El Sindicalismo debe saber Discernir el Signo de los Tiempos

Ariel Peña

 

Cuando se habla de discernir el signo de los tiempos, casi siempre se aplica a una situación religiosa por acontecimientos significativos; sin embargo ante la presente situación mundial  por la peste del Coronavirus, que tiene profunda incidencia en la vida de los trabajadores y en sus familias, las organizaciones sindicales deben de saber percibir el momento que vive  la masa trabajadora, para orientar futuras luchas y crear esperanzas, ante una crisis pocas veces vista, en donde el desempleo en Colombia para el mes mayo alcanzó la cifra de 21,4%, cuando en el año anterior el  indicador del mismo mes  había sido de 10.5%, de suerte que  el sindicalismo se encuentra ante un gran reto, en donde habrá que superar esquemas que han sido el común denominador de organizaciones orientadas obtusamente, especialmente por grupos marxistas.

Una maña de la secta marxista-leninista es confundir la lucha social que es inherente a todos los seres humanos con la lucha de clases, que es un sofisma del comunismo totalitario, para crear una asimetría maquiavélica  y así confundir a las personas y sembrar el odio buscando satisfacer sus  apetitos burocráticos. El “sindicalismo clasista” es una invención para vender la idea de que la doctrina de  los trabajadores como por arte de magia es la  marxista, lo que constituye un exabrupto que ofende la democracia, la independencia y el pluralismo que son los pilares del movimiento de los trabajadores.

Las contradicciones entre el  capital y el  trabajo con las que se desgañitan los miembros  de la gruperia mamerta, recibió una fuerte bofetada hace más de 42 años, cuando el partido comunista chino se alió con las grandes transnacionales especialmente las norteamericanas, para  desarrollar una gran producción manufacturera en el país asiático, lo que tiró por la borda la tan mentada contradicción, ya que la esencia del marxismo es tener  la hegemonía del poder político sin importar al precio que sea; por eso Zhou Enlai y después Deng Xiaoping  líderes chinos comprendieron que la economía centralizada  y estatista eran un fracaso y tomaron el camino de la economía de mercado, lo que deja  sin argumentos  aquellos que todavía insisten en la discordancia entre el capital y el trabajo. Aunque desde   el país oriental  por irresponsabilidad del partido comunista de China se  propagó el Covid-19 por el mundo con todas sus calamidades, no se  pueden negar las medidas audaces que tomaron sus dirigentes hace más de 4 décadas, cuando rompieron  con un mito que todavía en Colombia no ha sido superado por una parte del sindicalismo.

Así que los dogmas económicos y políticos  del señor Karl Marx quedan desvirtuados con lo que sucedido en La China y en otras partes del mundo, porque es el colmo de la testarudez que una doctrina que desde  sus comienzos en el siglo XlX fue repudiada por  los trabajadores, pero que mediante la mentira y la violencia se tomó gobiernos en algunos países de la tierra en el siglo pasado, fracasando estruendosamente con la caída del muro de Berlín y  la debacle  de la URSS, y  todavía  los seguidores de esa  doctrina de manera supersticiosa  insistan en un sistema que para lo único que  sirve es para montar camarillas  genocidas y burocráticas que envilecen a los pueblos mediante el crimen y la tortura, como ocurre en Latinoamérica con países como, Cuba,  Venezuela y Nicaragua.

Entonces el “sindicalismo clasista” que tanto promocionan las fuerzas totalitarias marxistas, no es más que un sofisma que pretende  convertir al movimiento de los trabajadores en correa  de transmisión del comunismo quitándole su autonomía, siguiendo las enseñanzas de Marx quien planteaba que los obreros no debían tener ideología sino conciencia de  clase, lo que lleva a que los trabajadores  con sus organizaciones se convirtieran en simples rebaños de las elites comunistas, negando el carácter libertario impreso  desde los albores en  las primeras luchas sindicales, siendo el caso más emblemático el de los Mártires de Chicago en 1886, quienes abrazaban las ideas anarquistas que eran contrarias al absolutismo marxista.

Hay que  reiterar cuanta veces sea necesario, que el marxismo jamás puede ser un precepto para la lucha de los trabajadores, ni mucho menos la brújula que guía hacia un mundo mejor, sino que como logia perversa  lo que busca es  subyugar a los pueblos mediante lineamientos totalitarios, que necesariamente conducen a la esclavitud política,  culmen  del comunismo para avasallar a las naciones, como lo ha demostrado durante su tenebrosa existencia.

El papa  San Juan Pablo Segundo, en la encíclica Laborem Exercens de 1981, sobre el trabajo humano, propuso una visión dinámica y flexible de la propiedad y la economía, recomendando arreglos para que  los trabajadores compartan  la propiedad en cooperativas de trabajo o en sindicatos, sugerencia  interesante en las actuales circunstancias por la crisis que le  ha generado al planeta  la pandemia de la Covid-19, en virtud de lo cual el sindicalismo democrático también debe hacer uso de  mecanismos que se inscriben en la  Cogestión como ocurre con el fortalecimiento del Contrato Sindical que esta a tenor del artículo 482 del Código Sustantivo del Trabajo en Colombia.

Una crisis económica y social como la que se está viviendo, es para la innovación y la solidaridad, y no para usar las dificultades de la población con oportunismo político; de tal manera que el movimiento de los trabajadores al saber discernir el signo de los tiempos, vigoriza el desarrollo social y humano del pueblo.

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