Hay distintas Democracias


 

He cambiado uno de mis paradigmas políticos y que fue emblema de convicciones ideológicas, cual es que la democracia presidencial es la mejor forma de organizarse como Estado. Resulta que depende y Colombia está excluida de ese depende. Hay otras formas democráticas que no obstante sus trabas, sirven mejor a la razón de ser de la política. Estas reflexiones me han llegado desde diciembre pasado cuando se dieron las primeras elecciones en España para elegir nuevo presidente o confirmar a Mariano Rajoy Brey, quien aspira a la reelección. Sin embargo, tras la repetición de las elecciones en junio pasado con resultados un poco mejor para Rajoy, pero sin que las cifras tampoco le sean suficientes para formar gobierno; por si fuese poco, las cosas pintan para a una tercera elección con resultados semejantes.

Suponía que si un mecanismo electoral no facilita la confirmación de un  presidente en España, tras un fracaso probado y otro en ciernes, es porque el sistema parlamentario que ellos usan no funciona. Eso hizo que sacara pecho de que nuestro sistema presidencial es mejor porque si en una primera vuelta electoral ninguno de los candidatos obtiene el 50 por ciento + un voto, los dos más votados van a una segunda vuelta electoral. En ésta gana quien saque más votos. Pero, no, eso es una trampa. No resulta legítimo aunque sea legal, que alguien que solo consigue el favor electoral de un tercio del censo de los ciudadanos habilitados para sufragar, sea el presidente de Colombia o alcalde de Bogotá, merced a unos irresponsables que omiten su obligación moral de marcar y depositar el tarjetón electoral en las urnas dispuestas para ello. Así no es posible ungir a los mejores.

Para despejar mis dudas consulté a dos de mis asesores en materia de política y filosofía, brillantes ambos. Tuve que hacerles repetir cuando uno y otro respondieron que el sistema electoral parlamentario es mejor años luz del que conocemos en Colombia. Me recordaron que si se tratase de Venezuela donde vota casi el noventa por ciento del padrón electoral, entonces el sistema presidencialista sería la maravilla, pues basta con una sola ronda de votación; allí se cumple aquello de que la democracia es por definición el gobierno de las mayorías, lo que no sucede por estos lares. Nadie desconoce que en Colombia para elecciones trascendentales no acude a las urnas más de una tercera parte de los habilitados para hacerlo, luego la mayoría que debería gobernar sería un hipotético candidato de la abstención.

Volviendo a España, en las rondas electorales de diciembre pasado y junio de este año, el presidente en funciones no ha podido conformar un bloque que represente la mitad + uno los de parlamentarios elegidos en las mismas elecciones, aunque él haya obtenido la mayoría de los sufragios. Para legitimarse como presidente debe contar con el apoyo de esa mitad + uno absoluta del congreso y para lograrlo debe transar unos acuerdos de mínimos con la oposición  o se repiten las elecciones. Ello garantiza que la democracia sí sea el gobierno de las mayorías y que el pueblo esté pendiente al rumbo de la política de su país. De esa manera se obvia el triunfo de la abstención. Así se garantiza que si no se cumple el postulado democrático de contar con la mayoría, se bloquea casi todo el Estado hasta nuevas elecciones, lo que evita que las minorías manoseen la cosa pública indebidamente.

Estado Unidos tiene un sistema distinto. Quien resulta elegido presidente no necesariamente es quien saca más votos, sino aquel que cuenta con el apoyo de más estados, tal como sucedió en las controvertidas elecciones del 2000 donde ganó George W.Busch ante Al Gore, habiendo sacado menos votos que su rival. Además, el elegido presidente a mitad de su período tiene que enfrentar la renovación del cincuenta por ciento del congreso y confirmar en esas elecciones que todavía cuenta con las mayorías. En caso contrario pierde el control de esa cámara y enfrenta una dificultad enorme para desarrollar su programa de gobierno. Entonces nuestro sistema presidencial es un fraude monumental. No obstante, pocos se  quejan por semejante adefesio y la razón es que a los sinvergüenzas les sirve todo sistema con fisuras para colarse por ellas y luego alegar que representan a una democracia ejemplar. Quizá podríamos ensayar un cambio y ver cómo nos va; probar si de verdad nuestros políticos son tan valientes como para no esconderse detrás de la abstención. O modificar la ley y establecer que cuando la abstención sea mayoritaria, se repitan las elecciones con nuevos candidatos.

Por Gustavo Múnera Bohórquez

Médico cirujano e investigador

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