País de Jauja (i)


 
Por: mario arias gómez.
T

ítulo que tomo de la novela del iluminado escritor, Edgardo Rivera Martínez que, al decir de enjundiosos críticos literarios, constituye la mejor fábula peruana que nunca antes pintó con tanta finura y perspicacia semejantes, la seductora belleza que revolotea en sus páginas, equiparable a la de los encomiados momentos novelísticos de Arguedas y Gutiérrez, sus coterráneos.

Arguedas, considerado uno de los grandes portavoces de la literatura inkaica, que introdujo una visión interior más rica e incisiva del mundo indígena, y Gutiérrez, estimado como uno de los más destacados narradores de la “Generación del 50”, en lo referente a la temática urbana y bases marxistas a las que, a la concepción artística, agregó el tema de la tradición andina, cambio social, violencia que, junto a la propuesta política -según censores y retóricos-, debiera generar la literatura moderna.

Compilación de homéricas epopeyas, ideas que, nada tienen que envidiarle a los dramáticos, supuestos logros -que rayan con lo absurdo- pregonados por el ufano presidente Duque, el pasado 31 de diciembre/2019; zombi mandatario que no despega, al que se le acabó el compás de espera para rectificar el rumbo -que no ha tenido-; como para desmarcarse del despótico mentor, que rehúye la ‘Comisión de la Verdad’, al que vale recordarle: ‘El que algo teme, algo debe’.

Muchos de los que votamos por el pupilo, lo hicimos, no propiamente por ‘el que dijo Uribe’, sino por simpatía, juventud, carisma; otros por atajar el Petro-chavismo; falacia que ocultó la impericia, improvisación, inhabilidad, inmadurez, torpeza, falta de enjundia, recorrido político, experiencia administrativa -irrefutables- para ejercer la alta dignidad de Presidente, al punto que es la hora que no sabe si su lealtad es primero con Uribe o con el país.

Con voz impostada, el despalomado, fresco, ineficaz, lerdo, soñoliento mandatario, despidió 2019, con hueca, penosa, vana palabrería -llena de lugares comunes- con la que apuntaló los apócrifos ‘logros’ con los que intentó ridículamente equiparar la nación, con el ‘país de las maravillas’, que Lewis Carrol pinceló en 1865, que de inexistente, pasó -por arte de birlibirloque- a una impensada realidad, mediante el reacomodo del desbarajuste reseñado el siete de agosto -sin tacañería, con ánimo pendenciero-  por el semianalfabeto de las ‘jugaditas’ -avivato ‘cum laudem’-, retribuidas con la desvalorizada -desde entonces- Cruz de Boyacá.

Hay que estar ciego, sordo, para no ver, escuchar el clamor del encolerizado pueblo, descontento, frustrado, hastiado con el decorativo, bisoño, dubitativo, improvisado, incoherente, testarudo sub-presidente de los ricos; paquete chileno que en vez de domesticar su orgullo, darle cabida a la autocrítica que le permita compensar la ausencia -desafortunada- de liderazgo, pericia, causas de la decepción, de los garrafales errores cometidos; estrepitoso fracaso -para el olvido- disfrazado con el susodicho balance, pintado, color rosa, exculpado con la precedente herencia referida.

Con certeza, lo único que ha brillado en el siniestro gobierno, ha sido la inseguridad, inacción, mediocridad, corrupción, desempleo, exclusión, la indiferencia (cómplice) ante los diarios asesinatos -por fuerzas oscuras- de líderes sociales; el estancamiento económico certificado por el gerente del Emisor, ante un auditorio integrado por las más notables, poderosas vacas sagradas del país-; la restricción periodística independiente: ¿’De qué me hablas viejo’?, idéntica a: ‘siguiente pregunta’ del innombrable.

Pero…, qué más puede uno pedirle a quien luego de ocupar por una década, una corbata internacional de segunda (‘telonero de eventos del BID’), un golpe de suerte lo regresó con una credencial de Senador -no luchada- entre el bolsillo, obsequiada por Uribe, para pasarlo derecho -sin bagaje, ‘background’-, a Presidente de Colombia, sin que nadie haya entendido -hasta ahora- el fundamento, razón, por qué, a qué precio, más que la traición infligida al descabezado, vejado Oscar Iván,  a quien le concernía -por derecho propio- la candidatura, aduciéndose una investigación -sin prueba-, en la que Duque, -testigo de excepción, presencial- refrendó la falsedad, saltándose Uribe, la sagrada ‘presunción de inocencia’, que solo aplica -al parecer- al centenar y pico de indagaciones que lo acechan.

‘Dato mata relato’. Hilarante, inequívoca verdad de Perogrullo, soporte del 70 % de desaprobación, refrendada por Ivamer, Gallup, y que Duque tiene el cuajo de asegurar que es debida a sus malquerientes que desconocen la fantasmagórica bonanza, orientado a excitar una iletrada audiencia.

Deshijar el iluso paraíso expuesto el último día de diciembre, requiere de más de una columna, a fin de incluir el cúmulo de razonadas, ácidas, mordaces réplicas que congestionan las redes sociales, sumadas las suscitadas por la demente, irreflexiva, torpe política exterior, que recogeré en próxima entrega.

12/02/2020

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