaces, ambiguas, distorsionadas, mentirosas y contradictorias; hacen que se muestre el verdadero talante de su expositor. De allí, la alerta temprana que debemos tomar frente a estos personajes que intentan socavar las bases democráticas por medio de un discurso trasnochado y lastimero. Donde, se ofrece en nombre de la equidad, una filosofía que ha demostrado a través del tiempo, que no es el camino de solución, pues, los altos niveles de miseria y destrucción han pasado debida factura a nuestros latinos y desesperados pueblos.

Colombia, debe retomar los caminos éticos y morales y exigir de sus líderes políticos coherencia y transparencia, sin fanatismo. Con una clara visión de lo que se quiere y se “puede” hacer por el país. Ciertamente, alejarse de la utopía y el idealismo, sería el primer paso para desmarcarse del populismo y de los demagogos de oficio.

Esto, me hace recordar un viejo chiste de infancia, sobre las arengas de un político en tarima, frente a sus seguidores en un pueblo “macondiano”, y que se contaba así:

  • ¡Pueblo, si votan por mí, yo les hago el puente!
  • Pero Távo, aquí en este pueblo no pasa ningún rio.
  • ¡Yo, les hago el rio!
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