‘La paz de los cementerios’

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‘La paz de los cementerios’

El trágico, devastador epílogo de la apocalíptica crisis hurgada por el bufonesco, megalómano, belicoso, hegemónico, mediático, pugnaz Donald Trump -destronado con merecido portazo-; tóxico ‘outsider’ al que nadie daba en 2016, ninguna posibilidad frente a la experimentada, veterana Hillary Clinton, posicionada entonces por Obama, como la líder mejor preparada -en la historia de Estados Unidos- para llegar a la Casa Blanca. A pesar de haber sido la más votada, su asquiento rival se alzó con 304 votos electorales la presidencia, frente a 227 de Hillary, la favorita.

Campaña montada sobre un sartal de falacias que visibilizaron al malandrín, que entregó un país polarizado como nunca, sin el muro de la infamia; sin expulsar a los ilegales; sin traer a casa las tropas; sin salirse de la OTAN; sin meter en cintura los monopolios tecnológicos, etcétera.

Inesperada elección que debe abrirle los ojos a los pueblos del mundo; en particular a la acechada Colombia, de cara al 2022; mundo que todavía no sale del asombro, ni se explica cómo tan vetusta democracia, haya elegido un monstruo que, según Romney, excandidato republicano, en noviembre expresó: “Nos enfrentamos al orgullo herido de un hombre egoísta; al ultraje de sus partidarios, desinformados en los últimos meses; incitados a la insurrección, so pretexto del fraude.

Concluyó: “Creo que es importante reconocer la necesidad de rendir cuentas, de la verdad y la justicia”. Doy por sentado que, por lealtad, disciplina o complicidad, los republicanos bloquearán el segundo ‘impeachment’.

Fanatizados forajidos, llamados “patriotas” por su instigador, asociados a los coludidos congresistas republicanos (7 senadores, 138 representantes), mezcolanza a la que el frustrado, decepcionado malandrín exigió objetar los resultados de Arizona y Pensilvania. Desplante sin precedentes. Desenfadado, inimitable charlatán que aún genera muchos anticuerpos.

Sinvergüenza, irresponsable que representa un importante sector -marginal, iletrado, excluido, dispuesto (por la paga) a acompañarlo en sus prohibitivas aventuras. Masas que no se sabe hacia qué lado del espectro político se inclina, como el voto oculto, el ‘antivoto’ que, en los sondeos silencia la respuesta, igual que el voto pro ‘establishment’, que suele dividirse.

Ni pensar que, muerto el perro, se acabó la chanda; aunque el deslenguado pagó con la pérdida de la presidencia, Colombia debe alertarse respecto a quien le confiará el destino en 2022. Errar implicaría una tragedia, un suicidio que le abriría el camino a un incapaz como Duque -y encima presumido-, impuesto por el ‘iluminado’ -demagogo que se promueve como el ‘Bien’, el ‘Juez moral’, ‘Mártir’ de la patria, quien empieza a buscarse otro anodino, mediocre, sumiso cipayo, que nadie -en su sano juicio- votará.

Intocable, espeluznante, manipulador, al que más de medio país no acolita, acepta sus imposiciones; abuchea, fiscaliza, censura sus múltiples, presuntos delitos que le endilgan; repele ‘los tres huevitos’, su falso ‘pacifismo’, que es la ‘paz de los cementerios’, ‘los sometidos’, ‘los esclavos’, ‘los difuntos’, agenciada por este sembrador de miedos, del que se nutre, y que intimida y obliga a los cobardes a guardar silencio, a agachar -arrodillados- la cabeza, por físico temor a las esclavizadas fuerzas oscuras que lo rondan.   Osadía tachada -ipso facto- de imperdonable.

Demente estrategia comprada por el despreciable ‘peliteñido’, ejecutada por su ejército de mercenarios, obligados a marchar hacia el capitolio -prometiendo ir con ellos- tomado a la fuerza, al parecer, con la complicidad de la seguridad, la Casa Blanca y el Pentágono que demoraron los refuerzos. Hordas azuzadas por el vulgar forajido, que buscaron ajusticiar al vicepresidente y a los congresistas ‘traidores’.

Revoltosos que al no poder cumplir el cometido, fueron consolados: “entiendo el dolor y cólera por el fraude, el robo de las elecciones”, ustedes son, “personas muy especiales, vuelvan en paz para sus casas, la batalla apenas comienza”. Los ‘amo’.

Alertado sobre las consecuencias del alevoso llamado insurreccional, técnicamente denominado, ‘traición a la patria’, llamó -de dientes para afuera- “a la reconciliación“, agregando: los responsables “pagarán” sus desmanes, esperándose que el plutócrata-delincuente sea el primero.

Queda la esperanza que la moraleja del desnudado complot, alerte a los colombianos para que delaten las réplicas del extravagante, grotesco, pedante troglodita, admirado por el paracaidista impuesto por el ‘Innombrable’; pelele que no desmiente su fraterna devoción, solidaridad con quien a mañana y tarde lo reprendía, exaltaba.

Piropeado por su séquito: Paloma-Macías (fórmula presidencial), Carlos Felipe Mejía -la fuerza bruta-, quienes no ocultan el deslumbramiento por el amoral, falaz, fracasado sátrapa, con idéntico ADN al del parigual jefe: artificioso, deslenguado, discriminatorio, embustero, sofístico, mesiánico, idéntico afán de perpetuación.

Bogotá, D. C., 27 de enero de 2021

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mario arias gómez
Abogado, periodista y escritor


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