¡PENSILVANIA!, ‘Mi pueblo natal’ II

Compártelo:

 

Dice el dicho popular: ‘al bagazo poco caso y al carbón poca atención’.

Expresión de la que echo mano para replicarle al esquizofrénico, tragicómico, tóxico gilipollas que, arguyendo mi casual nacimiento en la señorial, histórica Salamina (Caldas), intenta el muy atorrante cicatear mi patria chica, ¡PENSILVANIA!

Cosmopolita ciudad -esta- a la que a los pocos meses de nacido, se mudaron mis padres. Emporio que les dio generoso cobijo, donde crecí, me eduqué, formé políticamente, y honrosamente representé -lo digo sin arrogancia- como concejal, diputado, representante a la Cámara, senador, diplomático.

En tal contexto, sin jactancia, instruyo -aunque no debiera- al analfabeto, desnortado papanatas, que: uno no elige la ciudad en la que nace, pero sí puede elegir en la que quiere vivir. Agregándole: el art. 24 de la Constitución establece como derecho fundamental, inalienable, la libertad de circulación y residencia de los colombianos, como la de los extranjeros que hayan ingresado al país conforme a ley, con las limitaciones legales establecidas.

Delirante, gratuita, mezquina recriminación que, a despecho del taimado badulaque, reitero a los  cuatro vientos, mi honroso, preciado gentilicio: PENSILVANEÑO, con todos sus sinónimos y antónimos, derivados del solariego edén que he disfrutado, disfruto plenamente y aspiro -Dios mediante- seguir haciéndolo hasta el final de mis días, como de su fresca ventisca mañanera que silbando baja de la corona montañosa que enmarca el poblado, recorre sus vernáculas calles que impávido, orondo vengo paseando hace décadas.

Ramón de mi Tierra Pensilvania, Caldas 17 de abril 2016 Telecafé - YouTubeBienaventurado, hiperbólico, inmortal, singular paraíso en buena hora escogido por mis mayores, para vivir ‘per saecula saeculorum’, gozar de su primaveral clima de ‘mejilla de novia’. Atípica, ficciosa, improcedente, paranoica, tremebunda expatriación, extrañamiento intentados, que no figuran en los siete ‘castigos de los dioses’.

Impetuosa, inflamada, redundante rectificación que me desvió de la gratificante recapitulación de los festivos, sublimes, nostálgicos momentos -color sepia-, vividos en la ancestral ¡Perla del Oriente!, invictos a la corrosión del tiempo y el olvido, que sobrevuelan en la memoria de mis contemporáneos todos, coprotagonistas de estas galas navideñas. Nido donde empollamos las ilusiones, primeras letras de las desprendidas manos de los admirables, altivos, cultos, espléndidos, insuperables, meritorios, pacientes maestros.

Amelita Gil, Elena Aristizábal, Elisa Salazar, Elizabeth Jaramillo, Mercedes Gómez, Oliva Cardona, Rosalvina Ramírez, Bernardo Herrera, Gutiérrez, Ernesto Gallego, Fortunato Zuluaga, Hernán Arango, Ismael Ramírez, Pedro Ruiz, los icónicos Hermanos: Martín, Claudio, Estanislao Luís, Gonzalo (Carepalo).

Las Hermanas de la Presentación: Madre Ida, Ángela, Carlina de la Cruz, Edelmira -con voz celestial-, Felipe, tutoras de la falange de atrayentes, encantadoras, guapas, hipnotizadoras, seductoras quinceañeras en flor, con sabor ‘a fruta madura’, que, ‘sabían a lo que olían’, a las que babeantes, extasiados vimos -parodiando el bambuco- ‘madurar en sus pechos duraznos recién nacidos, que les servían de puntales pa’ sostener el corpiño’.

Pensilvania en la era digital, su historia en FacebookRecordación -musical- que con el conocido vals remato: “Soñar y nada más, con mundos de ilusión… / Soñar y nada más, con un querer arrobador… / ¡Soñar que pudo ser mi vida para ti!… / Soñar, siempre soñar que dicen que, en amor, / es triste despertar.”

Ejemplares, excelsos, indesmayables, insomnes, prominentes, virtuosos preceptores -entre otros-, que fortalecieron espiritual, intelectual, moralmente las incontables hornadas de bachilleres y normalistas, por ellos forjadas -paradigmas de superación-, desde 1954, que vienen graduándose, desperdigándose por el mundo.

Posta recogida por las indistintas directivas de relevo, de las insuperables comunidades que dieron inicio al inextinguible auge, fuerza, vigor, bienandar de ¡PENSILVANIA!, cuya impronta la elevó a la cúspide de la fama, del respeto.

Graduandos a nombre de los cuales -incluidos los muertos que viven en nosotros- dedico estas agradecidas, elogiosas, laudatorias, sentidas palabras -antes que se extravíe su huella en el laberinto de los sueños-, muestra indeclinable, perenne de gratitud, reconocimiento, implorado un DESCANSEN EN PAZ para los sucumbidos.

Señera, soberbia escuela del saber, de la que muy jóvenes partimos, juventud que para decepción se desvaneció, esfumó, impensada, tempranamente, dando paso -sin solución de continuidad- a la áspera, fantasmagórica, irredimible, solitaria vejez que acosa, carcome, sin que en nuestro enhiesto “yo” signifique amargura, cansancio, derrota, queja.

Madurez, condimento natural que le da sabor a la vida, soporte del mucho o poco éxito alcanzado en nuestro fugaz periplo vital, según el cristal con que cada quien, lo mire.

Constancia de vida que, en pleno uso de las facultades mentales, consigno en esta memoriosa, deshilvanada crónica pensilvense, que degusta, rememora las añosas, deleitosas aventuras, hechos y peripecias vividas por este manso, seráfico ermitaño, que con paso lerdo, trémulo, se extingue quedamente. CONTINÚA

Bogotá, D.C., 08 de diciembre de 2021

http://articulosmarioariasgomez.blogspot.com.co/30

Compártelo:
mario arias gómez
mario arias gómez

Abogado, periodista y escritor


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *