Malos Aires en Bogotá

Eduardo Padilla
Eduardo Padilla

 

Por: Eduardo  Padilla Hernández.

Abogado.  Presidente Asored Nacional de Veedurías*.

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En el año 2015 el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, publicó su Informe Nacional de la Calidad Ambiental Urbana, ubicando a Bogotá con una calificación de 50.9 puntos sobre 100, lo que la clasificó en calidad Media Ambiental. Uno de los factores preponderantes de esta evaluación del Índice de Calidad Ambiental Urbana ICAU, esta representado en los factores de zonas verdes por habitante, que para Bogotá representa 3.9m2/hab y por supuesto la calidad del aíre con una calificación de 0.8.

Como todos los temas ambientales, en Colombia contamos con una gran cantidad de información para que las administraciones puedan fortalecer los aspectos positivos y tomar medidas correctivas asertivas, frente a los aspectos que se deben mejorar.

Es por esto por lo que no se explica como la actual administración de Bogotá, de manera obtusa, toma medidas que se ponen en contravía con las acciones que, durante años, administraciones más estudiosas y acuciosas de la temática ambiental, han desarrollado de manera exitosa.

Bogotá, enfrente en materia de aíre, grandes retos desde los sectores industriales y de transporte público, principales fuentes de contaminantes, como se ha reconocido por diferentes autoridades y estudios.

Ya hay ejercicios de control y vigilancia en la ciudad, que la actual administración debe conocer, que han propendido por poner en cintura a los emisores de materiales al aíre, como es el caso de las ladrilleras de San Cristobal al Sur de la ciudad, un problema de gran envergadura durante el 2015, desde la Personería Local, lideré un proceso de reconversión financiado con recursos de la JICA (Agencia de Cooperación Japonesa) para dotar de equipos con tecnologías amigables con el medio ambiente. Estos ejercicios han servido de base para que otras zonas y sectores de la industria vuelvan sus ojos a la responsabilidad que les asiste como los principales contaminadores del aire que respiramos los habitantes de Bogotá. Pero así mismo, se lideraron, desde la Personería Delegada para Medio Ambiente, en el año 1997,  procesos de control y monitoreo a las emisiones de gases de los buses del transporte público, llevando a procesos donde se logró la inmovilización de aquellos que no cumplían los parámetros definidos por las autoridades.

Aunque los carteles y mafias,  de estos temas se opusieron en su momento a las medidas tomadas, se logró demostrar que el tema es de  compromiso institucional.

Por eso resulta monstruoso que, dándole la espalda a los estudios y ejercicios históricos, hoy la alcaldía promueva medidas como el pico y placa para vehículos particulares, los cuales deben anualmente, cumplir con una serie de requisitos como la revisión tecno mecánica, que los obligan a mantener unos parámetros menos impactantes frente a la problemática del aíre en Bogotá.

Pero aun más risible, como lo han comentado muchos medios de comunicación, es la aplicación de estas medidas, mientras se toman acciones de tala de árboles en toda la ciudad, como si no nos hubieran enseñado desde la escuela, que los árboles mejoran la calidad del aíre y nos brindan muchos beneficios que redundan en el mejoramiento de la calidad de vida.

No vamos a recalcitrar sobre lo que ya muchos se han pronunciado, lo impertinente de las medidas, lo lesivo desde los aspectos económicos y sociales, y los pocos resultados alcanzados, confirman que es inútil disfrazar unos intereses económicos particulares, con estrategias ambientales.

Nuevamente, he de llamar la atención frente a la miopía ambiental de la administración pública, y por supuesto de los entes de control, llamado hoy a verificar que manos oscuras están llenando de malos aires nuestra ciudad.

Debemos exigir de la administración en cabeza de su alcalde, que se implementen operáticos de control al transporte público para lo cual se dispone de las fuerzas de la Policía, quienes tienen el deber de acompañar a la alcaldía en la implementación del control y vigilancia de las fuentes móviles, especialmente en el transporte urbano. Debemos exigir que suspenda la tala de nuestra riqueza forestal urbana y por el contrario de fortalezcan acciones comunales de reforestación, protección y cuidado de parques y zonas verdes. Debemos exigir la formulación y desarrollo de proyectos de reconversión industrial. Estas acciones realmente van a cambiar nuestro entorno y van impactar en la calidad del aire.

Por esto resulta loable la labor de Concejales como el Dr. Jorge Duran Silva y algunos de sus compañeros, Concejales que el viernes 22 de febrero,  llamaron al orden a la administración, en el Control Político sobre los efectos del cambio climático en Bogotá, y exigieron el desarrollo de medidas que realmente impacten sobre la problemática altamente diagnosticada.

Nuestra realidad cotidiana nos hace reflexionar en que mientras los buses del transporte público nos contaminan el aíre de Bogotá, nuestras fuerzas del orden persiguen a los trabajadores informales. Dura realidad para nuestras generaciones futuras.

Pero además de la inoperancia de la administración frente a las funciones que les competen, esta situación ha hecho evidente uno de los principales problemas de nuestra sociedad, la corrupción rampante que se pasea por nuestras calles y que en este caso tiene el nombre de reconocidas marcar productoras de vehículos, que hoy se han “ganado” una licitación para continuar suministrándonos buses de dudosa calidad ambiental, mientras que es voz populi, que financiaron la campaña de nuestro acalde. Blanco es gallina lo pone.

Parece que a nuestros dirigentes nada les afecta ante su sed de poder y riquezas, pero yo les pregunto a aquellos que venden nuestro bienestar por unas monedas, ¿los malos aires que nos toca respirar no son los mismos que respiran ellos y sus hijos y familias?, si al menos no es la decencia y la honestidad la que los mueve a tomar decisiones en favor de la comunidad, que los haga moverse el pensar que los malos aires también llenan sus pulmones.

Magíster en Derecho Ambiental y profesor de la materia*.

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