¡Que nadie se engañe! (I)

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¡Que nadie se engañe! (I)

Con espíritu de verdad, pido de antemano, clamorosas excusas a mis pacientes, escasos lectores, por fastidiarlos con un nuevo registro de las agraviantes, burlescas, chocantes, insoportables babosadas a las que nos tiene acostumbrado -sine die-, el cóncavo, dubitativo, hipócrita, irracional, refractario, subpresidente Duque, que cabalga sobre el repudio de sus contritos, indignados electores, que según la encuesta última de Datexco, lo sitúan en la cúspide (79 %) de la desaprobación.

Artificioso gañán -sin relieve político- convertido en tragedia nacional, por incapaz, incompetente, incongruente, maniqueo, mediocre; que figurativamente quisiera hacer picadillo, a despecho de ese ridículo 16 % de despistados que lo aprueba, concordante con el 20 % de imagen favorable frente al 74 % desfavorable que, en el caso de los jóvenes -entre 18 a 24 años-, alcanza un icónico, inédito, contundente 93 %, agregado un 94 % de desaprobación, tajantes porcentajes simétricos con las restantes indagaciones, todas negativas, por encima del 70 %: agricultura, cambio climático, corrupción, desempleo, educación, salud, medio ambiente, migración (venezolana), política exterior, seguridad.

Deprimente escenario coincidente con el 41 % de los encuestados por el Centro Nacional de Consultoría (CNC), que no encuentran ningún logro qué resaltar; escasamente un lánguido 5 % destacó las ayudas a los más vulnerables; un 4 % al Ingreso Solidario; un 3 % a la vacunación, salud, subsidios a la vivienda; el 1 % al manejo del empleo, la pandemia, la pobreza; las relaciones internacionales; al orden público; fruto todo, a la falta de capacitad, carácter, experiencia, libertad; previsión; al ramplón sometimiento, subordinación al troglodita del Ubérrimo.

Reprobación extendida al resto del circense gabinete -especie de denostados memes-; arrodilladas medianías que fungen como apologistas, intérpretes, voceros del régimen, encabezados por la impostada vicepresidenta -bruja sin escoba-, próxima a ‘Meno-Fantasma’. Censura que para corroborarla, no es necesario acudir a las múltiples observaciones de investigadores sociales, psicoanalistas, politólogos; basta con dar un vistazo a las ineluctables, lapidarias pancartas presentes en los cuatro puntos cardinales del país, expuestas en las cruentas, encendidas, incontrolables, profusas protestas callejeras, que a grito herido, acusan, culpan a la aletargada, diabólica, injuriosa, vergonzosa veleta humana, de los ingentes, irreparables daños materiales, económicos.

Algazaras reprimidas -manu militari- traspasando todo límite, por el azuzado, satanizado ESMAD, como acaba de enrostrárselo razonablemente la Comisión de DH, al improvisado, prescindible ‘comandante en jefe’ -de papel-, que pretende reverdecer el ‘estatuto de seguridad’ -de ingrata recordación-. Fraudulento, lastimero, cero a la izquierda, sin brillo, juicio, pudor, talento, sentido común; paradigma de vileza, aquejado por atávico adanismo, del que el pueblo se mofa, lanzándole -como desahogo- todo tipo de agravios, improperios, por sus probadas, inocultables: inconducta, usurpación funcional, inobservancia de la Constitución, incapacidad de solventar sus necesidades, urgencias -imposibles de soslayar-.

Tesitura que ha trastornado la institucionalidad, deslegitimado al cobarde, desastroso, engreído, errático, fantasmal, indeseable, inescrupuloso, ininteligible, insultante, nefasto, tramposo cortesano que, como abogado del diablo, continuaré desnudando, delatándolo con independencia crítica, sin cálculo político, en defensa de bien común, interés colectivo, sin claudicar, rendirme ante sus tropelías, que han descuadernado la nación, avaladas por las ÍAS, así sea tachado por sus áulicos de monotemático, repetitivo.

Celestino, descastado, discapacitado, obediente, orondo, patético, pretencioso, viciado monigote que, con alambicada, insulsa verborrea, alardea, realza su Gobierno, culpando a quienes denunciamos, disentimos de su engañosa, trémula gestión, la cual retroalimenta el dantesco infierno en el que tiene sumida la población que reclama, justificadamente: salud, seguridad, educación, empleo, justicia, igualdad de oportunidades, inclusión social.

Estrambótico, subalterno espantajo, con ínfulas de imprescindible, predestinado, cuya falta de carácter, impericia, miopía intelectual, moral, parecen calcadas de Luis XVI -rey de Francia entre 1774 y 1789-, quien -contrario al narciso patológico de marras- reconoció su impericia: “¡Oh, Dios mío! Vamos a reinar demasiado jóvenes, ¡guíanos y protégenos de nuestra inexperiencia!”.

Soberano que se sostuvo, de manera tan afrentosa, indigna, que todavía llama la atención su desvergüenza, al suscribir la Constitución civil del clero (1790), que sustituyó el Concordato de 1516 -a pesar de estar en contra-, aceptando le redujeran su papel protagónico (1791), al de simple palafrenero de la Asamblea Nacional, que lo liquidó, cuando dejó de serle útil. ‘Charta’ que Pío VI consideró: herética, sacrílega, cismática.

Historia equivalente al estratégico distanciamiento que el bilioso, belicoso, cavernícola, huracanado, impiadoso, malhadado ‘Innombrable’, administra a cuentagotas ­-pensando en el 2022-, frente al abarloado, fatídico, inefable saltimbanqui, que lo pasará al olvido -ni falta que hace- y privará de seguir enlutando a Colombia, explotándola -con sus codiciosos ‘emprendedores’ hijos- como su fundo privado.

Bogotá, D.C., 11 de julio de 2021

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mario arias gómez
Abogado, periodista y escritor


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