¡‘Robin Hood’, redivivo!

Iván Márquez y Jesús Santrich
Iván Márquez, Jesús Santrich, jefes de las Farc.
Por: mario arias gómez
Q
ué desperdicio los ríos de tinta malgastados por el reducto de renegados del ala militar de la antigua narco-guerrilla, extorsionistas con récord infranqueable en el derramamiento de sangre inocente; explotación ilícita de minerales (oro, coltán), narcotraficantes, aberrados violadores de menores. Seniles ‘Robin Hoods’, apurados por extremar desde la arruinada Venezuela, la trituradora mediática, a efecto de visibilizar ante ‘al mundo’, la intimidante arenga veintejuliera del relanzamiento de la residual estructura delincuencial.
Balandronada rebautizada como “nueva etapa de lucha’, que implica retomar las armas; regresar a la clandestinidad, ilegalidad, con beneplácito y amparo del desfalleciente sátrapa venezolano, que los financia y resguarda celosamente, con violación de la Resolución 1373 del CS que reprime la “protección terrorista”.
Tribu zurcida por los cavernarios: ‘Iván Márquez’ (Luciano Marín); ‘Sántrich’ -que posa de invidente- (Seuxis Paucias); ‘El Paisa’ (Darío Velásquez); ‘Romaña’ (Henry Castellanos); ‘Aldinever’ (Manuel Sierra); ‘Jhon 40’, capo del otrora grupo narco-guerrillero (Gener García); ‘El loco Iván’ (Olivio Merchán); ‘Walter Mendoza’ (Vicente Lesmes); ‘Enrique Marulanda’ (Alberto Cruz); ‘Nelson Robles’ (Enrique Rincón); ‘Ariel o La Frita’ (Germán Silva) y otros -veinte en total-.
Explosiva, insensata ‘declaración de guerra’, que traicionó -per se- el adeudo asumido en el ‘Acuerdo de Paz’, auto-excluyéndose -ipso facto-, para engrosar a los peligrosos sicópatas: ‘Pelusos’, Clan del Golfo, ‘elenos’ y ‘otros’. Fantansioso grupúsculo criminal, rubricado como “coordinadora guerrillera”.
Amasijo encubierto de forajidos, que desde el exilio atentan contra Colombia y el quebrado país que los abriga y utiliza como retaguardia del mafioso ‘cartel de los soles’. Noticia carente de sorpresa, menospreciada, minimizada teatralmente por Duque, que cree que desaparece, desconociéndola. Transcribo: “No estamos ante el nacimiento de una nueva guerrilla, sino frente a las amenazas criminales de una banda de narcoterroristas, que cuenta con el albergue y apoyo de la dictadura vecina. No caigamos en la trampa de quienes pretenden escudarse detrás de falsos ropajes ideológicos, para sostener sus andamiajes delictivos”.
De la Calle arguyó premonitoriamente: “El acuerdo no puede echarse para atrás, logro histórico que no es, ni será la primera, ni última crisis que sufra”. “Una y otra vez le dijimos al (incapaz, mediocre, sordo) Gobierno, que sus permanentes ataques al proceso, y los inherentes riesgos de desestabilización jurídica, podrían llevar a varios ‘comandantes’ a tomar decisiones equivocadas”.
A lo que el delirante ‘Presidente eterno’, falto de grandeza, ‘saboteador de la paz’, aprovechó la oportunidad para recabar sus consabidos, contumaces, viscerales: encono y odio: “En Colombia no hubo paz, sobrevino el engaño. La impunidad no genera paz, …los que aparentaron salirse de ‘lafar’, se les indultó, perdonó todos sus horrores, crímenes. Santos mintió al elevar los acuerdos a la Constitución, hay que bajarlos de la carta política y capturar esos bandidos donde estén (Venezuela), implementar unas reformas que protejan a los militares; propugnar porque los delincuentes de delitos de lesa humanidad, paguen una pena, con restricción de vivienda, movilidad, antes de deshonrar -con su presencia- el Congreso”.
Infernal, aburrida cantinela, amplificada por sus factótums, las amaestradas, endiosadas, vociferantes divas, María Isabel Rueda, Vicky Dávila.
Catilinaria que contrasta con el ánimo de la ‘Misión de Verificación’ de la ONU: “a persistir en la voluntad de paz”; “mantener la fe en el proceso que ha permitido salvar miles de vidas”. EE.UU. -a su vez-, repudió “los llamamientos a volver al conflicto, a la violencia pasada”; reiterando “su apoyo al Gobierno en su determinación de implementar el acuerdo de La Habana, …que asegure la paz -justa y duradera- que los colombianos merecen”. El reencauchado, Rodrigo Londoño (Timochenko) declaró: “Sentimos vergüenza -por los desviados-, pedimos perdón a Colombia”.
La OEA, manifestó: “la violencia no es el medio para dirimir las diferencias sociales, políticas, de todo tipo”, renovó el llamado para que las divergencias “se tramiten a través de canales institucionales, pacíficos”. Exhortó al minoritario rebaño: “sumarse a la determinación de la gran mayoría de excombatientes que decidieron recorrer el camino de la reintegración y la paz”. Impugnó el aviso “de retoma de armas y abandono de los acuerdos de paz, en otro vano intento de desestabilizar al Gobierno y con ello a toda la región”.
Reflexiones antípodas al imprudente, irresponsable, peliagudo manejo geopolítico, enseñoreado, mediante belicosa, desafiante, desdichada, incendiaria, sonámbula, tremebunda y verdulera jerigonza -impropia de un Jefe de Estado armonioso, íntegro, recatado que, tras fugaces réditos cortoplacistas, calienta cada vez más la relación con el atornillado dictador, que aseguró ‘tumbaría en horas’-, calcada del marchito halcón del Ubérrimo, que como respuesta conducirá, a un cataclísmico, dramático, impensado enfrentamiento, presagiado por lúcidos, cuerdos analistas.
04/09/2019

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