¡Muerto el perro, acabada la chanda!


 
mario arias gómez

Por: mario arias gómez.

P

roverbio que insta a establecer la causa y efecto de la impresentable, desgastada, provocadora, revanchista propuesta -recargada de odio- de la constituyente, que instituya una Corte única, que nació muerta, planteada -en caliente- por los comprensiblemente indignados, lacrimosos cortesanos del innombrable, perturbados con la bochornosa, inédita prisión domiciliaria, contra el marchito, adulado ídolo, hecho sin precedentes en la historia judicial y política del país.

‘Estupendo bandido’, al decir de sus incondicionales áulicos, que porfían en su insostenible ‘inocencia’, amor patrio. Parafraseando el ‘ladrón o no ladrón, queremos a Perón’, aquí muchos ensalzan al sietemachos de marras, por su desparpajo, capaz de intimar a la ‘mechuda’, con el “te voy en la cara marica” y “a esos ‘hijueputas’ magistrados que escuchan mis conversaciones”.

“A grandes males, grandes soluciones”, armónico con la intensión de la gente de bien que, con óptica distinta, humana indulgencia, sin lenguaje verdulero, suplica al Gobierno y prosélitos, acatar la decisión soberana de la justicia, democráticamente, la cual reivindica al sinnúmero de víctimas -ciudadanos de a pie-.

Fallo que rehabilita a los valientes jueces, que no se amilanaron ante la torrencial avalancha de inaceptables injerencias, presiones -mal disimuladas-; encabezadas -para vergüenza-, por el incompetente, opaco, sometido, decorativo epígono, a quien le quedó grande -qué duda cabe- la regalada toga de ‘primer Magistrado’.

El ABC jurídico enseña, que los fallos de la justicia se respetan.

Duque, sin conocer una de las 1.554 páginas del auto cuestionado, desenvainó una inconexa, primitiva catilinaria de denuestos, reproches, vejámenes, calumnias motivadas por el fulminante arresto, buscando congraciarse con la enardecida, parasitaria galería de perjudiciales alimañas que conforman su potencial electoral.

Enajenado, incoherente oxímoron, que mientras se derretía balbuciendo un mendaz respeto por la CSJ, en paralelo vomitaba avinagrados, inconsistentes, venenosos, humillantes dardos contra la majestad de la Magistratura; indisimulable manera de ganar réditos con el ávido ‘patrón’, que dijo conocer de siempre su ‘obra y milagros’, olvidando las sindicaciones de su padre, las suyas, a una gacetilla parroquial. Improcedente absolución, repetida con ‘uribito’.

Sin querer echarle sal a la herida, permítaseme elogiar a los magistrados que no se doblegaron ante la mítica, falaz creencia, de que la justicia es para los de ruana, no para el intocable, por más poderoso e influyente que pareciera; lo cual reclama reabrir a la brevedad, los 276 procesos en su contra, que acumulan polvo en los abarrotados anaqueles de la impunidad. De retomarlos, merecerían los mismos estimulantes aplausos irrogados por el Centro Democrático, a la Corte Constitucional, al allanarse ‘forzadamente’ a la segunda instancia del exministro Arias.

En un Estado de derecho, cualquier ataque a la independencia de la justicia, es disciplinable, como lo recordó -entre líneas- el indulgente Procurador: ‘Los funcionarios acatan no atacan los fallos judiciales’, ahí plantó. Admonición extendida a las medianías que las reprodujeron, contrastando con el acerado, Mario Aramburu, que no se arredró en censurar a Lleras Restrepo.

Confieso que no suscribí el plebiscito en favor del Simón Bolívar revivido, promovido por el enceguecido, radicalizado círculo de ‘abogansters’, por no contarme entre los “enemigos de la paz”, que “desean -para el amado terruño- un modelo político de origen marxista-comunista” -sentimiento que llevo en los genes-. Como ellos, “Estoy en pie de lucha” pero, contra la entelequia del miedo, en defensa de los caros principios: orden, libertad, justicia, equidad, igualdad de oportunidades para todos.

Preceptos que demandan -doctor Omar- solidaridad, no para quien -según usted- “ha hecho historia”, pero de la mala. Solidaridad, sí, para las inconsolables ‘Madres de Soacha’, que lo acusan de arruinarles la vida, quien las revictimizó al calificar de “buenos muertos” a sus inmolados hijos, que “no estarían recogiendo café propiamente”. Solidaridad, para los desaparecidos, contabilizados por el Centro Nacional de Memoria Histórica, que lo salpican “por acción u omisión”, y claman venganza al Cielo.

Solidaridad para los mártires producidos por el extermino de la UP; para los caídos por los asesinatos selectivos, invisibilizados en cementerios clandestinos; para los torturados, acribillados en El Salado, que escaparon de morir en los Montes de María, cuyas tierras están en poder de terratenientes inescrupulosos. Para los sacrificados que “compraron unos caballos hurtados de la hacienda Guacharacas”.

Para las familias de los descuartizados a machetazos en el nororiente antioqueño, los masacrados de: Apartadó; Bojayá; Buenvista; Cáceres; Chigorodó; Cerro; Chengue; Guachaca; Ituango; Jardín; La Granja; Macayepo; Mapiripán; Mesetas; Nogal; Palermo; Remedios; San Roque; Segovia; Tandil; Tumaco; Urabá; Valdivia; Ventanas.

Mencionarlos a todos, llenaría repugnantes, infinitas páginas.

Bogotá, D. C. 12 de agosto de 2020

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