‘Los mismos con las mismas’ (III)


 

Adivinen quién me cargó.

mario arias gómez

Por: mario arias gómez.

O

tros historiadores -para concluir- asocian el origen de la célebre frase -en comento- del gran Divino Cayo Julio César, a su apasionada, secreta relación amorosa con, Servilia Cepionis, esposa de Silano, madre de Bruto, quien lo apuñaleó en una sala del senado, el que al verlo entre los asesinos, se afirma lanzó la expresión: “Tú también Bruto, hijo mío”, símbolo de traición máxima- (persiste la duda si César era al fin su padre biológico o adoptivo). Frase inmortalizada por Shakespeare. Plutarco asegura en contrario, que malherido, se cubrió la cabeza con la toga, sin modular, decir palabra.

Reservado amorío confirmado al recibir César de Servilia, en pleno cónclave senatorial, una nota de explícito contenido erótico, que su enemigo político, Catón -hermano de Servilia-, la supuso parte de un complot contra Roma, exigiéndole leerla en voz alta, a lo que César correspondió, instándolo a hacerlo él mismo. Fue histórico el ridículo que ante 400 testigos y escribas protagonizó entonces Catón; como humillante la afrenta que debió soportar el ‘cornudo’, al comprobar el engaño. Silano fallece un año después.

Suceso paralelo al acaecimiento de la Bona Dea, sin que el causante -Clodio-, hubiera sido juzgado. De momento, los amantes se encontraron: César divorciado, Servilia viuda; coyuntura propicia para haber regularizado el concubinato, pero no, -al parecer- es cuando se acuña la sentencia: “La mujer del César además de serlo, tiene que parecerlo”, dando a entender que no iba a contraer nupcias con quien, Roma toda, conocía su infidelidad, a pesar de ser él, centro del adulterio.

Versión, no necesariamente excluyente con el laudo inicialmente transcrito, sin descartar que haya sido el mismo, usado en las dos circunstancias aquí planteadas, Pompeya como culpable de infidelidad, o inocente como lo atestiguaron las conspicuas matronas del patriarcado romano. Implacable, inclemente veredicto desde entonces recogido por los cánones sociales, aplicable en el caso de las incontables ‘Marthas-lucías’ que en el mundo han sido, cuyo amañado, disconforme comportamiento deja mucho que desear, prestándose -irreversiblemente- para las cáusticas, incisivas interpretaciones del trillado “qué dirán”.

Al respecto, celebro el forzado anuncio -de ser cierto-, de la tristemente célebre, la desnortada, impresentable, marchita Vicepresidenta, de desterrar -estrujada por el merecido varapalo recibido- de su catedralicio ego, la aspiración de dirigir los destinos de la martirizada patria, fruto del apolillado escondrijo, resguardado durante 23 años, relacionado con el pasado familiar, minimizado con el cuentazo del ingenuo ‘joven’ hermanito -de 37 años-, inducido a ganarse -según Martha Lucía- una ‘platica fácilmente”.

Igual disculpó la compinche, delictiva relación del esposo con el narco-delincuente, ‘Memo Fantasma’; antecedentes que la lechuza en cuestión, escondió al no informarlos a los hoy sorprendidos electores, especialmente las infantiles aventuras del protegido hermanito, desharrapado con el alcance de tentar, persuadir las dos ‘mulas’, a traer entre sus estómagos desde Aruba -vuelo 760 de Air Aruba (12 de julio)- la heroína que dejó por el suelo la irrisoria reputación familiar solventada -en el entretanto- por la trashumante política de marras.

En el mundo político ‘señora’, comercial, privado se requiere, lo que le falta: credibilidad, transparencia. Cuanto más alta es la reputación exhibida, más expuesta se está al escrutinio público, más obligante es guardar, mantener las formas; máxime cuando se solicita el favor popular; premisas hechas de lado por la cariacontecida, conchuda, manguiancha’, patética Vicepresidenta, que en un intento por tapar la falta de limpieza de la que tanto se ufana, fraguó la increíble fábula que cubrió con un manto de duda su proceder, que compungida disfrazó de ‘flagelo’, ´tragedia familiar’.

Parafraseando la milenaria cita: “No solo hay que ser sino parecer”.

Al líder no hay porqué pedirle cuentas -al que lo es-, pues es impensable que actúe incorrectamente, como lo hizo, absuelta por sus ‘comprensivos’, resbalosos protectores que, con la algarada de conmilitones, reclaman -lo que faltaba- para la flamante, efímera, insufrible ‘heroína’, el perenne homenaje del bronce, con cargo a los por ella ultrajados, al llamarlos ‘mantenidos’.

Cofradía de ayayeros que ignoran que, por encima de los lazos familiares, está la ley, que en su caso no cabe el conmiserativo silencio -cómplice- con el que corrieron a absolverla, cubriéndose -de paso- ellos mismos: Uribe, con su cuñada, Dolly Cifuentes -“La Meno”- extraditada (2012) a EE.UU., vinculada “al Chapo Guzmán”. Pastrana, con su primo, Gustavo Pastrana -Ministro Consejero de Colombia en Uruguay-, pillado lavando dólares. Claudia Venegas Pastrana, sobrina, capturada en el Eldorado (abril/1988) con 13.804 gramos de cocaína. El desvergonzado ‘bojote’ -elegido con dineros del narcotráfico- no necesita presentación.

08/07/2020

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