Sociedad civil le dice al SI y al NO que no somos responsables de sus crímenes y violaciones


 

Por Jaime Araujo Rentería
Abogado Constitucionalista

En el Estado de derecho, existe una separación, entre sociedad y Estado, de modo que hay una esfera de la actividad social, donde el Estado no puede penetrar, y si lo hace arbitrariamente, existen mecanismos jurídicos para expulsarlo y restablecer la libertad de los miembros de la sociedad civil. Por ejemplo, la esfera de las relaciones afectivas, hace parte de la libertad de los miembros de la sociedad civil, y en ejercicio de esa libertad ellos deciden, si se casan o conviven, con una mujer u hombre de raza negra, blanca, cobriza, mestiza etcétera (por oposición, el Estado totalitario, que prohibía el matrimonio entre miembros de la raza superior “aria”, con los de la raza inferior “judía”).

Podemos definir, el concepto de sociedad civil, como la diversidad de personas que, con categoría de INDIVIDUOS O ciudadanos y particularmente o de manera colectiva, actúan para adoptar decisiones que le interesan como individuo o sociedad en el ámbito público. Este concepto, presupone que se trata de personas que se hallan fuera de las estructuras gubernamentales, por fuera del gobierno. Si la sociedad civil, esta por definición, por fuera del gobierno, no puede ser responsable de los crímenes de ningún gobierno; ni de este ni de todos los anteriores y mucho menos puede aceptar que se le haga responsable de ellos, ni por acción ni por omisión. No es entonces responsable, de los crímenes del Estado, de la violación masiva de derechos por parte del Estado, ni tampoco de quienes los han cometido por fuera del Estado. Los responsables, de estos crímenes y de la violación masiva de derechos, fueron quienes los cometieron, como autores o cómplices. Mienten entonces, quienes sostienen, que todos hemos sido responsables de esos crímenes y esas violaciones de derechos humanos; y no sólo mienten, sino que persiguen una finalidad concreta: la impunidad de quienes los han cometido; el intercambio de impunidades; tú me absuelves y yo te absuelvo; a costa de los derechos de las víctimas de la sociedad civil, a la justicia, a la verdad, a la reparación y a la garantía de no repetición; que forman una unidad inescindible; sobre lo cual vuelven a mentir, cuando afirman, como lo hace el propio presidente Santos, que las víctimas sólo quieren saber donde están los restos de sus familiares asesinados. ¡Claro que quieren esto!, Pero también quiere saber quiénes fueron los autores y los cómplices, de esos asesinatos, las circunstancias de modo tiempo y lugar en que ocurrieron, que el Estado cumpla con su obligación internacional de investigar, procesar y sancionar a los responsables; que sean reparadas, material y moralmente, que se guarde la memoria de estos hechos, que se le den garantías de que no se repetirán en el futuro depurando las instituciones que sirvieron para violarlos, de las personas que los cometieron, tanto en las fuerzas armadas, como en la burocracia estatal; etcétera. Las víctimas de la sociedad civil, quieren todos estos derechos, que son inescindibles; y así lo reclaman; cosa distinta, es que el Estado y sus gobernantes que los han violado, no quieran dárselos; y en vez de aceptar que no quieren darles sus derechos, se encubren con la mentira de que las víctimas no los piden, o lo que es peor, estigmatizándolos como imbéciles, estúpidas o idiotas dicen que no los quieren; cuando en realidad, los quieren completos, no medios derechos o fracciones de los mismos.

LA RESPONSABILIDAD MORAL ES INDIVIDUAL

En el Estado de derecho, la responsabilidad jurídica, es individual y es por mi conducta, no por mi pensamiento. Yo puedo pensar en matar, pero si no realizó ninguna conducta para hacerlo, no seré responsable de homicidio; pues soy responsable por lo que haga y no por lo que piense. Si yo mato, soy responsable de homicidio, pero no lo es ni mi hijo ni mi padre y viceversa; si mata mi padre, yo no soy responsable de ese homicidio. Esto es válido, también para los miembros de las Fuerzas Armadas, de la FARC, o de cualquier otra organización que han cometido crímenes y violaciones de los derechos humanos; los responsables son ellos, no sus hijos ni sus padres.

Este mismo esquema, de responsabilidad individual, es válido también en el terreno moral o ético (que utilizamos como sinónimos), de modo que los vicios o pecados de mis padres, no son mis pecados; ni las virtudes de mis padres son mis virtudes; cada individuo es dueño y responsable de sus vicios y sus virtudes; y esta, es también la medida de la justicia, en la concesión de John Stuart Mill cuando dice: “se considera universalmente justo que cada persona reciba lo que merece (sea bueno o malo) e injusto que reciba un bien, o que se le haga sufrir un mal que no merece. Esta es quizás la más clara y enfática manera con que se concibe la idea de justicia. Hablando de modo corriente, se entiende que una persona merece el bien si obra bien; el mal si obra mal. En un sentido más particular, se dice que merece recibir el bien de aquellos con quienes ha obrado bien y el mal de aquellos con quienes ha obrado mal. El precepto de devolver bien por mal nunca se ha considerado como cumplimiento de la justicia…”. Mi identidad moral, es mía y solo mía, no la comparto ni con mis padres ni con mis hijos; es individual y si no la comparto ni siquiera con mi familia y no soy responsable de lo que ellos hagan, mucho menos puedo ser responsable, de lo que han hecho mis propios victimarios.

Siendo mi identidad moral individual, yo soy lo que haya querido ser y sólo respondo por lo que yo haya hecho, no por lo que hayan hecho otros. Si buscáramos, una diferencia fundamental, entre el antiguo y el nuevo testamento, lo podríamos encontrar, en lo que un autor, como Giovanni Papini, señala en un bello libro como la historia de Cristo, cuando esboza la tesis, de que el nuevo testamento acabó con las generaciones malditas del antiguo testamento, donde los hijos y los nietos, a pesar de haber actuado bien, eran sancionados y exterminados por lo que habían hecho sus padres y por la única razón de que eran hijos de un padre pecador. Con el nuevo testamento el pecado, la virtud y la responsabilidad ética, se vuelven individuales.

NO SOMOS CULPABLES NI DE SUS CRÍMENES, NI DEL RESULTADO DEL PLEBISCITO

Como miembros de la sociedad civil, sólo somos responsables jurídica y éticamente, de lo que hayamos hecho individualmente, no de los crímenes ni de las violaciones de derechos, que han hecho otros; rechazamos esa responsabilidad y no la aceptamos bajo ningún supuesto ni condición. Si la sociedad civil no ha asesinado, secuestrado, torturado, robado ni violado, no puede ser responsable de sus crímenes.

Como rechazamos y repudiamos, que los victimarios del Estado y del no Estado, que fueron los que pactaron en La Habana, sin participación real de la social civil, a costa de los derechos de las víctimas a la verdad, a la justicia, a la reparación y a la garantía de no repetición, excluyendo a las víctimas de la sociedad civil, quieran ahora, después que hicieron la guerra, contra nuestra voluntad, sin el respeto mínimo de los derechos de los miembros de la sociedad civil, como lo exigían el artículo 3 común de los Convenios de Ginebra de 1949 y de los protocolos adicionales de 1979, que obligaban tanto al Estado como al no Estado a respetar a los no combatientes; quieran ahora, hacernos responsable, del fracaso de lo que pactaron. Si hicieron la guerra contra nuestra voluntad; si pactaron en La Habana lo que quisieron, como les dio la gana, sin contar con nuestra voluntad, no pueden culpar a la sociedad civil si esos acuerdos no son aprobados, en el plebiscito que ellos aprobaron, contra la voluntad de la sociedad civil, que quería  la constituyente democrática. Como repudiamos y rechazamos que se culpe a la sociedad civil del incumplimiento que de los mismos puede hacer el gobierno o las FARC.

La sociedad civil, ni sus miembros, son responsables de la guerra, de los crímenes y violaciones de los derechos humanos cometidas dentro de ella; de la falta de justicia social en los acuerdos de La Habana, del plebiscito o de su rechazo; o del incumplimiento que pueden hacer ambas partes de esos acuerdos: categóricamente rechazamos y repudiamos esa responsabilidad y esa culpa. Como lo hacemos igualmente, si gana Uribe o si gana Santos, que para nosotros son lo mismo: igualmente violadores de los derechos del pueblo, defensores del mismo modelo económico injusto, e igualmente comprometidos en una guerra sin cuartel, contra la salud, la educación, el trabajo; pues ambos tienen un pueblo hambriento, para traficar con su necesidad, por lo que el plebiscito por la paz en un plebiscito para el hambre; pues si de verdad la paz va a ser más barata que la guerra, el pueblo no entiende como aumentan, en la paz, los gastos de guerra, cuando deberían disminuir; como no entiende la sociedad civil, porque el pago por votar en el plebiscito, va a ser aumentar el IVA, cuando debería disminuir, si de verdad la paz es más barata que la guerra. De lo único que seremos responsables, si gana el voto por la constituyente, es de haber derrotado, por igual a la guerra contra los derechos de Uribe y de Santos; como seremos responsables de pedir la renuncia del presidente, la constitución de un gobierno provisional y la convocatoria inmediata de una asamblea constituyente democrática, con representación mayoritaria de la sociedad civil.

Hace algunos días, en un artículo nuestro, a propósito del plebiscito, hacíamos una comparación entre los modelos éticos de Kant y Maquiavelo, para clarificar que no es cierto que se trate de un tema exclusivamente político, y por lo mismo inmoral; lo que refuta Kant en La paz perpetua cuando afirma “La mejor política es la honradez”. Que lo correcto es más ético que lo bueno y la acción ética es más importante que el resultado que se obtenga. Que el hombre es el único ser de la naturaleza que puede realizar acciones morales, que somos seres morales con voluntad libre y que la obligación moral deriva de la razón. Que en cada acto del hombre, incluido el plebiscito (en cada coyuntura: política, económica, social, etcétera), debemos preguntarnos: ¿qué debo hacer? ¿Cómo debo obrar?, Como debemos obrar siempre, no importa de qué acción concreta se trate. Si esa acción concreta, la realizamos por deber, entonces la acción es un fin en sí misma y éticamente correcta; o por el contrario la acción en un medio para conseguir un fin y por lo mismo moralmente incorrecta o en términos políticos maquiavélica. Kant, parte del supuesto de que el principio moral es un principio para todos (universalizable) y para todos los actos concretos (coyunturas). La ley moral es un imperativo categórico y como su nombre lo dice, es un deber que contiene una orden que no admite excepciones, exoneración o dispensa en ningún caso particular, o coyuntura. A la pregunta cómo debemos obrar, en cada caso y siempre, responde: “obra sólo según la máxima que al mismo tiempo puedas querer se convierte en una ley universal”. La conciencia moral dice: no mentirás, no engañarás, no serás corrupto, no matarás, defenderás los derechos humanos, no robarás, serás siempre de izquierda, etcétera; estos mandatos son absolutamente válidos en todas las circunstancias o coyunturas, pues de otra forma no serían una exigencia moral. Nada gano con decir que yo soy incorruptible, si en cada coyuntura yo me corrompo: hoy exceptúo la regla con la excusa del dinero que me dieron; o del puesto que me dieron, o de la mermelada; o del contrato que me darán. Yo debo ser incorruptible, aunque me ofrezcan, en una situación concreta dinero, deba conservar mi puesto o me ofrezcan mermelada. En realidad no soy honesto, cuando critico la corrupción de los demás, pero justifico la de mi padre o la de mi hija, por la circunstancia o la coyuntura de que son mi padre o mi hija. Por mucho que predique que soy defensor de los derechos humanos, no lo seré si en ciertas circunstancias yo los violo o dejo de defenderlos; seré ladrón aunque diga que no, si quiero excusar mi robo por la circunstancia de mi pobreza o mi deseo coyuntural de tener mayor riqueza. No seré de izquierda por mucho que lo pregone, si en cada coyuntura voto por la derecha, así quiera justificarme con la fementida disyuntiva de la paz, Estas reflexiones son igualmente válidas para los otros mandatos de la conciencia moral: no mentirás, no engañarás, etcétera que deben cumplirse siempre en cada caso particular, en cada circunstancia, sin excepciones ni derogaciones pues de lo contrario serán acciones inmorales o anti éticas. Esto es válido para todas las acciones del hombre, incluidas las acciones políticas, como la de votar el plebiscito.

La posición ética contraria, que considera que el hombre puede llamarse incorruptible y sin embargo dejarse corromper en cada caso particular, con tal de lograr un fin; o más grave aún, que considera, que hay una esfera de la actividad o conducta del hombre donde la ética es un obstáculo; y por lo mismo debe rechazarse la moral en ese escenario, que es el campo de la política, donde todo medio vale y está justificado si sirve para alcanzar el fin que es el poder político; el fin justifica los medios, es el denominado maquiavelismo; donde no hay imperativos categóricos, sino imperativo hipotético condicionales, ya que las reglas morales no valen absolutamente sino de modo condicional; son buenas y válidas si sirven para conseguir un cierto fin. Y si el fin es el poder y este se puede conseguir, con el asesinato, la tortura, la violación de los derechos humanos, la mentira, el engaño, la corrupción o el voto por la derecha, todos esos medios valen y están justificados.

VÍCTIMAS. EXPERIENCIAS. PERDÓN

Sorprende, el uso instrumental, cosificador, que de las víctimas, está naciendo tanto los promotores del sí como del no, respecto de lo más íntimo e individual que pueden tener: su sensibilidad ante el perdón. Todas las víctimas tienen el derecho a perdonar o a su opuesto a NO perdonar; a perdonar pronto, tarde o nunca; a sentir y decir que perdonan y que no olvidan o a sentir y decir que NI perdonan NI olvidan no podemos obligarlas a perdonar. Respetemos a las víctimas ¡No más chantaje moral diciéndoles que si no perdonan, y no votan por el sí, son enemigas de la paz!. ¡No más re victimización de las víctimas!.

El perdón o el no perdón, jurídica, psicológica y moralmente, es por esencia un acto individual; y nadie, tiene el derecho, en el Estado de derecho a forzarlo, ni siquiera, con el argumento de que eso le hace bien a las víctimas, ya que el Estado jamás tiene la misión de imponer un modelo de vida, un prototipo de persona; por el contrario, con fundamento en el artículo 16 de nuestra constitución, que consagra el derecho para todas las personas, al libre desarrollo de su personalidad, es tan legítimo no perdonar, como perdonar.

Cosa completamente distinta, es la obligación que tienen todos los estados, incluido el colombiano de investigar, procesar y sancionar a los violadores de derechos de las víctimas y que se traduce en cuatro obligaciones de los estados: primera; medidas para prevenir las violaciones de los derechos humanos; segunda, investigaciones serias cuando se cometan violaciones, de los autores y cómplices de ellas; tercera, sanciones adecuadas a los responsables de las violaciones; cuarta, garantizar la reparación de las víctimas. La diferencia, entre el acto individual de las víctimas de perdonar, y la obligación del Estado de sancionar; aparece clara en el caso del intento de homicidio del Papa Juan Pablo II; quien se reunió con su victimario Ali agca, dos años después de los hechos, el 27 de diciembre de 1983, para perdonarlo; sin embargo no salió de la cárcel ese mismo día, ni el Estado italiano renunció a sancionarlo, pues lo mantuvo preso hasta el año 2000.

EXPERIENCIAS PASADAS Y ARGUMENTOS SIMILARES

Como quiera, que en un país donde se ha violado durante tanto tiempo, masivamente derechos a las víctimas y que la denominada justicia transicional, ya no es tan nueva, pues lleva 11 años, con la ley 975 en 2005, que se aplicó al paramilitarismo, es importante revisar esa experiencia y observar, que los argumentos de quienes defienden el sí, no son tan nuevos como quieren presentárnoslos:

1) las víctimas de la sociedad civil están obligadas a perdonar, en aras de la “paz”; 2) la paradoja de que quienes hicieron la guerra a la sociedad civil desde el Estado y el Estado ahora le “regalan” la paz; 3) los victimarios víctimas; 4) ni verdad, ni justicia, ni reparación para las víctimas; 5) la justificación de la guerra contra el Estado, para justificar lo injustificable: la guerra contra la sociedad civil; 6) perdón forzado= terror psicológico; 7) un interés común entre victimarios víctimas que no existe; 8) Lo más perversa: Las víctimas de la guerra son las responsables de la guerra si no votan el sí de Santos.

En el análisis de los argumentos y las experiencias pasadas, seguiremos casi textualmente, el libro del periodista irlandés Gearóid Ó Loingsigh, Catatumbo: Un reto por la verdad; 2da. Edición; páginas 160 a 168:

1) IMPONER A LAS VÍCTIMAS EL PERDÓN, 2) NOS REGALAN LA “PAZ” 3) VICTIMARIOS-VÍCTIMAS y 5) JUSTIFICACIÓN DE LO INJUSTIFICABLE: LA GUERRA CONTRA LA SOCIEDAD CIVIL.

“A la sociedad colombiana se le pide perdonar a Mancuso y sus tropas en nombre de la paz, esta cuestión es bien importante, pues los campesinos del Catatumbo también afirmaron que quieren que paguen condena e incluyen entre los criminales a los militares que participaron en masacres o asesinaron personas. Para poder perdonar tenemos que saber que pasó. Las declaraciones de Mancuso ante la fiscalía no son muy alentadoras en este sentido;”… “Pongamos a Mancuso a prueba según su propia definición de lo que se requiere para sanar las heridas en la sociedad colombiana. En su carta al Senador Moreno de Caro, Mancuso muestra hasta qué punto se arrepiente de todo lo que ha hecho en su paso por las AUC. ¿Cuál es la Justicia que se nos pretende aplicar? La justicia de equilibrio, o la venganza judicial de unos pocos ante la eficacia militar, que el Estado no tuvo para salvaguardar nuestras vidas y las de nuestras comunidades, en ésta, que no quieren llamar guerra civil, por razones políticas entendibles pero que lo es, y hoy queremos ayudar a terminar. Además describe a los paramilitares muertos como “hombres muertos y mutilados en la búsqueda de un orden cuyo imperio debió haber garantizado” el mismo Estado colombiano.”… “Las torturas, los descuartizamientos, fueron sistemáticos y Mancuso, Báez, los Castaños y Jorge 40 tuvieron amplia oportunidad durante muchos años de contemplar la barbaridad de sus métodos y cambiarlos, pero nunca lo hicieron porque estaban de acuerdo. Las AUC no sólo no se arrepienten de, según ellos, salvar al país y tampoco de cómo lo hicieron.”

1) IMPONER A LAS VÍCTIMAS EL PERDÓN, 2) NOS REGALAN LA “PAZ”; 3) VICTIMARIOS-VÍCTIMAS; 4) NI REPARACIÓN, NI VERDAD, NI JUSTICIA PARA LAS VÍCTIMAS; y 6) PERDÓN FORZADO =TERROR SICOLÓGICO.

…“Vicente Castaño, otro comandante paramilitar tampoco mostró alguna señal de arrepentimiento en su entrevista con la revista Semana: La reparación es más simbólica. No entendemos cómo le podemos reponer a una persona un familiar perdido. Nosotros también hemos sido víctimas, el solo hecho de vernos obligados a ingresar a una guerra que nunca quisimos nos convirtió en víctimas desde el primer momento. Como se ve, no hay señales de arrepentimiento y además es capaz de compararse con sus víctimas, hablando de sí mismo como víctima. Alguien que después de haber descuartizado a una familia con una moto sierra y no entiende la diferencia fundamental entre él y los seres mutilados que dejó atrás no se arrepiente de nada. Si no hay arrepentimiento no puede haber perdón y el perdón es una parte importante del proceso. Nos exigen perdonar a los paramilitares una vez concluido el proceso e inclusive antes. El perdón no parece ser opción de la víctima que quiere perdonar sino un requisito. … la propuesta resulta cínica. El perdón bien entendido es efectivamente un prerrequisito para la reconciliación, pero no puede ser fundamento de impunidad; de hecho, este perdón sólo lo puede conceder el ofendido.”…“Por último, la concesión de este perdón no exime, sino que más bien exige la reparación, que no debería necesitar la exigencia como tal si el arrepentimiento fuera sincero. Además el perdón no puede ser obligatorio, es opcional. Aunque hay quienes presionan en nombre de avanzar y dejar atrás el pasado sangriento. Dicen que si no perdonamos, estamos condenando al país a vivir más años de violencia, de conflicto y el que haya perdido un ser querido, si no perdona, condena a otro a sufrir lo mismo. Esta presión no es desdeñable, es una presión grande. Pero si no hay verdad y los paramilitares no se arrepienten, lo que nos están diciendo es que perdonemos hasta la próxima vez que Mancuso y compañía crean que tienen que salvar al país. Ese perdón forzado es el perdón del silencio. Un perdón que condena a las víctimas al silencio por temor a que un Mancuso libre y perdonado les vuelva a amenazar si le reclaman algo. Es un perdón que nos sumerge en el terror psicológico sin necesidad de que las AUC saquen sus armas para amenazar a los campesinos. Sólo basta decirles, ‘recuerdan la última vez, ustedes tuvieron que perdonarme y si les mato, otros tendrán que hacer lo mismo en el futuro.’ El perdón obligatorio como es el caso en este proceso es el perdón donde las víctimas se rinden y doblegan la rodilla ante el orgullo del asesino.”

… “Entre los que apoyaron el proceso con los paramilitares hay obispos y religiosos y la Iglesia Católica dice que está pensando en una comisión de verdad propia. Valga la pena recordar y aplicar el concepto católico del perdón, pues tiene algunas herramientas útiles para evaluar la propuesta de Mancuso y el mismo proceso y de paso el papel de la Iglesia Católica.

En la Iglesia Católica el perdón es un proceso y el perdonado tiene que cumplir con ciertos requisitos y actos: El examen de conciencia que es una mirada muy sincera sobre los hechos.  La contrición de corazón que significa sentir el dolor por haber ofendido o en el caso una empatía con la víctima. Debe haber propósito de enmienda de no volver a cometer el pecado (delito en el caso). Una confesión verbal que se supone que es completa. Satisfacción de Obra que significa buscar la mejor manera de reparar el daño. Además un cura puede negar el perdón, no lo suelen hacer mucho pero en el caso de alguien que no se compromete a dejar de ofender pueden negar la absolución. Si miramos bien se ve que las AUC no cumplen con ninguno de los criterios. No hubo ningún examen de consciencia ni una contrición de corazón pues Mancuso en la mayor parte de sus declaraciones describe las masacres de civiles como acciones ‘antisubversivas’. No reconoce que sus víctimas son civiles. A lo largo del proceso han amenazado con volver al monte … Tampoco hay confesión verbal, pues la confesión debe ser completa y como anotó El Tiempo en su portada, Mancuso no confesó ni el 5% de sus crímenes.191 Y por último no hay satisfacción de obra pues las AUC no han buscado la mejor manera de reparar el daño sino como evitarlo. Entonces nos preguntamos por qué la Iglesia Católica exige menos de las AUC en los tribunales de lo que exige en el confesionario. En términos sicológicos nada garantiza que el que perdone deja de padecer las secuelas de lo que sufrió. De hecho es dudoso en extremo. Tampoco es el caso que uno deja de ser víctima en otros sentidos. Si el desplazado sigue desplazado, entonces su condición de víctima no ha cambiado para nada por mucho que haya perdonado o no.”

8) LA SOCIEDAD CIVIL VÍCTIMA DE LA GUERRA NO ES RESPONSABLE DE LA GUERRA SI NO VOTA EL SI DE SANTOS Y VOTA POR UNA CONSTITUYENTE, 7) NI TIENEN MUCHAS COSAS EN COMÚN CON SUS VICTIMARIOS.

… “La justicia no depende de que haya perdón o no, es completamente independiente. El perdón es voluntario y además no es requisito para nada. La víctima no tiene porque perdonar. Aún en el caso de que se haga justicia y se repara el daño, que no es el caso colombiano, nadie tiene que perdonar. Despojados de sus bienes y de sus familiares a la víctima no se le puede quitar lo único que le queda: el derecho a decir ni perdón, ni olvido. Hay quienes quieren trasladar la responsabilidad del futuro del país a las víctimas. Si usted no perdona, usted es vengativo le dicen y así culpan a la víctima por la prolongación del conflicto.”

… “Entonces cuando intentan presionar a las víctimas a perdonar, las víctimas deben recordar que ese bien común de que hablan tanto, no existe. Entre los que mataron para entregar las riquezas del país al capital extranjero y las víctimas no hay un bien común. Si el pobre sigue siendo pobre y el rico más rico todavía y si las leyes que le hicieron rico siguen vigentes no hay nada en común y por lo tanto el perdón queda aplazado en el mejor de los casos. Cuando las multinacionales reconozcan lo que hicieron y entreguen las riquezas obtenidas mediante el asesinato, quizá y sólo quizá se puede empezar a hablar de perdón. Antes, no hay la más mínima razón para hacerlo.”.

SÍNTESIS

Los miembros de la sociedad civil, víctimas de la violación masiva de nuestros derechos, por parte del Estado y del no Estado, y de algunos de los que defienden el no y defienden el sí en el plebiscito, les decimos que no somos responsables ni jurídica ni moralmente de sus crímenes; que no vamos a dejar que nos trasladen esa responsabilidad, ¡que respeten nuestro dolor! Que no nos hagan terror psicológico por los medios masivos de comunicación, violentando nuestra conciencia, para obtener un perdón forzado; que no aceptamos mas su chantaje moral, frente a actos de dolor que son individualmente nuestros, que eso es completamente distinto a la obligación, esa sí del Estado por mandato de los tratados internacionales, de investigar procesar y castigar a los violadores de nuestros derechos. Que ya hemos tenido experiencias, pasadas y residentes con otros violadores de nuestros derechos, como fue el caso del paramilitarismo, donde nos plantearon dilemas similares, entre sí y el no, de otra cesación parcial de un conflicto armado, que querían también presentarnos con una fe mentida paz; donde también querían obligarlo a perdonar; donde los que nos hicieron la guerra querían convencernos de que no regalaban la paz; donde los victimarios querían presentarse como víctimas; donde la justificación de la guerra contra el Estado quiso justificar lo injustificable la guerra contra la social civil; donde quería presentarnos los intereses de los victimarios como el interés común de las víctimas; donde tampoco como ahora, las víctimas tuvieron derecho a la verdad a la justicia, a la reparación a la garantía de no repetición. En el pasado, los miembros de la sociedad civil, fuimos capaces de resistir, todas esas presiones y desbaratar todos esos argumentos; como seremos capaces de hacerlo ahora y por esa misma razón no votaremos ni por el no de Uribe ni por el sí de Santos, si no por una constituyente con derechos. De lo único que aceptamos y seremos responsables, si gana el voto por la constituyente, es de haber derrotado, por igual a la guerra contra los derechos de Uribe y de Santos; como seremos responsables de pedir la renuncia del presidente, la constitución de un gobierno provisional y la convocatoria inmediata de una asamblea constituyente democrática, con representación mayoritaria de la sociedad civil.

 

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