“Prohibido prohibir”


 

 

mario arias gómez

Por: mario arias gómez

H

 

istórico, nostálgico grafiti que sintetizó la bulliciosa, rebelde ola de mayo de 1968, signada por tumultuosas huelgas, demandas de libertad -individual y social-; detonante de la espontánea, floreciente, histórica primavera contemporánea de la Francia imperial, liderada por Dany el Rojo, enfrentada entonces a la asfixiante ortodoxia conservadora; al acre statu quo; disposición, querencia revolucionaria, influenciada por los movimientos de izquierda radical; la revolución cubana y cultural de Mao -enemistada del comunismo soviético-; las guerras de Vietnam, Indochina, Argelia; la impetuosa migración, xenofobia patriotera; corriente hippie; violencia.

La policía gala, la noche del 10 de mayo, en una feroz intentona represiva por recuperar el control de París, arremetió contra una manifestación -incontenible-, de más de un millón de franceses; violento hecho que prendió la chispa, bajo los distintivos lemas: ‘la imaginación al poder’, ‘prohibido prohibir’, referentes de la segunda mitad del Siglo XX, que esquematizaron la dinámica social, sacudiendo los cimientos de la cerrada sociedad.

Furor avivado por fanáticos, subliminales mensajes, que cual incontrolable pandemia, contaminaron otros continentes, que no nacieron -como se piensa- ese año, sino en la década precedente; advertencias opuestas al antiautoritarismo, individualismo burgués, que evolucionó a lo comunitario, paradigmas estimulados por la defensa de los derechos civiles, que caracterizó la lucha en EE.UU. de Martin Luther King, líder asesinado en abril/1968, cuyo colofón fue la repulsa al orden exclusivista establecido.

Razonamiento reverdecido hoy contra el errático ‘idiota útil’, exégeta de la pedante política de la ‘mano dura corazón grande’, implantada a ‘sangre y fuego’ por el impío sietemachos del Ubérrimo, mediante las infernales ‘‘Convivir’; operadoras de los macabros, execrables ‘falsos positivos’, presuntamente inspirados por el autor de la privatización de la educación, servicios públicos, salud, considerada antes de la constitución/1991, un servicio público esencial a cargo del Estado.

Monopolio finiquitado con la nueva ‘Charta’, que abocó al país a la absurdidad y la sinsentido privatización (Ley 100/1993), modelo de competencia especulativa de mercado, regulada por el Estado-cómplice, cuyo artífice, pregonero, fue el ‘desalmado salvador’, fríamente desvirtuada por el Acto Legislativo, que tras la figura de la sostenibilidad fiscal, emasculó la TUTELA, al determinar que el juez constitucional no podía fallar en derecho -respetando la autonomía del médico-, sino que debía encuadrarse dentro de la disponibilidad presupuestal, frente al derecho invocado.

So pretexto del contagio de la gente con el pavoroso, letal coronavirus, Duque, sin querer queriendo, adentró al país en un Estado policial, sin puntualizar quién asumirá el costo de impedir el trabajo al rebaño; permanecer sin oficio, sueldo, futuro laboral, masas de pobres, rebuscadores, vendedores ambulantes, -hijos de la informalidad-, sin empleo formal; casa propia, ahorros con qué sobrevivir; condenados a la bancarrota -personal, familiar- sin preguntarles si preferían seguir ‘cachueleando’, a riesgo de enfermarse, o si preferían -por el contrario- enclaustrarse en su covacha, sin trabajar, muriéndose de hambre, pero aliviados; temporalmente; pues el contagio sobrevendrá a la larga.

Confiados en un Gobierno incapaz, mentiroso, que es solo anuncios, que debería dejar que cada quien decida lo que le dé la puta, puerca gana: desempleado, arruinándose, pero sin covid-19, o trabajando, cobrando un mísero sueldo, o luchando por un ingreso, aunque expuesto al contagio; dilema que no lo resuelve la represión policial, militar, arrestando, colocando multas a quienes no tienen cómo pagarlas, en vez de usarlas en campañas de instrucción, prevención; atención de puestos donde se hagan -masiva, gratuitamente- exámenes; repartan guantes, mascarillas, bacteriales,

La libertad de locomoción -inherente a la condición humana-, es una prerrogativa fundamental, (art. 24 Constitución), que reconoce -con las limitaciones de ley-, la potestad a todo colombiano, a circular libremente por el territorio nacional, a entrar y salir; permanecer y residenciarse en él.

El derecho de movilización -como de respeto de los derechos humanos, considerados fundamentales-, es un principio incorporado a la Constitución, “sacrificado” últimamente en beneficio de la salud general, dando origen al trato discriminatorio, inhumano contra los ‘abuelitos’, con olvido del inhábil Gobierno, postrado al puñado de súper millonarios -para los que gobierna selectiva, exclusivamente- que son viejos que no paran de trabajar.

‘Recorte’ de libertades que por lo regular conlleva, el ‘abuso de poder’; que deberían tener en cuenta, gobernadores y alcaldes, que tomaron oportunas medidas contra el maldecido virus, amenazados por Duque -so pretexto de una infundada ‘usurpación de función’-. con el látigo de la suspensión.

‘Cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar’.

Criminal estupidez, negligencia del beato’ Presidente, que minusvaloró la emergencia, tipificándose -en mi sentir- un generalizado ‘homicidio por imprudencia’.

15/04/2020

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