¡Las cosas por su nombre! II

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Continúo con el agrio, áspero, crudo, riguroso recuento -sin mitos, ni complejos-, de la leyenda negra -un atentado a la dignidad humana- protagonizada por el advenedizo, improvisado, patético, primario, servil Iván Duque -de atrofiado juicio-. Arrodillado, necio, sumiso espolique del ‘innombrable’. Lacayo asistido por el cipayo -incansable criado de librea- Hassan Nassar. Desfasado, melifluo adulador que sin rubor, con candor infantil, desparpajo, cinismo inigualable, intenta posicionar mediáticamente, al hazmerreir de marras, como excepcional, portentoso ser superior, único; el más -siempre el más- aplaudido, ensalzado gobernante -desde la noche de los tiempos- de nuestra historia republicana.

Patológica, fehaciente prueba de estar mentalmente de atar, causa del incesante ruido político que desde la tempestuosa juramentación oficiada por el analfabeto lameculos, Ernesto Macías, soporta Colombia.

Aleccionada, discapacitada dupla de atorrantes, sin sentido de las proporciones. que obedientes siguen a pie juntillas, el libreto urdido por el fundamentalista, despótico, maléfico, vociferante amo; innombrable consueta, responsable máximo del inhabilitante detrimento moral, doctrinario, físico, de nuestra lapidada, devastada patria, que vanamente pretende disimular, soslayar. ¡Qué duda cabe!

Avatares acrecentados por sus denigrantes, flagrantes, monstruosos errores, las monumentales metidas de pata, clonadas por el parigual gemelo hermano peruano, desnudadas -algunas- en la columna del 23/01/2022.

Quien no conoce la historia corre el riesgo de repetirla’; referida inferencia a quienes no se preocupan por conocerla, lo que sobrelleva la propensión a caer en las mismas antañonas dolencias. Enseña que no se limita a lo parroquial, sino que abarca ámbitos más amplios.

Mácula que ensombrece moralmente la patria, empaña la majestad de la ‘Institución presidencial’. Recuperar la credibilidad, esplendor que algún día tuvo, es colosal, ingente tarea -por no decir imposible-. Igualmente subsanar el exponencial daño causado, prioritario para quien suceda al neófito, pernicioso arribista, que deshonra la ‘Casa de Nari’, quizás más que cuando el ‘imprescindible’ recibía la avanzada de ‘don Berna’. Espantajo que prontamente se marchará dejando semejante baldón pendiendo sobre la maltrecha ‘institución presidencial’.

Legado que afecta gravemente la connatural autoridad de los organismos que conforman su estructura política y social, diferenciada de la que queda investido quien funge como presidente de la República. La tradición colombiana perpetúa el nombre de excepcionales, refulgentes estadistas que dieron lustre, notoriedad, realce a la ‘institución presidencial’, mientras otros la irrespetaron, lesionaron, deslustraron -irreparable, irreversiblemente- su prestigio, renombre, caso del lóbrego período 1994-2022 -para el olvido-, monopolizado por los despreciables: ‘Bojote’, el desafiante halcón del Ubérrimo, el ‘huero’ Pastrana Arango, némesis del actual monigote -sin peso, visión institucional-, responsables -para decirlo con pocas palabras- del imparable, descrédito de la “Institución Presidencial”,

El cual crece como bola de nieve, instándome a parodiar -con dolor de patria- la arenga que inmortalizó al peruano, José Domingo Choquehuanca, con la que remató el discurso de bienvenida al ‘Libertador’ en Pucará-Perú -02/08/1825-. Insulso remedo que dedico a los nocivos conversos: títere y titiritero: “Con el tiempo crecerá su condena, como crece la sombra cuando el sol declina«.

Monocordes, indigestos impostores que han descuadernado al país, convertido en un infierno, en perjuicio de la crispada población que, sumida en el hartazgo, los reprueba -80 %- rotundamente. Sentimiento compartido por los independientes. Descarnada censura, políticamente congruente, alejada de simpatías personales, apuntalada en principios y valores. Reparo a la ley de la selva reinante. Al índice de percepción de corrupción (IPC) -puesto 87 entre 187 naciones- acreditado por ‘Transparency International’, mientras los cooptados órganos de Control -con esbirros del régimen- callan como ostras.

Impresentables, manumisos, sometidos entes -por los que doblan las campanas-, apéndices fundamentales del engranaje del Gobierno, postrados rastreramente a sus pies, sin libertad, potestad, al servicio absoluto, arbitrario del procaz, teledirigido polichinela, que ejerce un categórico, apabullante manejo, al punto de mudar su función misional, en defensa -a ultranza- de la descomposición dominante; hostilizar a quienes discrepan del despotismo, perseguir -vilmente- inocentes, privilegiar delincuentes, imponer dogmas y consignas prefabricadas, por el incorregible, unidimensional, arcaico  mentor.

Decepcionante sirviente que persevera en autocalificarse como el mejor gobernante del planeta tierra. Inapetente medianía que el precitado lameculos, anda promocionándolo -por encargo- para presidir la ONU.

El neologismo inglés, ‘lawfare’ -contracción gramatical de law (ley) y warfare (guerra)- ‘la guerra de leyes’, sintetiza la deliberada, punible ignorancia jurídica, utilizada artera, impúdica, inescrupulosamente, como las instituciones gubernativas y mecanismos legales, como repudiable arma de acoso, persecución política, a  objeto de acallar opositores, manipular incluso la opinión pública, en busca de inducirla, predisponerla en favor de la destrucción de cualquier discrepancia, a costa de erosionar su legitimidad.

Esto contiene una imagen de: Fotos De Aline Ramires Da Silva Em Bom Domingo

Bogotá, D.C., 30 de enero de 2022

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mario arias gómez

Abogado, periodista y escritor


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