“Mucho Abucheo”: Antieditorial a El Espectador

Duberney Galvis

 

Mucho Abucheo. Así tituló el prestigioso diario El Espectador su editorial del 31 de enero del 2016. Esto en referencia a los hechos ocurridos entre el presidente Santos y estudiantes de la Universidad Nacional en cabeza de la representante al Consejo Superior, Sara Abril.

La editorial es respetuosa, se asegura de reconocer los problemas expresados por Sara, reconoce también los méritos de la estudiante y critica a quienes la critican por haber cuestionado a Santos. Luego el nudo del texto está elaborado para indicar que la ‘valiente’ estudiante desaprovechó el espacio, y al agotar el texto un desprevenido lector podría concluir: reinó el irrespeto, la muy pilosa Sara prefirió ganar el aplauso del estudiantado y agitó el abucheo.

Si profundizara en los hechos la editorial no omitiría de entrada un asunto de gravedad mayor, cientos de estudiantes nuevos convocados a un auditorio para ver el vistoso documental “Colombia Magia Salvaje” y ¡oh, sorpresa! aparece el presidente Santos. Conducta que además de antiética es un anuncio engañoso que utiliza el nombre de la universidad. Semejante carnada sobre la que no han pronunciado palabra presidente o autoridades, no puede ser descartada en los fundamentos de la comunicación y el periodismo.

Continuando, no es secreto que a los representantes estudiantiles suele vetárseles en los espacios universitarios cuando hay presencia de un miembro del ejecutivo, más tratándose del presidente. Asunto repudiable, pues han sido elegidos democráticamente, en el caso de Sara, con tres mil votos más que el rector Ignacio Mantilla entre los estudiantes. Esto explica por qué muchas veces los representantes irrumpen en los auditorios luego de haber hecho mil maromas para ingresar a espacios donde tenían derecho previo a estar y opinar.

Veamos ahora el asunto de las formas, trascendental para lograr trasmitir el contenido de las razones. No aparece en los videos insultos de la representante al presidente. Expone con brío un sentir nacional y universitario, con datos precisos, por ende sería irónico si sus palabras hubieran recibido el júbilo de los gobernantes y no de estudiantes que viven la realidad de lo allí advertido. Insistir en resignificar el tono de sus palabras es exagerar en la importancia de la semántica, empujándola además al idealismo que, hace siglos, viene perdiendo debates con la academia. Por lo demás, rescatando la sana intención del periódico por exigir compromisos al presidente con la Universidad, un buen ejercicio sería entrevistar sobre el tema universitario a Sara Abril y Juan Manuel Santos.

…pero respondían, al parecer la mayoría de los estudiantes, con alborozo y abucheo, “mucho abucheo” considera El Espectador, queda por entender si el diario prefería más poquito o ningún abucheo. Pero y acaso no es el abucheo en su origen mismo una expresión de desencanto, un rechazo coreado que recobra vigencia. Recurrente en Colombia ante la presencia de Santos en eventos públicos, puede gustar o no, pero precedida de hechos concretos y argumentos válidos, es una expresión revalidada en su esencia.

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Finalmente recuerda todo esto un poco a los acontecimientos históricos no muy contados de la ópera. Antes de Wolfgang Amadeus Mozart, la ópera era considerada dé y para exclusividad de las clases superiores en cuanto a contenido, asistentes y personajes, especialmente los protagonistas. Hechos que trasgredió radicalmente Mozart con obras como Las bodas de Fígaro: un criado, revelado contra el conde y su moral feudal, y más listo que la aristocracia. Desde luego aquel estilo de Mozart, muy popular en sociedades como la Francia de la época cuyo piso social se movía; no estaba ajustado al acostumbrado y aprobado por los aristócratas. Despertaba en el público risas, arengas y abucheos hacia algún personaje, escena artística o política de aquellas obras. En sus comienzos, tal osadía fue castigada con la Guillotina.  Por fortuna, la modernidad existe.

Por: Duberney Galvis.

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