El que a hierro mata, a hierro muere

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La semana que concluye nos transportó al salvaje oeste norteamericano durante el siglo XIX y comienzos del XX, cuando por los pavorosos criminales de entonces se ofrecían precio, vivos o muertos. Se sabe por los anales de la historia que así surgieron los denominados caza – recompensas. Verdad o mentira, la leyenda del agreste y salvaje oeste llegó hasta nosotros gracias a la televisión y al cine, que se encargaron de difundir las historias protagonizadas por malhechores como Joaquín Murrieta, Billy the Kid, Jesse James, John Wesley Hardin, Sam Bass, Butch Cassidy y Sundance Kid, los hermanos Dalton.

Ahora, en pleno siglo XXI, sigue vigente esa práctica de perseguir el delito a través del ofrecimiento de recompensas. La generosidad del Estado Colombiano al concederles a los subversivos del secretariado de las entonces Farc amplia amnistía, que los llevó incluso al Congreso de la República, fue duramente golpeada frente a los alias Santrich, El Paisa, y Romaña. Ellos abandonaron el proceso y, con bombos y platillos, desde el vecino país de Venezuela, el 29 de agosto de 2019 se dieron a conocer nuevamente como subversivos con la proclama de la Segunda Marquetalia. Ésta, en su corta trayectoria, quedó con el remoquete de » Narcotalia», ya que primaron los intereses del narcotráfico sobre un verdadero y real discurso político.

Si bien en su nacimiento, al abrigo del espurio gobernante de Venezuela, se dió a conocer, en la voz de Iván Márquez, la reivindicación del antiguo discurso de las Farc, definiéndose como organización político – militar revolucionaria comunista, que no lo fue, la realidad es que mutaron a una clara organización narco – criminal que por fortuna no logró hacer ninguna acción terrorista de impacto, como era propio de esos y otros dirigentes de ese movimiento guerrillero.

Desde su instalación, en tierra venezolana, fue claro que en el Estado de Apure encontrarían la resistencia de otros actores criminales como » Iván Mordisco » y Gentil Duarte, quienes no iban a renunciar al control del narcotráfico que alimenta el conflicto. La confrontación no se hizo esperar y ya tiene consecuencias que impidieron, por fortuna, el remozarse el grupo subversivo.

Pero, con lo que no contaban los terroristas posiblemente abatidos alias Santrich, El Paisa y Romaña es que con la realidad del refrán “quien mal anda, mal acaba”. El narcotráfico corrompe el corazón y mina el espíritu. Sí, además, existe una política de recompensas siempre estará latente que mercenarios, como sería el nombre del actual caza recompensas, estarán  dispuestos a jugársela por conseguir el resultado económico ofrecido.

El entonces ministro de Defensa Guillermo Botero, cuando supo que la Jurisdicción Especial había activado la orden de captura en su contra, sin demora dió a conocer a la opinión pública el volante que disponía la búsqueda de Hernán Darío Velázquez Saldarriaga, » El Paisa” temido terrorista, principal actor en los atentados con bomba al Club El Nogal y al ministro Fernando Londoño con bomba Lapa. Así quedó plasmado en su cuenta de Twitter el 27 de abril de 2019:  «El gobierno nacional ofrece una recompensa de hasta 3.000 millones de pesos por información que nos lleve a la captura de alias “El paisa” para que responda por sus crímenes, luego de reactivársele 18 órdenes de captura”.

El 18 de junio de 2020 se supo que Mike Pompeo, jefe de la diplomacia norteamericana, ofrecía recompensas de hasta 10 millones de dólares por información que llevase a la captura de los antiguos jefes de las extintas Farc Jesús Santrich e Iván Márquez.

No se había cumplido un año de esto cuando distintos medios, en mayo 17 de 2021, dieron a conocer la noticia de que el narcoterrorista Seuxis Pausias Hernández Solarte, alias Jesús Santrich, había sido abatido en Venezuela. Lo propio acaba de ocurrir con El Paisa y Romaña.

Se tejerán toda suerte de hipótesis, vendrán narrativas y fábulas en torno a esas muertes. Unos creerán que fallecieron, otros, que ese anuncio se hace para burlar la justicia. Lo cierto es que tal produce un efecto positivo. Sus voces y acciones han sido acallados, como también lo será Maduro, quien ya no dirá que tiene a estos terroristas bajo su protección. No tendremos ya más sus grotescas burlas y pasará a la historia este original epitafio: » Quizás, quizás, estés muerto, Jesús Santrich», así como sus dos compañeros.

«Entre bomberos no hay que pisarse las mangueras», y quien lo haga sufrirá las consecuencias. Y nos enseñó Jesucristo que «el que a hierro mata, a hierro muere», cuando protestó por el actuar de Pedro al desenvainar la espada. El narcotráfico, quien lo creyera, causante de miles de muertes, lo fue también de las de estos terroristas. No consiguió el Estado Colombiano judicializarlos por sus crímenes, tampoco los Estados Unidos lograron su extradición. Pero, al parecer, sus mismos miembros los abatieron, por lo que hoy esos criminales de lesa humanidad son historia para el olvido.

La muerte no debe celebrarse jamás, pero los miles de víctimas de estos facinerosos se sentirán hoy más tranquilas al saber que ellos ya no harán más daño del que a ellas no les reconocieron ni resarcieron. Dios les tenga compasión.

Pildorita. Oportuno el anuncio del Señor Presidente de objetar la ley que creó la mordaza a los periodistas e implicaba censura a ellos si el artículo no es retirado en la conciliación, por violar el derecho de libre expresión. De todas formas, siempre habrá que realizar el debate sugerido por el doctor Diego Tobón sobre la responsabilidad que pueda endilgarse a quienes solamente sean columnistas de opinión frente a los periodistas que tienen por profesión informar.

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Bernardo Henao Jaramillo
Abogado e investigador


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