«En Venezuela hay gente pasando hambre y enfermos que mueren porque no reciben atención médica adecuada»

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Por Antonio Ledezma.

«Madrid, 23 de abril de 2022

Sr. Alberto Fernández.
Presidente de la República de Argentina

Sr. Presidente,

Me veo en la obligación de dirigirme a Ud., públicamente, para contrarrestar una gran mentira.

Según su criterio, Sr. Fernández, “muchos de los problemas de Venezuela se han ido disipando con el tiempo”. Esa versión nada tiene que ver con la realidad que al día de hoy caracteriza a mi país, que sigue hundido en una catástrofe humanitaria sin precedentes en la historia contemporánea.

La verdad es, Sr presidente, que la economía venezolana está en bancarrota, representada con una caída de más de 75 puntos del PIB; la inflación continua castigando a los ciudadanos rebasando los linderos de 600%, mientras los salarios que perciben no dejan de ser paupérrimos. Ese cuadro se da, sabiendo que se ha contraído en la opacidad una pesada e injustificada deuda externa que supera los 175 billones de dólares, a la par de un gran saqueo de más de 600 billones de dólares.

Como Ud. bien podrá apreciar en esas cifras no se disipa nada, por el contrario, se ahondan las dificultades de millones de venezolanos acorralados en la pobreza, franja en la que se igualan a los venezolanos, quienes de ser clase media ahora son parte de los menesterosos que ha generado esa falsa revolución que Ud. lisonjea.

No puede estar bien un país cuya población es desgarrada y hoy más del 22% de sus integrantes deambulan como desterrados por diferentes confines del planeta tierra. Se trata de seres humanos que huyen de la muerte que presagia el vandalismo que ha tomado control del territorio nacional.

Más de 18 mil grupos delincuenciales comunes, más de 600 megabandas, coligadas a los carteles de drogas y grupos narcoguerrilleros, no hacen posible que se disipen las angustias en las que tratan de sobrevivir mis compatriotas.

Sr presidente Fernández: No haga el papel de abogado del diablo blanqueando los crímenes de una corporación criminal que, entre el año pasado y los días que corren de 2022, es responsable de los asesinatos de, al menos, 439 personas caídas en presuntos enfrentamientos en los estados fronterizos de Amazonas, Apure, Bolívar, Falcón, Táchira y Zulia.

Eso no se puede llamar normalización, ni en Venezuela, ni en la Patagonia, Sr. presidente Fernández.

En Venezuela persiste una crisis general de servicios públicos como consecuencia de la aplicación de métodos gubernamentales fallidos.

En Venezuela hay gente pasando hambre y enfermos que mueren porque no reciben atención médica adecuada.

En Venezuela han reaparecido las endemias como el paludismo y el sarampión, en medio de un contraste desafiante de la capacidad de asombro cuando se ve a un grupúsculo disfrutar de riquezas en medio de una opulencia que desentona con la magnitud del sufrimiento que escarmientan millones de venezolanos.

Entonces Sr. presidente Fernández ¿con base a qué Ud. sostiene que la crisis de Venezuela se está disipando”.

Esa catástrofe no se resuelve, aunque Ud. se disponga a hacerle devolver al patrimonio de Venezuela los 800 mil dólares incautados, en el aeropuerto de Buenos Aires, a funcionarios relacionados con la revolución chavista.

La verdad es que en Venezuela se mantienen injustamente privados de la libertad a centenares de presos políticos civiles y militares.

La verdad es que está en marcha el proceso de investigación en la Corte Penal Internacional contra los responsables de haber perpetrado crímenes de lesa humanidad, y la verdad es que su homólogo venezolano es requerido mediante carteles con recompensa incluida por estar relacionado con delitos bien definidos en la Convención de Palermo y la verdad es que se han hecho prolijos intentos de diálogos para buscar soluciones concertadas a esa catástrofe, como el que impulsó en octubre de 2016, el Santo Padre Francisco, ante quien prometieron implementar soluciones para remediar la escasez de alimentos y medicinas, promesas que fueron incumplidas.

Venezuela requiere de la mayor comprensión de los gobiernos democráticos del mundo libre que se ve compelido a escoger entre convalidar los desmanes que continua cometiendo la dictadura imperante o presionar eficazmente para que se restaure un sistema de libertades.

Las relaciones diplomáticas deben ser cumplidas con rigor a la ética que no debe ser invisibilizada por las gríngolas de las cofradías interpartidistas.

Con la seguridad de su comprensión a estas reflexiones, se despide Ud.,

Antonio Ledezma
Uno de los millones de desterrados venezolanos».

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