¡La Reforma Tributaria!

El ensimismado, inasible, solapado, zafio subpresidente Duque, lanzó -con total desfachatez- en el lugar equivocado -la asamblea del BID reunida en Barranquilla-, la absurda, ambigua, desafiante, irracional, torpe pregunta -fuera de foco-: ¿Quién puede oponerse a la tercera reforma tributaria de su Gobierno?, maquillada con la candorosa, estrambótica, eufemística, pomposa etiqueta: “AGENDA DE TRANSFORMACIÓN SOCIAL SOSTENIBLE”.

Inusitada, perversa, sofística vergonzosa forma de socializar, presionar al abrumado, desmoralizado, escandalizado, extenuado, manso, paciente juan-pueblo, otro persistente, tortuoso zarpazo a su agotado bolsillo; digo mejor, atraco de impensables, imprevisibles, inimaginables efectos.

Amnésico, tornadizo jumento -sin principios- que, en su frondoso egocentrismo, urdió -para hacerse al apetecible cargo- las edulcoradas promesas con las que engatusó al electorado, hechas -aseguraba- en el marco del respeto a su dignidad. No había pasado un mes, cuando arrancó su incumplimiento, que empezó con la ambientación de nuevos impuestos a las clases: media, trabajadora; borrando de un tajo sus iniciales ofertas:

Ajuste al salario por encima de la inflación; priorizar, transparentar el gasto; luchar contra la corrupción; meritocracia; adelgazamiento burocrático; no al ´tracking’; a la fumigación con glifosato, etcétera.

Trampa a los más de 10 millones de indignados, decepcionados, traicionados electores, halagados con las susodichas, empalagosas promesas, añadidas de un gobierno austero, antípoda del antecesor derrochón, convertido en caballito de campaña. Insensible, tramposo blablablá, que inspiró confianza, esperanza, que antecedieron al triunfo.

Nuevo, repetido conejo, adobado con la falaz, vieja fábula de la creación de un sinnúmero de puestos de trabajo; la ilusa reactivación económica; el mejoramiento de la salud; gratuidad de la educación para los estratos bajos; modernización, optimización de la infraestructura. Embustes que han servido -únicamente- para llenarle -aún más-, las alforjas al enjambre de insaciables cacaos multimillonarios, mediante la reducción de impuestos, parafiscales, renta a sus monopolísticas empresas.

Confabulado con el inescrupuloso, servil, insoportable Min-hacienda, los antedichos ofrecimientos fueron echados al tacho de la basura; badulaque, incondicional del ‘irremplazable’: Sanguijuela que llenó su faltriquera, con los ‘Bonos de agua’, con los que embarcó, deslechó, estafó a los municipios más pobres, exprimió sus exiguos presupuestos. Frustración, caldo de cultivo de la actual desconfianza, escepticismo, exacerbación, polarización, rabia, reconcomio, resentimiento, que tienen estrangulados a los colombianos de a pie.

Recuerdo que Duque, el 04/08/2020, declaró a Blu-Radio que, dada la preocupante, inocultable problemática social -en plena ebullición-, era impensable una reforma que castigara las empresas con mayores cargas impositivas, en perjuicio del empleo. Pretextando la pandemia -que ha servido para lo humano y divino- el muy olvidadizo, empezó a ambientar -repito- en la ‘Arenosa’, el inoportuno golpe bajo a los desahuciados menesterosos, que no alcanzan a suplir sus necesidades básicas, ni a sobrevivir en pleno acuartelamiento, sin que al taimado, indolente socarrón -que mal gobierna- eso le preocupe.

Su desasosiego -único-, subsidiar al gran capital, la gula de la ávida, codiciosa, especuladora, usurera élite -enriquecida a costa de la angustia, hambre, miseria de miles de millones de despreciados, fatigados compatriotas- cuyo afán crematístico, es antepuesto -siempre- al interés general; prestos sí, a financiar las campañas de una clase política, proclive a sus intereses; impajaritable manera de amarrar, someter los gobiernos; secuestrar el manejo político del país, comprobándose -una vez más-, que primero se acaba el helecho que los marranos, que aquí al perro lo capan muchas veces.

El preámbulo reiterado por el logorreico títere en Barranquilla -zombi con el sol a las espaldas-; campeón del eufemismo, tomado en cuenta que la carta bautismal de la primera ‘Reforma Tributaria’ fue: ‘LEY DE FINANCIAMIENTO’ (1943/2018) -declarada inexequible (16 de octubre/2019) con efecto diferido-, reemplazada por la Ley 2010 de 27/12/2019, rebautizada: LEY DE CRECIMIENTO ECONÓMICO’, “para la promoción del empleo, la inversión, el fortalecimiento de las finanzas públicas, la progresividad, la equidad y la eficiencia del sistema tributario”. Nada de lo cual percibió la ciudadanía.

Pretencioso exhibicionista, sinuoso figurón, urgido de un baño de realidad; quien, tras el aplauso fácil, dice y se desdice, acomoda su discurso al auditorio, como adelantado aprendiz de la enseña de Maquiavelo: “Nunca intentes ganar por la fuerza lo que puedes ganar con la mentira”.

Sub judice, vanidoso escudero, moral, irreparablemente degradado por la criminal, destapada compraventa de votos, encargada al indesligable, negado amigo, ‘Ñeñe’ Hernández -apologeta- con los que alcanzó, ilegítimamente la presidencia; investigación engavetada por quien, guiado desde la sombra, mudó su irrelevante, permeable, prescindible función constitucional, por la de sumiso defensor del belicoso, endemoniado, inefable rabadán.

Incorregible, terrorífico matón que infunde miedo. Fetiche de los eclécticos godos. Tópicos sobre los cuales hay mucho pan por rebanar.

Bogotá, D. C. marzo 24 de 2021

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mario arias gómez
Abogado, periodista y escritor


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