¡Los hijos de El Libertador! XV

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¡Los hijos de El Libertador! XV

Concluyo en Mulaló, entonces asentamiento indígena, localizado en el corregimiento de Yumbo (Valle del Cauca), palabra del idioma paez que significa «río grande», «inundación» o «rivera», sus alrededores se constituyeron como resguardo indígena. Declarado como Municipio por la ley 1 de 1864. Uno de los 42 municipios que conforman el departamento, situado al norte de la ciudad de Santiago de Cali (capital), en el Área metropolitana, municipalidad, a tan solo 10 minutos y 12 kilómetros del casco urbano.

Hasta allí llegan las pesquisas sobre las oxidadas pruebas de paternidad de los hipotéticos hijos de ‘El Libertador’, lugar donde los nativos insistieron -por años vía oral- la picante, pero fraguada historia, cuyo autor mencionaré más adelante, consistente en que Bolívar, estuvo en  este este poblado de negros, donde se dijo -sin fundamente- que allí intimó con Ana Cleofe Cuero, cuya tatarabuela -Benedicta Caicedo Cuero- 200 años antes, fue esclava, propiedad del potentado hacendado, don José María Cuero y Caicedo, dueño de la Hacienda Mulaló, a orillas del río Cauca.

Resultas de la atribuida relación con Ana Cleofe, se sostuvo hasta que se cayó la patraña, que había nacido una niña, a quien su padre, Bolívar, le puso de nombre, Manuela Josefa, el primer nombre en honor a Manuelita Sáenz, y el segundo, como gratitud al par de esclavas: Josefa I, la nana que lo amamantó de niño con leche africana; y Josefa II, su suegra, la que parió a la supuesta amante, ‘negra de pezones erectos’, cuya imagen resultó expuesta en la iglesia, adorada como una santa. La tradición comentaba: «Ella fue la esclava con la que se acostó Bolívar«, dicho sostenido del cura para abajo.

Argucia, invención, tramoya -llámese como quiera- al  punto de documentar la historieta, con una espuria partida de bautizo -soporte de la ‘primicia divina’, como se la tuvo- la cual  rezaba:  «(…) Bauticé, puse óleo y crisma a la niña Manuela Josefa nacida el día 13 de septiembre de 1823, hija del general Simón Bolívar (…) y de la esclava Ana Cleofe Cuero (…)«.  Pergamino firmado por Antonio Lenis, capellán de la Parroquia de San Francisco de Cali, y apostillado por el notario mayor de la Villa de Buga, Pedro Pablo José Cabal y Sanclemente, con el sello de la República de la Nueva Granada.

Montaje adicionado -por si faltara- con el registró de que Bolívar y el padrino, Joaquín Cuero y Caicedo, cancelaron como costas del bautizo, dos reales. Igual quedó constancia que la madre recibió como regalo, dos morrocotas de oro y sumado el que «por voluntad expresa del padre legítimo, su hija llevaría -para siempre- los apellidos Bolívar Cuero«.

BITÁCORA DIGITAL ILUSTRADA “SOBRE LA HISTORIA DEL LIBERTADOR SIMON BOLIVAR”Respecto a la forzada versión oficial de que El Libertador, había preñado una esclava, los inquisidores históricos la cuestionaron, la querellaron con documentos y rastreo de hechos y fechas -fehacientes- concluyendo perentoriamente de que: «El Libertador no engendró ninguna hija en Mulaló, ni en Cali, …Dictamen que agregó: Manuela Josefa Bolívar Cuero, sólo existió en la creatividad, imaginación de quien elaboró la postiza partida de bautismo, divulgada a los cuatro vientos, plagada de errores históricos y de catedralicias mentiras«.

Así quedó desmenuzada la mentira: Se confirmó que Bolívar sí anduvo por el Valle del Cauca, pero en fecha distinta, enero de 1822, nunca en diciembre, huésped que pasó dos noches en el villorrio.  De ser cierto que Ana Cleofe hubiera parido en septiembre 23, las cuentas darían a que el embarazo duró 19 meses.

El historiador, Antonio Cacua Prada, concluye al respecto: «Se ignora cómo harían para traer al padrino, porque el prócer, Joaquín de Caicedo y Cuero, fue fusilado en Pasto, el 26 de enero de 1813 -continúa-, y el presunto capellán, Antonio Lenis, no aparece en los listados de frailes franciscanos (…) y San Francisco, en Cali, nunca fue Parroquia«. Ne me diga más diría el inigualable Berceo.

Aquí sobresale el creativo de la inauténtica invención: «Muy loable la intención que tuvo el arquitecto Iván Escobar de atraer al turismo caleño, vallecaucano y nacional (…) pero falló al falsear de cabo a rabo la historia«. La partida de bautismo de Manuela Josefa Bolívar Cuero, desapareció físicamente desde entonces, como por encanto, más no la tergiversación, que sigue de boca en boca.

Fábula con la que culmino la serie conexa con el copioso, exuberante, pródigo número de amantes -reales o imaginarias-, como la nutrida descendencia -hijos existentes o ficticios- del legendario, mitológico, invencible héroe: El Libertador (1783-1830), campeón, galán, superhombre, ‘Padre de la Patria’. Tema -la de las amantes e hijos- nada relevante, tomado en cuenta que nada le pone, tampoco abrevia, aminora, decrece, empobrece, merma, restringe la gloriosa existencia de Simón Bolívar.

Recuento referido, únicamente, para apreciar, entender mejor, descubrir, examinar, valorar, comprobar su lasitud, debilidad humana, en aras de establecer qué tanto interfirieron ese turbulento -a veces- quehacer amoroso, de conquista, añadido a su  incansable peregrinar liberador, accionar militar y político, ya que ya viudo, no quiso -como unánimemente se acepta- tener una nueva relación estable, que le hubiera ayudado a aplacar, atemperar, contener, moderar, reprimir, sofrenar sus eróticos, lujuriosos, pasionales, insaciables ímpetus sexuales.

Amoríos de los que se han ocupado múltiples autores, en forma biográfica o a través de la ficción novelística, sobresaliendo ensayos magníficos de entretenimiento, acción, como otros que se han ocupado de la influencia ejercida sobre nuestro prolífico héroe, entusiasmo, espíritu, fogosidad, aviadas -qué duda cabe- por los genomas heredados de su libidinoso padre, Juan Vicente de Bolívar y Ponte.

Acaudalado, principesco gamonal nacido el 15 de octubre de 1726, Procurador en 1747 del Cabildo caraqueño, quien vivió en España durante cinco años, a partir de 1753. Administrador en 1765 de la Real Hacienda, designado por el capitán general José Solano y Bote; constructor en 1766, del Fuerte Solano en Puerto Cabello; Corregidor, Cabo a Guerra y Juez de Comisos de La Victoria y San Mateo. En 1768 alcanzó el grado de coronel. Ya catano (47 años) -para la época-, contrajo matrimonio el 1ro. de diciembre de 1773.

Lujurioso actor, cuyos genes transfirió aumentados, especialmente a sus dos hijos, la mayor, María Antonia y al menor Simón -lo que se hereda no se hurta-, conforme se deduce de las aventuras transcritas en las deshilvanadas, desordenadas notas precedentes, barruntadas sin pretensión alguna; hechos rememorados, ampliados, comentados -sin morbosidad-, conexos al paterfamilias, los cuales reclaman -para comprenderlos mejor-, equipararlos con el actuar -en el mismo campo-, por el ilustre progenitor, ampliación que este humilde escriba deja para la próxima entrega, tema en el que intentaré adentrarme fielmente.

Bogotá, D.C., 06 de octubre de 2021

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mario arias gómez
Abogado, periodista y escritor


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