El doctor: ¡NO PERMITIRÉ!


 
mario arias gómez

El doctor: ¡NO PERMITIRÉ!

Por: mario arias gómez.

F

 

elizmente alejado de la variopinta legión de ‘prominentes’ provincianos -sin horizontes-, apasionados, encandilados, insignificantes, fogosos altavoces del ‘derrochón’ Gobierno; lúgubres medianías, caritativamente calificadas como asintomáticos ’ignorantes invencibles’; ‘brutos pero rápidos’ -como los miembros del arma de caballería-, cuyas penurias morales, sectarismo, han tratado, vanamente de transferirme. Menesterosos áulicos bipolares, incapaces de controvertir pública, racionalmente, lo aquí sostenido -sin pelos en la lengua-, en el sentido que el verdadero virus que asola a Colombia, es el vacilante, torvo presidente Duque.

Áspera, temeraria, profiláctica tarea, movida -en la nevisca etapa de mi vida- por el único interés que la guía, el bien común que, paladinamente expreso, erguido, sin ambages, sobresalto, cálculo, sospechosos aderezos. Quehacer que pone en blanco y negro la deletérea, opaca, siniestra gestión del transeúnte ‘cara dura’ que mal gobierna a Colombia, redimido -en parte- según Invamer -quien lo creyera- por el apocalíptico coronavirus que destruye al mundo, al registrar que el 48 % no ya el 71 % lo raja, lo que tiene de plácemes al sumiso, arrodillado grupúsculo, que ruega porque la pandemia subsista. Perverso “gatopardismo” iluminado por la célebre novela de Lampedusa, ‘cambiar todo para que nada cambie’.

Al respecto rememoro la elogiada fábula del flautista de Hamelín, cuyo magnetismo atraía y ahogaba las ratas; que semejo con los rústicos coterráneos que baten incansables el incensario al nuevo mesías, junto al teatral titiritero que lo teledirige, ‘manu militari’. Enajenados esclavos agradecidos, que disfruto fastidiar, llevarles la contraria, exacerbar con la crudeza con la que enfatizo mis censuras, plasmadas con entereza ética, sin miedo, replicadas con sórdidos señalamientos de ‘chavista’, enemigo del ‘establishment’, de ponerle palos en la rueda al endiosado sub-presidente. Sandeces que, para más putería, bien saben, que me tienen sin cuidado.

Improperios consubstanciales con la independencia política, tributo que gustoso amortizo, pues me permite articular diagnósticos alternativos, que enferman a los precitados, fétidos alzafuelles, nutridos -en mi caso-, por convincentes, consistentes analistas, teóricos, valorados -sin pretensión, pasión, manipulación- con responsabilidad, transparencia -desde un punto de vista estrictamente racional-, articulados -en un contexto de evidencias inobjetables- a epílogos, jamás tenidos como irrefutables, a costa de moverme en el filo de la navaja de los irredimibles, recalcitrantes ‘sabihondos de mierda’ de todos los pelambres.

Emancipación que me facilita proclamar como responsable político, al megalómano, inepto Presidente,  frente a los criminales, escándalos -‘corrupción’, ‘chuzadas’; ‘falsos positivos’; ‘asesinato de líderes sociales’; ‘mortecinas compras amañadas’; ‘sobrevaluadas’-, aparentemente diluidos con los desgastados, impúdicos estribillos: ‘el que la hace la paga’; ‘no permitiré’; ‘cero tolerancia’; ‘se investigará hasta las últimas consecuencias’¸ repetidos con el reciente ‘espionaje a opositores, periodistas’; ‘modus operandi’ del ‘manguiancho’ hazmerreír, en mora de ser condenado -con sus secuaces- por las ‘IAS

Caso emblemático: el hospital ‘San Rafael’ de Leticia que, de los 19 millones de equipos de bioseguridad ofrecidos a los arruinados hospitales, engañados, impagos médicos, enfermeras, quienes solo han recibido -como de la comunidad- maltratos. Después del escándalo, el  arrogante, engreído, jactancioso, luciferino, patético engañabobos, con ínfulas autocráticas que -reitero- no dio la talla, les envió una distractora, insuficiente, limosnera muestra.

Tramoya del sonámbulo que vive en un mundo autoindulgente, virtual, trufado de irrealidades, con las que distrae cautivas, infantilizadas audiencias, que oyen lo que quieren oír. Vesánica trama, causa del estado de histeria colectiva, antesala del inapelable motín popular en ciernes, que de corazón deseo se prevenga oportunamente. ‘El poder y la estupidez juntos son peligrosos’.

Incendio que pretenden apagar -en pleno naufragio- con gasolina, las mediáticas cotorras: el teledirigido presidente Duque y la vociferante alcaldesa que, tras sus recónditos intereses políticos, afán recíproco por opacarse, han politizado la coyuntura, formando severo berrinche, con mesiánica jerigonza, en vez de imitar a austeros gobernantes, que dan cátedra de liderazgo, sentido común, integridad, visión global, fortalezas que confieren la autoridad para ejercer sabia, soberanamente el poder, como para paliar las dificultades inherentes.

Arquetipos de buen gobierno: Suecia, Alemania, Taiwán, Nueva Zelanda, Islandia, Portugal, Corea del Sur, Austria, Dinamarca, Noruega, que delinearon imaginativas medidas, distintas al confinamiento -dispuesto solo para contagiados- lo que les permitió enfrentar con sagacidad, disciplina, calidez humana, la calamidad, preservando miles de vidas, tragedias humanas, ahorrándose  bloqueos; heridos, estridentes enfrentamientos policiales, a través de la cultura preventiva, de composturas de higiene, aislamiento voluntario; permitiendo a los ciudadanos salir a pasear, hacer deporte; efectuando millones de pruebas gratuitas; distribuyendo millones de mascarillas; cerrando fronteras -al instante-; prohibiendo el ingreso de extranjeros, recortando sueldos; todo sin cerrar escuelas, comercios, industrias. Otros que lo hicieron, reabrieron ya colegios, guarderías.

06/05/2020

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