El turno para Abelardito

Fernando Álvarez

 

Abelardo De la Espriella se ha vuelto objeto de críticas por parte de los mismos con las mismas en el periodismo antiuribista. Este clan de opinadores mamertos y semimamertos que encabezan Los Danieles, los secundan María Jimena Duzán, Cecilia Orozco, Ramiro Bejarano y otros; los tercian los caricaturistas Vladdo y Matador, y los acolitan Felix de Bedout, socio de Daniel Coronell en la empresa que montaron con el testaferro del Cartel de Cali, “El Bandi”, Cesar Villegas, en alianza estratégica con el narcotraficante extraditado Pastor Perafán, NTC; Yohir Hackerman, el nuevo mejor amigo de Coronell y otros varios columnistas que hace rato confunden la opinión pública con la opinión publicada.

Esta cofradía de opinadores que tienen claro que lo importante es repetir, repetir y repetir hasta lograr el efecto recordación en el que toda mentira adquiere el status de verdad, a punta de recalcar en el hipotálamo de los colombianos una afirmación que termina inconscientemente por darse por hecho real. Curiosamente muchos de ellos son abiertamente hinchas del día del orgullo gay, el cual celebran a nombre de la diversidad, pero aúpan en medio de la adversidad. Y justo esos machos machotes que no comulgan con la ideología de género ni con el exhibicionismo gay, como el expresidente Alvaro Uribe o Abelardo de la Espriella, son sus blancos.

Cecilia Orozco Tascón, empleada de Coronell, ya que funge como la directora de Noticias Uno, dice en su columna “No me callaré, no me autocensuraré”, en respuesta a una carta que envió Abelardo De la Espriella al periódico El Espectador donde protesta porque la opinadora, en un escrito, aseguraba que personajes como Uribe, Marta Lucía, Pastrana y Carlos Holmes no tenían problema con darle poder a alguien que ha sido “defensor de narcos, paramilitares o defraudadores” en Colombia. Insinúa la columnista que defender malhechores es malo. Como ignorante del espíritu del derecho mismo que procura que el abogado defienda tanto a culpables como a inocentes, como ignorante de que los malos, narcos, corruptos, asesinos y violadores, desde el derecho constitucional tienen derecho a la defensa.

Y como si ignorara la opinadora que los profesionales, ya sean abogados, médicos o curas tienen que atender a los buenos y a los malos, para seguir en esta categoría moralista. Un médico no puede dejar de atender a un hampón, llámese estafador, político corrupto, guerrillero, paramilitar o narcotraficante. Dentro de su juramento hipocrático está un imperativo ético de atender a cualquier ser humano. Igual hace el cura que confiesa a las hermanitas de la caridad y a los perores violadores o asesinos, sean de las filas de la guerrilla o de las fuerzas irregulares antiguerrilla.

Dice ella que el abogado De la espriella no encontró de qué acusarla salvo de militante retorcida, pero quizás desde los opinadores contrarios a su mamertada se le podría acusar, no de un delito sino de una falta ética en su ejercicio profesional. Aquello que se podría configurar como asociación para difamar, que es lo que finalmente hacen todos estos opinadores, cuando se ponen de acuerdo para replicar o para coincidir temáticamente respecto de sus blancos preconcebidos.

La otra técnica que utiliza este clan de opinadores en línea ideológica es la de citar falsos testimonios como hace Orozco con una declaración del “Tuso” Sierra, contra De la Espriella, la cual posteriormente fue rectificada por el mismo delincuente, quien afirmó que la había hecho bajo presiones indebidas. Al igual que en el caso del expresidente Alvaro Uribe estos opinadores siempre resaltan lo que dicen los bandidos, no importa que después se hayan retractado. Ignorantes además de que los bandidos encontraron una forma de reducir sus penas y negociar sus condenas a partir de inculpar a otros y qué mejor si tiene detractores en las Cortes.

Los paramilitares que fueron extraditados a los Estados Unidos luego de que pretendieron hacerle conejo al proceso de reincorporación que impulsó Uribe, se han dado a la tarea de vengarse de quien los extraditó y la mejor manera ha sido inventar historias y armar relatos que compran tanto la mamertada como la prensa amarillista, para deja al expresidente como un bandido. Esos mismos extraditados acusan a De la Espriella de Bandido porque algunos magistrados les prometieron en su momento incluirlos en Jusiticia y Paz o conseguirles prebendas jurídicas a cambio de incriminarlo.

Pero ¿qué hay detrás de la andanada contra Abelardito, como lo llaman en su región? Por lo menos hay dos cosas que saltan a la vista. Uno que es un personaje lenguaraz y desabrochado para emitir conceptos contra los mamertos y contra el Socialismo del Siglo XXI, por lo que de alguna forma despierta simpatías en la derecha. Incluso algunos uribistas y ciertos defensores de la tradición, la familia y la propiedad, lo ven como un candidato al estilo Bolsonaro en Brasil o Nayib Bukele, en El Salvador, con quien además tiene cierto aire en su parecido. Y aunque De la Espriella no se siente en campaña presidencial, la mamertada sí siente pasos de animal grande. Y después de la intentona de descabezar a la Vicepresidente, Marta Lucía Ramírez, por las mismas razones, el turno le tocó a Abelardito.

El otro tema es que quien lidera el club de opinadores que ejercen esta práctica de asociación para difamar es Daniel Coronell, que le cogió tirria por ser el defensor de Uribe, su obsesión. Bronca que tiene otros trasfondos porque en una columna del opinador en Semana en contra del abogado, titulada “El Avión”, el articulista no oculta que sus mortificaciones no radican en la necesidad de denunciar algún acto corrupto del excéntrico abogado, sino que se concentra en establecer los valores que representan sus propiedades y sus gustos. Artículo sobre el cual el mismo Coronell reconocía, en un intento de conciliación promovida en mayo de 2018 por Felipe López y Alejandro Santos, como sus jefes en Semana, que no denunciaba ningún delito de De la Espriella, sino que se limitaba al describir su estilo de vida.

Y vale la pena recordar que en varias ocasiones se le escuchó a Felipe López decir una frase según la cual nadie se ocupa de hacer cuentas de cuánto vale el carro de su vecino si no está afectado por lo que bien definía Martín Emilio “Cochice” Rodríguez, al decir que en Colombia la gente se muere más de envidia que de cáncer. Y complementaba el comentario con otra frase de otro deportista, ese sí venido a menos, como dice el filósofo Pambelé: “es mejor ser rico que pobre”.

Es por esta razón que el triunfo pírrico que acaba de obtener Daniel Coronell, en la demanda por difamación que le había interpuesto Abelardo De la Espriella en Estados Unidos, no lo puede llevar a cantar victoria. El hecho de que De la Espriella haya preferido desistir de la demanda antes que entregar una lista de clientes, por respeto a ellos y por ética profesional, que le exigía la defensa del columnista difamador, no significa sino que se ganó un round, pero los sentimientos bajos pueden terminar por darle una autoderrota fulminante, sobre todo si se tiene en cuenta que el peor enemigo de uno puede ser uno mismo.

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