¡Pinocho colombiano!

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¡Pinocho colombiano!

Iván Duque, presidente de Colombia, llega a España en visita oficial.

Con motivo del regreso del Pinocho colombiano, sus más cercanos correveidiles: la sombría ‘prima dona’, Martha Lucía Ramírez y el umbrío, ‘primo uomo’, Ernesto Macías, le cantaron en coro ¡La Marcha triunfal! de Rubén Darío:

¡Ya viene el cortejo! / Ya se oyen los claros clarines, / la espada se anuncia con vivo reflejo; / ya viene, oro y hierro, el cortejo de los paladines. / Ya pasa debajo los arcos ornados de blancas Minervas y Martes, / los arcos triunfales en donde las Famas erigen sus largas trompetas / … … los cóndores llegan. ¡Llegó la victoria! / … Y al sol que hoy alumbra las nuevas victorias ganadas, /…

Empalagoso epílogo consonante con la excepcional cobertura de los mercenarios comunicadores prepagos que, junto a la guardia pretoriana del bicéfalo, empírico subpresidente, hicieron parte del séquito presidencial, que so pretexto de la 80ª Feria del Libro español, en la que ‘Polombia’ era invitada de honor; viajaron por cuenta de los exhaustos contribuyentes, paseo alargado a Nueva York.

Oxímoron elevado a la categoría de héroe nacional, por los encargados de maquillar la crisis de credibilidad, de reputación por la que atraviesa el manipulado, sometido títere del fanatizado innombrable. Escribanos que ocultaron las verdaderas razones por las que canceló la fraguada autoinvitación a presentar el segundo tomo sobre economía naranja, escrito por Felipe Buitrago -exministro de Cultura-, con el que el embustero tramoyista se consagró -con padrenuestros ajenos- como erudito estadista -cum laude-.

Callaron igualmente el motivo por el que el comediante suspendió la visita a la Feria, urdida mediante recurrente coartada, justificada con la prolongación de la “reunión que adelantaba con importantes empresarios e inversionistas”, tapando la intención de evadir la bulliciosa protesta originada por su indeseada presencia, cargada de una oleada de polémicas, debates, por la selección oficial de «autores neutrales», y la censura -tácita- de cimeros, encumbrados escritores. Entre otros: Laura Restrepo, Piedad Bonnett, William Ospina, Héctor Abad, Fernando Vallejo, en que primó, fue determinante lo político a la hora de conformar la representación.

Alevosa, antidemocrática discriminación, falaz discurso de un Gobierno, carente de autoridad, neutralidad, en la que, ‘curiosa’, ‘coincidentemente’, se excluyeron los censores del torpe monigote, de su decepcionante, desafiante, desatinada gestión; de su ridícula incontinencia verbal, adanismo -atroz karma que lo persigue-. Rechiflas irrogadas merecidamente, en desmedro de la dignidad que gratuita, inmerecidamente ostenta, del prestigio, realce del país. Preeminencia que le quedó -irrebatiblemente- grande.

Reprobación a la que adhirieron los más influyentes colectivos sociales, académicos, comentaristas, intransigentes fustigadores de la forma salvaje como el Gobierno, a través del ESMAD reprime las movilizaciones sociales antigubernamentales, que han cobrado la vida de 70 compatriotas; desaparecido, esfumado centenares de personas, de las que no se tiene aún noticia de su paradero o suerte; agregada la inacción, indiferencia -cómplices- de los copados órganos de Control. La Defensoría del Pueblo las calcula en 548. Vergüenza internacional patentizada por la «alfombra roja de sangre» extendida a su paso.

Amnistía Internacional, resalta “el uso excesivo de la fuerza por parte de las fuerzas de seguridad”; la grave crisis de DH en el país”; “las múltiples violaciones y crímenes de lesa humanidad”; “la desaparición forzada; la violencia sexual”. Paralelamente se han pronunciado -heterogéneas veces- a través de las Comisiones de Derechos Humanos-, la ONU y la OEA  que han requeteconfirmado, las habituales “tortura y asesinato de líderes sociales, sindicales, de defensores de DH, conductas delictuales cometidas por las fuerzas del orden, en diversas regiones del país, aupadas -como respuesta- por el Estado, caracterizadas -repito- por el uso excesivo y desproporcionado de la fuerza, incluyendo –en incontables casos- la fuerza letal”.

Agréguese el digitado, oprobioso incumplimiento del Acuerdo de Paz, calificado de débil en la ONU, por orden del irremplazable, lo que desinstitucionaliza  al país. Violación reseñada por los sindicatos españoles, CCOO y UGT. Inobservancia de un compromiso de campaña; traición a la memoria de las víctimas, irrespeto a los deudos; suerte de legitimación política del terror. Asombra ver cómo le cuesta al perjuro saltimbanqui aceptarlo.

Desfachatado camaleón que regresó exhibiendo, orgulloso, la Gran Cruz Isabel la Católica -data de 1815-, segunda en el escalafón de las condecoraciones del Estado español, cuyo gran maestre es el rey Felipe VI. Honrosa presea impuesta, anteriormente, en su máxima categoría de ‘Gran Collar’, a sus dos predecesores, Juan Manuel Santos (2015) y Álvaro Uribe (2005), prueba irrefutable del menosprecio, trato de segundón dispensado por nuestra ‘Madre Patria’, a la despreciable, insignificante, relegada marioneta -en comento- venida a más.

Bogotá, D.C., 26 de septiembre de 2021

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mario arias gómez
Abogado, periodista y escritor


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