¡PARTE DE VICTORIA!

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En la antigüedad los triunfos romanos se concedían a los generales victoriosos. Roma se vestía de fiesta para honrar al héroe militar que le reportaba gloria. Recordación que -guardadas proporciones- viene a mi memoria al conocer el ¡Parte de Victoria! expedido -con paso vencedor- por el pletórico, triunfante, OMAR YEPES ALZATE, ‘gran prior’ del conservatismo, dirigido a las huestes, y que expresó -palabra más, palabra menos-:

Luego de superar el Partido en votos y escaños para el Senado y la Cámara de Representantes, el directorio Nacional, reinicia el trabajo por Colombia -prédica que surtió efecto-, en procura que, el compromiso de los militantes como su conducta, esté acorde con los inmanentes, eternos principios conservadores: el orden, respeto a la ley, la autoridad, la defensa de la vida, la familia, la tradición, la propiedad, el empresariado, el empleo, el medio ambiente, etcétera”.

Profética, insomne, transparente gestión, adelantada con determinación, fe, patriotismo, inquebrantables, por su legendario presidente, que no se cruzó de brazos en pos de reconquistar las extraviadas: preminencia, grandeza, los espacios perdidos por el sempiterno, imperecedero Partido. Insuperable, portentoso hito agregado a su vetusta historia; cometido equivalente al legado emanado del acatado, heroico, reverenciado, OSPINA PÉREZ, cuando en 1976 le propuso a la soldadesca, abandonar el cogobierno, de no alcanzar el 40 % de la votación, asequible mediante la unidad, solidaridad.

Prominente reto -de singular trascendencia-, pues frenó el deterioro institucional, traducida en insignificancia; legitimó, consolidó el actual liderazgo del precitado, YEPES ALZATE, cuyo solvente, traslúcido, tangible balance, queda ligado irrevocablemente, por siempre, a destinos superiores, que reclamarán de la gloriosa, invicta, laureada estatua viviente, su valorada dirección que ejemplificará, servirá de modelo -¡Qué duda cabe!- a las nuevas generaciones.

Victorioso ser humano, con inconfundible fisonomía que en buena hora izó, en una atmosfera de paz, la bandera de la concordia, de la reconciliación  que desarmó los espíritus, preparó el entorno para acometer la exitosa, fructuosa, magna, pródiga empresa de reunificar las dispersas falanges, también, para que dentro del marco de la legalidad, fijara -libre, espontáneamente- el norte; encauzara -además- la solución de la espeluznante, dramática, compleja situación presente, recibiendo el domingo pasado el más amplio, diáfano plebiscito.

Resultas de su implacable, neutral conducta -sin sospecha-, subordinada, en un clima de franca armonía, fraternidad, libertad, tolerancia, de leal juego limpio en la emulación democrática al interior del partido; exigencias básicas, únicas para alcanzar, viabilizar la embolatada supervivencia política de las hermanadas mesnadas conservadoras, cuya vocería, intencionalmente asumo, para proponer -digo mejor para suplicar- al desvelado, incansable, competente comandante en jefe en comento, abandonar su anunciado empeño de dejar en junio expósita, huérfana la tribu.

En democracia el ejemplo educa -en grado sumo-, ayuda a construir -sin sobresaltos-, la fortaleza infranqueable contra los abusos ocultos en los resquicios más sinuosos de nuestra triste realidad. Patriótica misión solicitada nuevamente, al caballeroso, YEPES ALZATE, cuyo triunfante mandato rodeó de fehacientes garantías, efectivas, de real imparcialidad -a toda prueba-, alejado de hipócritas, egoístas intereses politiqueros, que envenenan el ambiente político, probidad demostrada, al no haber ejercido presión, movido ningún dedo en favor del carnal hermano, Jorge Hernán, malogrado aspirante a la Cámara de Representantes.

Especie de Cincinato criollo, arquetipo de rectitud, honradez, integridad, virtudes romanas que, agregadas a sus genuinas: austeridad, rústica frugalidad, sentido de solidaridad, lo enaltecen -a cuál más-, reclamándole un nuevo sacrificio, continuar abanderando, su fervorosa, cohabitante política, independiente, sin exclusivismos, que antepone -veraz, encomiablemente-, la patria por encima del partido, del interés personal, de los paroxísticos odios heredados,

Exaltado, pragmático dirigente, investido con una sorprendente, inquebrantable, invisible frialdad -en grado sumo-. Redichas virtuosidades al servicio de la nación, en aras de apaciguar la brutal, indignante, infamante, irracional, recalcitrante, violencia sociopolítica; de apacentar la soñada convivencia, que otrora dio paso al Frente Nacional, obra de los acatados, esclarecidos, preclaros, encopetados -intelectualmente hablando- Alberto Lleras, Laureano Gómez, determinantes de los efímeros, fugaces: bienestar, progreso, grandeza del país, del hermanado reencuentro.

Admirable, bienhechor, heroico, inédito pacto, edificado sobre concepciones filosóficas, ideario y postulados democráticos, republicanos, ‘aggiornados’ -a sotto voce-; prorrogados en Caldas, por la edificante, pertinaz coalición: Barco-Giraldo-Yepes, en cuya génesis alguna participación tuve.

Épica, mesiánica política acogida con entusiasmo por el conservatismo, en cuanto significó la unificación de las plurales, corresponsables fuerzas vivas de la República, comprometidas en el mejorestar, la erradicación del catártico conflicto político que sobre ella gravitaba, para lo cual se emancipó de los burdos, catastróficos, cuestionables, difuntos, hegemónicos, mastodónticos gobiernos de partido. Incordios atollados en el confusionismo ideológico.

Bogotá, D.C., 20 de marzo de 2022

http://articulosmarioariasgomez.blogspot.com.co/30

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mario arias gómez

Abogado, periodista y escritor


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