Iván Duque: “El que la hace la paga”, menos yo, ni mis paniaguados

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¡El que la hace la pagaba!

A escasos 20 días del fin -con pena y sin gloria- del mandato del liviano, incapaz hazmerreir Iván Duque, cuyas imperdonables omisiones, quebrantos a la ley, incumplimientos programáticos baten todos los récords, especialmente en cuanto a la implementación del Acuerdo de Paz; la intromisión en los asuntos internos de la vecina Venezuela, ripostada con violaciones a nuestra soberanía, el resguardo guerrillero, causantes de la inseguridad fronteriza, el asesinato de líderes sociales, de defensores de DHs, sumada la consentida, galopante corrupción enquistada en la propia presidencia, rebosando las ‘justas proporciones’ de las que hablara Turbay Ayala,

Sensibles temas -sin enjuiciar- contradiciendo aquello que “el que la hace la paga”,  blablablá que en su incontinencia verbal, falta de sindéresis han caracterizado al  desenfrenado gobierno, cuya sospechosa conducta, manejo del país -sin control político-, rebasan el límite de la decencia pública, por parte de quien en mala hora encarna la majestad de la República. Punible, disciplinable conducción, justificable de su efervescente impopularidad, urticante descalificación, reprobación que linda el 80 %.

Sapos que los resignados, pacientes colombianos nos hemos tragado, producto de la cómplice inacción, falta de autoridad, independencia de los ciegos, copados, sometidos órganos de control, que mudaron, distorsionaron -a conciencia- la función misional, tras el blindaje del decorativo, extraviado, insignificante, canallesco tosco presidente, mediante el freno de las investigaciones acarreadas por sus desmanes y las de sus paniaguados, la utilización de enconados, leguleyos artilugios que agreden, criminalizan, desacreditan, intimidan a los oponentes.

Chapuceros, infumables, prosaicos entes convertidos en oficiosos sicarios políticos del extraviado, procaz desgobierno. Tarea -cumplida con fruición- dispuesta por el infecto subpresidente, sin valores morales, ideológicamente desorientado, rodeado por una insaciable, taciturna gavilla de ayayeros, prebendarios, que se apoderaron -sin límite- del botín estatal, debilitaron el remedo de democracia.

Estrafalaria, sarcástica radiografía del minúsculo presente que he desenmascarado, caterva que ha anulado, relegado el esencial, inmanente, precursor principio fundador de la democracia: “La soberanía nacional reside en el pueblo, del que emanan los poderes -todos- del Estado”, agregándole -de paso- más dificultades a las ya existentes, frente a:la vida, salud, patrimonio, honra de millones (52) de colombianos.

Responsabilidad -qué duda cabe- del zafio, irrelevante, desahuciado ocupante -precario- del preminente sillón presidencial, dignificado por el Libertador’, deshonrado -por partida doble- por el autocrático, agónico innombrable, y el caricaturesco, obtuso comodín, el desilusionante advenedizo palaciego, parásito que me recuerda los tebeos de la infancia. Comedia tornada en lóbrega tragedia, que el despreocupado pueblo ha dejado avanzar demasiado lejos. Nudo gordiano bordado durante dos interminables décadas por el belcebú del Ubérrimo, esperando que los burlados electores -de bien- lo desanuden en estas elecciones -sin vuelta atrás-, mediante un contundente ¡BASTA! a la continuidad del insoportable, difuso, espurio, mafioso régimen, que lleva como mascarón de proa al precitado perro faldero.

Caldo de cultivo que nutre la injusticia social; el descontento de la hastiada ciudadanía; el maniculiteteo del sistema democrático; facilitando la podredumbre agenciada por el desvergonzado, fugaz, ineficiente, inútil mandadero -patrocinador de la impunidad del abucheado, incorregible titiritero- que tiene sumida en la desesperanza, incertidumbre, confusión a la candorosa población. Mientras pide celeridad a la Corte en las indagaciones contra Teodora (Piedad Córdoba), exige clemencia, compasión para el patrón.

La salida depende de los no uribistas, cuyo encartado pontífice, anda aleonado, desmelenado -megáfono en mano- exacerbando el ánimo del disminuido rebaño; reverdeciendo el miedo, agigantando el artificioso coco chavista, para que la gente salga a votar -otra vez- berracos por el “mal menor”. Trillada, turbia estrategia, aupada tras bambalinas por Duque -parcializado ‘referee’-. Intervención política, falta de un Mario Aramburo. Realidad que por donde se puye brota el pus, sin que lo perciban la Fiscalía, Procuraduría y gregarios prepagos.

Permitir nuevamente el suicida continuismo, la usurpación del poder, mediante el advertido  fraude -en ciernes-, es responsabilidad exclusiva de mentes enfermizas, como la de la ambiciosa, atrabiliaria, sectaria piraña que transformó inopinadamente a Colombia en su fundo de caza privado, administrado por el inefable títere. País que atraviesa en plena pandemia por un precipicio, rumbo al erizado ‘izquierdismo’, espoleado por una banda que utiliza -premeditadamente- la democracia como coche-bomba para autodestruirla.

Politicastros asociados a la genocida, traidora, cobarde escoria del M-19 (caras de una misma moneda), cuyo anclaje comienza por dinamitar la estructura democrática; eliminar las libertades individuales, económicas, sociales, garantizadas por la ‘Charta’/91. Bumerán antidemocrático que trae consigo el totalitario, sanguinario, pervertido ‘Socialismo Siglo XXI’, que de darse, sería una inesperada cachetada. Simbiosis antidemocrática, peor que la que hoy mal gobierna.

Bogotá, D.C., 20 de febrero de 2022

http://articulosmarioariasgomez.blogspot.com.co/30

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mario arias gómez

Abogado, periodista y escritor


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