El Cristianismo debe Abobinar al Marxismo

Ariel Peña

 

“No hablaré ya mucho con vosotros; porque viene el príncipe de este mundo, y el nada tiene en mí”, estas palabras de Jesús demuestran el carácter luciferino de doctrinas cuyo fin es  el poder político, para esclavizar a los pueblos, sometiéndolos al envilecimiento mediante el crimen, la tortura  y el hambre, como  está sucediendo actualmente con Venezuela en donde una camarilla comunista se ensaña en contra de la ciudadanía, a la que le prometió hace más de 20 años erradicar la pobreza, pero eso fue una simple patraña para engañar a los venezolanos y llevarlos al infierno marxista; contrario a esa práctica diabólica del comunismo se encuentra el Cristianismo que ha demostrado durante siglos su verdadero amor por los pobres, a pesar de las sombras que en algunas ocasiones han oscurecido la labor pastoral.

La aparición del  hijo de Dios  en la tierra, cuyas enseñanzas durante 2000 años han impulsado   las reivindicaciones en favor de los necesitados, demuestran el carácter social del Cristianismo, ya que Jesucristo en varias oportunidades  dio  muestras de  privilegiar a los humildes por encima de la opulencia de los acaudalados de aquel tiempo, continuando sus apóstoles con las   enseñanzas, en donde el Cristianismo primitivo tenía un gran fervor por el servicio  a  la comunidad, recordando que en el libro de los Hechos de los Apóstoles nos narra  la forma como tenían todas las cosas en común, ya que vendían sus propiedades y sus bienes repartiéndolos  según la necesidad de cada uno.

Durante al menos  3 siglos de   Cristianismo en el imperio romano, su acción fue a favor de los humildes,  destacándose  San Lorenzo  mártir y diacono, quien fue sacrificado en el año 258 d.c, pues administraba los bienes de la Iglesia y cuidaba de los pobres, a los que consideraba  el mayor tesoro, situación que no permitieron las autoridades romanas quienes  lo quemaron vivo.  Además  se resalta que el 15 de mayo de 1891, fue promulgada  la encíclica  Rerum  Novarum del  papa León Xlll. En ella se muestra el carácter social de la Iglesia, al apoyar a los sindicatos, condenando la avaricia  hacia el capital como causante de la pobreza y degradación del trabajo.

El  documento se enmarcó dentro de la lucha ideológica al interior de los trabajadores en aquel entonces, pues existía la  Internacional socialista, en donde se enfrentaban comunistas totalitarios basados en el marxismo, con los libertarios y las corrientes social demócratas, así que la Iglesia supo percibir el momento histórico y propuso esa  encíclica social, que tiene vigencia hasta nuestros días.

El Cristianismo Católico vivía momentos difíciles a finales del siglo XlX, por el  escepticismo en sectores proletarios, impulsado  principalmente por el marxismo cuyo fundador planteó que la religión era el opio del pueblo y además le hacía apología a la violencia, pero dirigentes anarquistas y socialdemócratas no lo acompañaron en esa postura,  ya que muchos seguían siendo creyentes, defendiendo  su Catolicismo por no tener elementos  científicos validos para volverse ateos. Así que la Iglesia con la encíclica Rerum novarum, tuvo un gran discernimiento, siendo ello una actitud fundamental para contrarrestar a los adversarios de la Iglesia y proyectar su doctrina social, que es base  indispensable  para la construcción del Reino de Dios entre nosotros.

Los  sindicatos le deben mucho a las iniciativas de la Iglesia con la doctrina social, no solo en el ámbito mundial sino desde luego en nuestro  país, pues cabe destacar  que la Iglesia pudo contrarrestar con el documento del papa León Xlll en su aplicación práctica, la influencia de  ideas totalitarias que buscaba que el materialismo fuera asumido  íntegramente por los trabajadores, por ello se resalta que en la búsqueda de la dignidad de los obreros, la Iglesia ha  promulgado a través de los años otras encíclicas de contenido social como: Quadragesimo Anno de Pío Xl en 1931; Mater et magistra en 1961 de Juan XXlll;  Centesimus Annus de Juan Pablo ll; Populorum progressio de  Pablo Vl en 1967,Laborem exercens del papa Juan Pablo ll;  todas estas encíclicas exaltan el trabajo humano  y  rechazan las doctrinas absolutistas, el secularismo, el mercantilismo y el desempleo, recalcando que en el trabajo se imita a Dios, siendo Jesucristo hombre de trabajo; además Benedicto  XVl durante su pontificado promulgo la encíclica  Caritas  in Viriatate, en donde se reconoce grandemente la labor de los trabajadores.

El Cristianismo Católica que es una   institución trascendental e histórica, toma  el trabajo como condición necesaria para el progreso, en donde este no se puede deshumanizar como lo hace el neoliberalismo y la globalización, de ahí que la opción preferencial por los pobres es una premisa para  el desarrollo eclesiástico siguiendo las enseñanzas de la palabra de Dios, respetando la tradición y fortaleciendo el magisterio.

La acción pastoral a favor de los trabajadores reconforta  para lograr la dignidad humana, sin olvidar  que hay que trabajar defendiendo la creación,  que corre peligro por  el afán excesivo de poseer y acumular riquezas, como  lo  expuso  el papa  Francisco en la encíclica Laudato Si,  difundida en el 2015 y que se refiere al medio ambiente; por ello el desarrollo de las organizaciones sindicales debe de  ir de la mano con  la defensa de los nobles intereses, que mueven  las mujeres y los hombres de buena voluntad.

En  Colombia el Cristianismo social tiene una tarea preponderante, para  seguir ayudando mediante acciones caritativas a los más necesitados, y así  contribuir a lograr la paz social, en donde las organizaciones sindicales podrán  incrementar su participación, elevando la calidad de vida de la ciudadanía con sus luchas diarias; porque la doctrina  cristiana es la savia que necesitan la sociedad y el Estado para tener la armonía que lleva al  progreso, pero abominando al comunismo totalitario o marxismo.

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