La Ordenanza perdida

Lo obvio a veces suele ser lo más difícil de hallar o entender. En otras palabras, si de esconder bien una cosa se trata, nada como hacerlo a ojos vista de los interesados en encontrarla. Se trata de un recurso muy viejo y que fue usado de manera magistral en la literatura por Edgar Allan Poe en su cuento policíaco La carta robada, tal como se puede ver en el siguiente fragmento de dicha obra sobre una misiva desaparecida:

—Simple y singular— dijo Dupin. —Y bien, sí; y no exactamente una, sino ambas cosas a la vez—.

Sucede que estamos desconcertados porque el asunto es tan simple, y sin embargo, nos confunde a todos [apuntación del jefe de la policía].

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—Quizás es precisamente la simplicidad lo que le desconcierta— dijo mi amigo. —

¡Qué desatino dice usted! —replicó el prefecto, riendo de todo corazón.

—Quizás el misterio es demasiado sencillo— dijo Dupin.

Este razonamiento del detective de ficción Chevalier Aguste Dupin, prototipo que daría origen a la novela y el cuento policíacos como se conocen hoy y que pariría también a Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle y a Hércules Poirot de Agatha Cristie, entre otros, bien puede ser aplicado para resaltar lo que brilla con luz propia como es la incompetencia de los diputados y funcionarios de la Asamblea departamental de La Guajira. Una vez solicitada copia de una ordenanza importantísima (la que creó la ESE Hospital San José de Maicao) y dejando constancia de la mejor buena voluntad de su personal de buscarla inclusive bajo las alfombras, nunca pudo ser hallada. Por si lo anterior fuese poco, cualquier indagación en internet nada más permite acceder a ordenanzas proferidas del 2005 en adelante. En lo virtual, la Asamblea de La Guajira existe desde esa fecha.

Por otra parte, como tampoco la ordenanza en cuestión está en el Palacio de la Marina, como llaman al edificio de la gobernación guajira, su jefe encargado en sabiduría solicitó al mismo hospital encauzado en la demanda, su colaboración para que suministrara un duplicado de dicho documento, lo que habla bien de las correspondientes gerencias en funciones.

Desde luego, podría ser un despiste administrativo en la corporación mencionada y ese pliego esté “en algún lugar seguro” a la vista de todos sin poderse encontrar; pero, en cualquier caso refleja lo que es La Guajira como departamento; un ente irresponsable, donde la incuria es el blasón de la casa.

Cabe preguntarse en qué basan los políticos y sus áulicos su actual impostada indignación si como guajiros no pasamos de ser una catajarria de incompetentes, sin ser eso lo peor, pues semejante dicha está reservada para la corrupción.

Claro que existe en lo local gente anónima capaz de hacer mejor las cosas con toda seguridad, pero éstos nada pintan en lo político. Ni hablar de la desvergonzada dirigencia departamental que finge llorar cuando debería separarse del objeto de su compulsión deshonrosa, los dineros públicos y la evasión de sus responsabilidades. Si los políticos guajiros leyesen literatura policíaca se les aguzaría el sentido de observación y por consiguiente su capacidad de análisis. Pero, eso no pasará, ya que ese mayor volumen de abstracción atentaría contra su tranquilidad insolvente.

El analfabetismo, la indiferencia e incompetencia provee a estos fulanos de una coraza contra cualquier reflexión que los lleve a autoincriminarse en lo mal administrada que ha estado La Guajira desde hace cincuenta años al menos. En las actuales circunstancias apuestan a que los líos judiciales del gobernador encargado prosperen para así quitárselo de encima, como si eso fuese un logro para ellos, como un lavado público de la dignidad perdida.

Se les pregunta, señores ¿todavía se resisten a tener tutor que les guíe en el cumplimiento de sus deberes? Antes de aparentar arrebato por un intervencionismo que juzgan indebido, deberían agradecer que se les enseñe lo que es ser responsable, probo, eficaz, previsor, diligente, y como señalan ahora los conferencistas con una palabra fea y de nuevo cuño, proactivos.

Comprender que si no sirven de mucho, entonces no interfieran en el desarrollo de La Guajira; que es, en últimas, la justificación para que se nos haya impuesto un corregidor con perrero. Se les pide que se dediquen a lo que les da su mollera. La ciudadanía sabrá entenderlos, pues nadie está obligado a lo imposible; o como decía el torero español Rafael Guerra (1862-1941), “lo que no se puede no se puede y, además, es imposible”.

Por: Gustavo Múnera Bohórquez

Médico cirujano e investigador

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