La naturaleza: víctima silenciosa de las Farc


 

Es común escuchar entre los ciudadanos que promueven posturas favorables a los acuerdos un argumento basado en las perspectivas futuras. Suelen decir que parar esta guerra así esto implique entregar el Estado a las FARC lo vale porque no se perderán más vidas, pero no hay nada más alejado de la realidad. Con los atentados contra la naturaleza que han llevado a cabo, el grupo terrorista ha condenado a sentencia de muerte miles de generaciones futuras, seres humanos que aún no han nacido pero serán víctimas mortales del deterioro ambiental que ha causado esta guerrilla a través de su historia.

El medio ambiente es una víctima silenciosa. Ha sufrido los más grandes embates de esta guerra fraticida entre colombianos y no tiene muchos dolientes, aun cuando es la humanidad como un todo la mayor afectada por el daño ambiental. Muchas de las asociaciones y organizaciones ambientalistas que trabajan en Colombia, se mantienen al margen del tema del conflicto y carecen de influencia en la opinión pública o en su defecto dependen de recursos del Gobierno y se encuentran obligadas a no opinar sobre temas que pueden debilitar la popularidad del proceso con las FARC.

No hay aún conciencia en la sociedad del daño irreparable que la guerrilla ha causado; han hecho un profundo daño a todo el planeta Tierra y ninguna letra sobre papel por más acuerdos que puedan ser negociados, lo va a poder remediar.

Para recordar el caso más reciente y dramático no debemos remontarnos muy atrás en el tiempo. Corría junio de 2015, en plena etapa de negociaciones, que se comprendían como un periodo de cese al fuego; las FARC dispararon al corazón de uno de los ecosistemas más bellos e inexplorados del país al atentar contra el oleoducto Transandino, ocasionando un derrame que se calcula en alrededor de los 10.000 barriles, que como una mancha tóxica fueron tiñendo de muerte todo a su paso hasta llegar al Río Mira y de ahí desembocar en el Océano Pacífico.

El cinismo de las FARC es de tal nivel, que en aquella oportunidad y tras ocasionar la mayor tragedia ambiental de los últimos años en Colombia, emitieron un comunicado resaltando una encíclica del Papa Francisco referente al medio ambiente, pero las excusas al pueblo colombiano, la madre Tierra y la humanidad como un todo, nunca llegaron.

En las normas consuetudinarias del derecho internacional humanitario se puede evidenciar una clara violación de las FARC a todos los numerales referentes al medio ambiente, pero es en especial el número 45 el que ha sido más vulnerado, que reza: Queda prohibido el empleo de métodos o medios de guerra concebidos para causar, o de los cuales quepa prever que causen daños extensos, duraderos y graves al medio ambiente natural. La destrucción del medio ambiente natural no puede usarse como arma.

Otro elemento completamente nocivo para la naturaleza son los cultivos ilícitos que este año ya han sobrepasado las 600 mil hectáreas. Quienes llevan a cabo este tipo de cultivos custodiados y apoyados por las FARC, mudan geográficamente sus áreas de cultivo constantemente, por lo que este tipo de siembras es causa constante de quema de bosques, deforestación y alteración de los ecosistemas.

Muchas asociaciones y ONG ambientalistas y animalistas, han sido puestas al servicio del Gobierno actual como se evidenció en la reunión a la que fueron citadas el pasado 20 de septiembre por el Ministerio de Ambiente para coordinar estrategias dirigidas a promover el Sí al plebiscito. La mermelada se está distribuyendo por toda la tajada y evidentemente a estas organizaciones les tocó su parte frente a la que ya están correspondiendo, porque han citado a marchas como la del pasado 25 de septiembre en la que mezclan y confunden intereses animalistas con la polarización política del plebiscito cuando deberían ser causas totalmente independientes.

Los atentados contra la naturaleza por parte del grupo terrorista han llegado a afectar incluso áreas que son vitales desde hace millones de años para mantener la vida en la tierra como el refugio húmedo del Napo, reconocida como de las zonas que mayor biodiversidad tienen en el planeta donde hace más de dos millones de años los animales se refugiaron para salvarse de las sequías y cambios naturales que se dieron durante el Pleistoceno y que se ha visto afectada con los múltiples derrames de petróleo ocasionados por las Farc en los afluentes del Río Putumayo. Uno de los más recientes fue a mediados de 2015 (época de supuesto cese al fuego), otro atentado contra la vida en el planeta tierra, en el que 25 tractomulas cargadas de crudo fueron obligadas a derramar su contenido en cercanías de Puerto Asís, Putumayo.

Analizando los acuerdos entre el Gobierno Santos y las FARC, se evidencia que el tema ambiental ha sido dejado a un lado, partiendo del hecho que las palabras ambiente y naturaleza aparecen solamente 14 y 11 veces en las 297 páginas, respectivamente mientras que otras que no corresponden a un acuerdo de paz en ningún lugar del mundo, como la palabra género para abordar temas de orientación sexual aparece en 117 ocasiones.

En la mayoría de los casos, se encuentran vinculadas al desarrollo agrario, el campesinado y la agricultura, hecho que de entrada no sería negativo, pero no se establece un compromiso real del grupo guerrillero en cuanto al trabajo por recuperar los ecosistemas que han sido afectados. En parte porque tanto el gobierno como el grupo terrorista Farc son conscientes que en muchos de los casos jamás podrán ser recuperados. Pero el tema tiene un veto, porque afecta radicalmente la popularidad nacional e internacional de los acuerdos.

Las Farc Vs. La Fauna

Las minas, los atentados contra oleoductos, la contaminación, la construcción de caminos y campamentos, la deforestación y muchas otras prácticas destructivas para la naturaleza, han sido herramienta constante de las FARC para demostrar su poder y atentar contra el Estado Colombiano.

Pero hay seres vivos sin la posibilidad de denunciarlo, que no fueron escuchados en los diálogos de la Habana y que han sufrido en silencio. Se trata de esos seres que han compartido la vida con el ser humano desde siempre y que constituyen una parte crucial en el equilibrio del Planeta Tierra: los animales.

En tiempos en que hay sectores responsables con el futuro del país, que buscan una paz legítima, sin impunidad y con la efectiva reparación y justicia necesarias, es importante recordar a unos de los grandes pacifistas del mundo, Mahatma Gandhi cuando dijo que: “La grandeza de una nación y su progreso moral, pueden ser juzgados por la manera en que ellos tratan a sus animales”.

Imaginemos el siguiente escenario: Corre el año 2012, se encuentra usted en su hogar, en uno de nuestros macondianos municipios colombianos, con una vida tranquila en la que ocasionalmente debe cumplir algunas labores cargando objetos o transportando gente. De repente llegan los violentos, milicianos guerrilleros cargados de armas e intenciones llenas de maldad. Lo raptan.

Luego, además del sufrimiento y el estrés que genera ser apartado de su entorno natural y conocido y sin la menor consideración sobre su bienestar, los guerrilleros deciden cargarlo a usted con explosivos al mejor estilo de los fanáticos del Estado Islámico, enviarlo a un sector poblado y una vez estando allí proceden a detonarlo, no solamente destruyendo totalmente su presencia física sino además causando daño a dos soldados y tres civiles más.

¿Una historia macabra no? Es cierto que quien sufrió esta tragedia no fue un ser humano, se trató en este caso de un burro, un animal conocido por su nobleza y laboriosidad que en el momento de la explosión experimentó sentimientos de angustia y dolor similares a los de cualquier ser humano, por poseer un sistema nervioso con características similares. Los casos de “burros-bomba” se dieron en múltiples ocasiones en Boyacá, Caquetá, Nariño y algunas otras zonas del país e hicieron lo mismo con caballos y perros, los animales más fieles y cercanos al hombre.

Esto es una prueba fehaciente del desprecio que tienen los guerrilleros de las FARC por los animales, no solamente destruyen sus territorios a través de atentados, contaminación y minado, también los usan como meros artefactos de guerra dando gestos de un especismo del peor calado, ¿como podemos aceptar impunidad para quienes han humillado, maltratado y asesinado a los seres que nos han acompañado en el planeta desde el principio de los tiempos?

Las FARC, además de los atentados directos contra los animales al utilizarlos como armas de guerra, han sido causantes de grandes bajas en la población de aves, peces y reptiles a través de los derrames de petróleo y de otros químicos nocivos que son utilizados en la minería ilegal de la que ellos también han participado activamente.

El daño causado al futuro del planeta no se puede resarcir de ninguna forma, los ríos de petróleo que han llegado al mar por los derrames y atentados ocasionados por la guerrilla son un problema transnacional que afecta a países vecinos en el mediano plazo y a todos aquellos países que tengan acceso al Océano.

Cuando los efectos de este atentado contra el planeta se hagan imposibles de esconder, posiblemente tribunales internacionales tomen cartas en el asunto y aunque sea muchos años después, la justicia recaerá sobre ellos como en el caso del líder serbo bosnio Karadzic, quien en su momento no recibió los castigos penales correspondientes como medida cosmética para mostrar una paz artificial, pero cerca de dos décadas después fue condenado por jueces de la ONU por crímenes en contra de la humanidad a 40 años de prisión.

El grupo terrorista FARC es uno de los mayores enemigos del planeta. La ecología es un tema que no tiene para ellos mayor relevancia y por eso prácticamente no fue tenido en cuenta dentro de los acuerdos. Pero la ciudadanía consciente de los riesgos que vienen para el mundo si se le da la espalda al medio ambiente, debe cerrar la puerta a la impunidad y la injusticia, impidiendo que sectores criminales que han destruido la naturaleza a tal nivel puedan tener acceso al poder y que sus crímenes ambientales que nos perseguirán como especie durante siglos, queden en la total impunidad.

No podemos olvidar las características ecológicas de nuestro país, nuestro mayor activo y el que debe ser custodiado con mayor recelo en tiempos de cambio climático y graves problemas ambientales es la naturaleza, la ciudadanía está llamada a defenderla aplicando la justicia sobre estos enemigos de la vida en el planeta.

Análisis de David Meza Pretelt

@DMezaPretelt

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