¡Que no panda el cúnico!


 

Por: mario arias gómez.

R

etruécano que agrego al morboso, picante, travieso mensaje, enviado por un preciado amigo (OYA), ‘rara avis’ con el que he compartido media vida: “Don Mario: Nos dieron casa por cárcel. Nuestros últimos días encarcelados por cuenta del coronavirus”; el cual recuerda, ¡cuán insignificantes, frágiles, diminutos somos!, e insta a mirar de frente la parca, con los ojos de la despiadada realidad bien abiertos, sin pánico ni titubeos, en la seguridad que se llevará a muchos -especialmente paramédicos- para que otros vivan. Luctuosa lotería que no deja entrever de qué parte nos tiene; si dentro de los sobrevivientes, ruego al todopoderoso no tener que ver nunca más la cara de tanto ‘hijo-deputa’.

Los hombres no somos sino briznas de yerba en las manos de Dios“, recalcó el irrepetible caudillo, Laureano Gómez, en el discurso de posesión como Presidente, quien, con el inmortal, Alzate Avendaño, fueron los últimos tanques de guerra del conservatismo, únicos, compactos, integrales, con posturas idénticas en sus sugestivas facetas y desemejantes actividades, refractadas en un prisma de sabiduría, de grandeza, puestas al servicio de Colombia. Probidades que pusieron en jaque -en su época- el conformismo, la mediatización política.

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Poder ejercido en la actualidad, por un acartonado, condicionado, encostrado palurdo de medio pelo, corroído por el cálculo de las conveniencias, afanado por intermediar los bochornosos intereses y sectarias pasiones del cavernario, habilidoso, mañoso mentor. Sietemachos perdonavidas que, al verse acorralado, corre a esconder la cabeza bajo la arena, en contraste con los aludidos jefes, cuyas armas fueron, sus innatas: personalidad, lucidez, inteligencia, férrea voluntad, acentuadas por su voz de trueno, pluma; valor.

Los ejemplos, estímulos de índole intelectual desaparecieron en la vida colectiva del fragmentado, resignado país, que sufre de inocultable, letal parálisis, sin que haya quien luche -con autoridad-, por limpiar de impurezas, habituales vicios del ejercicio público: La corrupción, hipocresía, deslealtad, nepotismo, oportunismo, traición, transfuguismo.

Paladines (Gómez-Alzate), sustituidos por mediáticos, falsos liderazgos; deidades de barro; por la preeminencia de roscas; influjo de maniobreros; del zascandil de las ‘jugaditas’; por el taimado Duque, que semeja una alcuza -barnizada por fuera, llena de aire por dentro- en trance de conquista, de instigar, perpetuar las abundantísimas, depravadas, licenciosas, recalzadas plagas del pasado, las perversas, retorcidas apetencias mercantiles -hoy globalizadas- que han puesto de rodillas al mundo, complementadas por las dominantes: aprensión, desinformación, desconfianza, desunión, insolidaridad, sospecha ciudadanas.

Pero qué más puede pedírsele al inefable rehén de la ‘Casa Nari’, ungido a dedo, sin pasar por el democrático tamiz de la meritocracia; improvisado parlanchín, pésimamente acompañado por un gabinete de desconocidos, sin experiencia, capitaneado por una histérica, inasible baratija de tumbaga, que no resiste el más ligero contacto con el ácido de prueba de la imparcial crítica,

Para muestra: mientras el agresivo covid-19 expandía exponencialmente el contagio, la inhabilitada min-Interior se enfrascó con el comodín-Presidente -con la soberbia del fracasado y la insoportable altanería del perdedor-, en una grotesca, impensada, inoportuna, irresponsable pelea -motivada por los celos- con gobernadores y alcaldes -so pretexto de reivindicar la prerrogativa constitucional del manejo del ‘Orden Público’.

Desafiante autoritarismo contra quienes suplieron pertinentemente el desinterés, desgano, incuria del Gobierno, que estaba sobradamente advertido del peligro que corría la población toda, por la escalada geométrica del contagioso virus, atendida hasta ayer que empezó el confinamiento, solicitado, suplicado por expertos y científicos, como lo hizo, oportunamente, Macron, -parigual para la adulona, descerebrada, pantallera Ministra, del incapaz régimen que no acaba de morir-.

Al respecto, los chinos, en su ancestral culto al secretismo, encubrieron la gravedad del brote, conminando al médico que lo detectó, al criminal mutismo; práctica común de las dictaduras, en búsqueda de impedir la difusión de la noticia; que de haberse conocido tempranamente, hubiera permitido tomar previsiones que habrían conjurado -según peritos-, el 66 % de los contagios. Callaron igualmente la ‘gripe porcina’, y la reciente invasión de voraces langostas que diezman vastas regiones.

La gente -a pesar de todo- morirá, la vida continuará su curso, incluso, hay quienes, desde un punto de vista cínico-vitalista, consideran como beneficiosa para la humanidad, los efectos secundarios de la pandemia, al asumir que elimina la presencia nociva de un sinnúmero de ancianos, enfermos, contribuyendo -qué pena- a la salud global.

Flaubert -uno de los mejores novelistas de la literatura universal- contó que, visitando a Egipto, encontró que multitud de leprosos tocaban campanillas en sus recorridos callejeros, como advertencia a la gente para que evitara tropezarlos y de paso contagiarse con las purulentas llagas.

A resguardarse amables lectores.

25/03/2020

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