Los hermanos del Libertador! VII

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Concluyo la sumaria crónica de la ‘Negra Matea’, esclava de confianza de la familia Bolívar, nacida en la hacienda el Totumo (San José de Tiznados, Estado Guárico), el 21 de septiembre de 1773, fallecida en Caracas, a los112 años de edad, el 29 de marzo de 1886, quien siempre estuvo al lado de la ‘Negra Hipólita’, llegada de la hacienda San Mateo para amamantar al pequeño Simón Bolívar. Sus restos permanecieron en la cripta de los Bolívar en la Catedral de Caracas, hasta el 8 de marzo de 2017, cuando fueron encumbradas al Panteón Nacional, junto a los restos de Hipólita y la emblemática Apacuana, cacica piache.

Consejera -esta última- de la guerra contra los españoles, básica en la resistencia indígena en Venezuela. Motriz del levantamiento de su pueblo por la libertad, contra el invasor Francisco Infante. El español, González de Silva, fraguó contra ella el cargo de hechicera, por el cual fue acusada. Conocedor de su fiereza y valentía, temeroso de enfrentarla, delegó en Sánchez García y Antonio de Villegas su persecución y captura. Guiado el primero por un indio traidor que, bajo la promesa de libertad, reveló el día, lugar y hora en el que Apacuana se reuniría con varios caciques de la región. Entregada, fue aprendida y ahorcada enseguida, su cadáver colgado, dejado por varios días a la vista de todos, como manera de escarmentar, aterrorizar a la población.

Matea vivió entre la hacienda San Mateo y la residencia caraqueña de los Bolívar, encargada de los quehaceres domésticos como de la crianza, cuidados y entretenimiento -junto a Hipólita- del impúber Simón. Fue ella quien lo llevó a la pila bautismal. Servidumbre definitiva en la educación y formación de Simón Bolívar, recordadas, queridas, reconocidas por él, de lo cual hay amplia, minuciosa, fehaciente constancia, en su prolija correspondencia.

Epítome de nuestra conmovedora, enternecedora, excitante, indecible, irrefrenable filia hacia estas anónimas, fieles, maravillosas nanas, eclipsadas por la gloria del Libertador, bochornosa, melancólicamente minusvaloradas por luciferinos historiadores, carentes del sentido de gratitud auténtica, pues poco o nada se ocuparon de su memoria.

Suplo -en subsidio- con este deshilvanado, somero bosquejo escrito, su resaltante, notable, significativa presencia, en la vida y obra del “padre de la Gran Colombia”, como  póstumos, supervivientes: agradecimiento, reconocimiento.

Dejo de lado, por sabido -conforme al inicial propósito- el brillante, epopéyico, glorioso, inagotable, heroico historial que resume las proezas que esculpieron, plantaron la imagen -imperecedera- del esclarecido, mítico ‘Gigante de América’, sin par en esta esquina de Latinoamérica, que no registra otra figura de alcance universal que lo semeje.

Me ocupo -subsiguientemente- sin ataduras ideológicas, de la humana, pedestre, terrenal faceta de este ser superior, de carne y hueso, débil y frágil como cualquiera de sus congéneres, cuyos incontables devaneos lo vinculan con féminas de todos los pelajes, a las que estuvo atado, siempre, tras la íntima, incesante búsqueda del placer sexual, que junto a la gloria -que perennemente lo atenazó-, fueron los dos aspectos, más ansiosos, impacientes afanes, desasosiegos, desvelos que encadenaron su encabritada, apasionada existencia -sin reposo-; esclavizaron igualmente su alma, su espíritu emprendedor; marcaron su destino; dividieron, gobernaron su atormentado corazón.

Amoríos vueltos comidilla diaria de los cenáculos, chismoseaderos pueblerinos, perpetuados por la expresión oral y que rememoro -breve, ceñida, concisamente-, en el entendido que lo hombres públicos no tienen vida privada. Tópico bajo el cual escudriño -como epílogo-, la activa, ardiente, cromática, fantasiosa, hiperactiva, lúbrica, visceral fuerza sexual que movió a nuestro superhombre que resumía sexo por todos los poros.

Adúltero, disoluto, embrujador; empedernido; incestuoso, obsesivo, tozudo héroe, espueludo, incorregible, insaciable ‘don juan’; hipnotizador, insatisfecho. cazador de encantos; mujeriego compulsivo -que lo fue de manera superlativa-. Irresistible picaflor que se acostó con todos los pimpollos que quiso, preferiblemente jóvenes doncellas, de huida de las temidas sífilis y blenorrea de entonces, sin descartar obviamente la bellas -y las no tanto- casadas infieles, sujetas al castigo por adulterio por la pacata sociedad de entonces.

Imagen que dibuja, hilvana bien el verso del chileno, Pablo Neruda, sobre el amor de los marineros “que besan y se van”, dado su incansable, perseverante peregrinar de nuestro Atila, liberando pueblos. Conquistas surtidas en las entradas victoriosas y clamorosos recibimientos, encabezados por un séquito de esbeltas, radiantes ninfas y vestales que vitoreaban, al engrandecido caraqueño vencedor, quien luego de recorrer, bajo los arcos triunfales los poblados, era recibido y condecorado por las autoridades lugareñas, seguido de los consiguientes festejos, condumios, bailes o saraos en su honor, donde se hacían presentes las élites sociales, con sus familias, que lo saludaban y acogían al galardonado semidiós; ocasión -única- para levantar -como buen “matador”-, el ojo conquistador y poner a volar el apetito voraz, que lo impulsaba a escoger, discretamente, la pieza o piezas del momento.

Aventuras y malandanzas que nada tuvieron que envidiarle a las del paterfamilias, Juan Vicente Bolívar y Ponte, “lobo” carnicero, ancestro del que heredó los genes que estimularon sus enamoradizos pasos. De él sí que puede repetirse el adagio, “de tal palo tal astilla”.  “Cosas veredes, amigo Sancho que faram hablar las piedras”, frase atribuida al Quijote -como tantas otras-, cuya versión original aparece en el Cantar del Mío Cid, cuando este le dice al Rey: “Muchos males han venido por los reyes que se ausentan”, quien le responde: “Cosas tenedes Cid que farán fablar las piedras”.

Instintiva vida erótica, plena de ebullición, entretejida por el infatigable, pertinaz ir y venir del admirado, inmortal campeón, quien, incapaz de soportar al final de sus días, una traición más, emprendió su último viaje a Santa Marta, para dejar atrás las pasionales: anarquía e intrigas políticas reinantes en Santa Fe de Bogotá, que acarrearon la Conspiración Septembrina (25 de septiembre de 1828) siendo presidente de la Gran Colombia, después de proclamarse dictador, el 27 de agosto de 1828 , como  desesperada, extrema medida para frenar el aire separatista reinante en la nación.

Intento de asesinarlo, del que logró salir airoso, gracias a su ‘ángel de la guarda’, Manuelita Sáenz, quien le indicó que huyera por una de las ventanas del Palacio de San Carlos, mientras ella encaraba a los conjurados, entre los que se encontraban el escritor, Luis Vargas Tejada, Pedro Carujo (militar venezolano), otros políticos, como Florentino González, Ezequiel Rojas, Mariano Ospina Rodríguez, Capitán Emigdio Briceño Guzmán. Bolívar terminó refugiándose toda la noche bajo un puente.

Los culpables del intento de magnicidio fueron arrestados, entre los que incluyeron arbitrariamente al Almirante José Prudencio Padilla. Francisco de Paula Santander fue hallado culpable, degradado, expulsado deshonrosamente y condenado a morir fusilado por la espalda; pena conmutada por el exilio. Acontecimientos que contribuyeron a avivar el odio entre venezolanos y neogranadinos, que abrieron el camino de la disolución de la Gran Colombia.

Bolívar emprendió la marcha hacia su final, en compañía de los fieles generales: Daniel Florencio O’Leary, José María Carreño, Ignacio Luque, Mariano Montilla y Abreu e Lima, ciudad donde lo esperaba la muerte -17 de diciembre de 1830- en la Hacienda San Pedro Alejandrino. Luctuosa, perenne fecha en la que se extinguió su vida

Fidedigna, memoriosa, histórica reseña amorosa, como trágica, que son solo un asterisco en la extensa, heroica, triunfal carrera del incomparable estratega político-militar, que algunos mofadores de la verdad de su egregia, gloriosa fama, eminente nombradía, popularidad, fue elevada -por ellos- al injurioso, vejatorio altar de las mentiras.

Bogotá, D.C., 11 de agosto de 2021

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mario arias gómez
Abogado, periodista y escritor


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