Oportuna salvaguarda

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Dos cartas le he enviado al ministro de Comercio, Industria y Turismo, solicitándole hacer uso de la salvaguarda contemplada en el TLC con Estados Unidos, para proteger a la producción lechera, no solo afectada estacionalmente por el clima y coyunturalmente por la pandemia y su efecto en la caída de la demanda, sino agobiada estructuralmente por un mercado imperfecto con clara posición dominante de la industria láctea, que muy seguramente estará presionando para que no se dé curso a nuestra solicitud para detener la avalancha de importaciones de leche en polvo.

¿Por qué la salvaguarda? Ahora mismo, un pequeño ganadero, como los hay más de 300.000 en todo el país, no entiende por qué tiene que venderle su leche a un “crudero” por lo que le den, o con mejor suerte, por qué está peleando con la industria para que le reajusten alguito el precio, pues los insumos (concentrado, abono, semilla, etc.) ya subieron, y no precisamente “alguito”.

Al ver las noticias, no entiende por qué la industria les compra leche a ricos campesinos de Estados Unidos y no a sus compatriotas pobres, como él, que producen toda la que pueda necesitar, de buena calidad y a buen precio.

No entiende por qué, si sobra leche en el país, si estamos en pandemia y los productores están –perdónenme la expresión– “rejodidos”, porque además de los problemas de siempre con la industria, dizque los supermercados no piden lo mismo, dizque los colegios no están funcionando, dizque mucha gente, si tiene p’a la leche no tiene p’al queso, dizque lo uno y lo otro; si todo esto sucede, por qué el Gobierno no prohíbe que les sigan comprando leche a los campesinos gringos; ¡qué envidia!

Nuestro campesino no entiende de compromisos comerciales, TLC, de contingentes ni de aranceles, y se sorprendería al saber que existen esas condiciones, pero también las formas de “hacerles el quite”, no con trampas, sino dentro de las mismas reglas negociadas. Solo falta que el Gobierno, alegando “condiciones adversas de competencia”, más que justificadas por demás, solicite algo con un nombre bien puesto: la “salvaguarda”, porque de eso se trata, de “salvar” a nuestros campesinos, de “guardarlos”, de protegerlos para que vendan su leche a un precio rentable.

Se sorprendería más al saber que toda esa leche, 43.000 toneladas solo de Estados Unidos y 75.000 de todo el mundo, equivalentes a más de la cuarta parte de lo que compran en Colombia (el 27%) y a cerca de 900 millones de litros que no les compraron a nuestros campesinos en 2020, ahora prefieren traerla “descremada”, no solo por barata, sino porque, revuelta con lactosuero y algo de grasa vegetal, puede venderse como bebida láctea en empaque costoso. No es práctica generalizada, pero está sucediendo…

Finalmente, una de las consecuencias económicas de la pandemia a escala mundial es la desarticulación de las redes de distribución. En otras palabras, por fuerza de las circunstancias, en todo el mundo se están incumpliendo compromisos adquiridos en condiciones de normalidad. Aun así, no se trata de incumplir, sino de usar alternativas legítimas, disponibles y temporales en defensa y beneficio de la producción nacional.

Señor ministro: “salvaguarde” usted a la lechería colombiana.

Notas bene: 1) Rechazo general al mezquino y mentiroso jueguito de Timo y Santos, de “tu-me-escribes-yo-te-contesto”. 2) El sector agropecuario y la ganadería sacaron la cara con crecimientos positivos en medio de la mayor caída histórica del PIB. 3) Mientras el mundo aplaude a Colombia por apoyar a los migrantes venezolanos, la despistada ONU sale en apoyo del régimen fallido que los expulsó.

@jflafaurie

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Jose Felix Lafaurie


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