¿Tu qué estás haciendo para Salvar Nuestro Planeta?

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Por: Eduardo Padilla Hernández*

 

Existe la misteriosa afirmación de que la gente sólo emplea el 10 por ciento de su conciencia (no me refiero al cerebro, sino a la conciencia, cuyo portal, según la sabiduría milenaria oriental, está ubicado en la glándula pineal). Si tan sólo los humanos normales pudieran aprovechar ese otro 90 por ciento, como en la película Lucy, ellos podrían ser sabios comprometidos con todo lo relativo a la defensa del medio ambiente. Quizás los neurólogos no han comprendido lo que quisieron decir Albert Einstein y el psicólogo estadounidense William James, cuando esgrimieron este profundo tema de la conciencia (y hay evidencias de que no se refirieron al cerebro).

¿Por qué pienso que están relacionados estos dos temas, conciencia y medio ambiente?

Pues por un lado me temo que los gobernantes no poseen más de un 10 por ciento de conciencia, porque el resto está nublado por la codicia y la corrupción. Y, por otro lado, la conciencia de los pueblos no supera el mismo porcentaje citado; pues en caso contrario, todas las comunidades del mundo ya hubiesen formado un frente común para evitar el colapso de este lucero que ya dejó de ser azul, debido a que ha sido afectada negativamente su atmósfera, que está compuesta por diferentes gases que tienen como función mantener una temperatura apropiada para la vida. A este fenómeno natural se le llama efecto invernadero; que en su estado natural es benéfico, porque protege toda la vida de la tierra. Pero con todo ese género de contaminación que la sociedad de consumo ha escupido sobre el medio ambiente, este mismo efecto invernadero, que antes nos protegía, ahora se ha vuelto nuestro enemigo.

Si los gobernantes del mundo gozaran por lo menos de un 20 por ciento de conciencia, me atrevo a asegurar que su cacareada ciencia estuviera al servicio de la humanidad, y ya hubiesen adoptado medidas extremas tendientes a la búsqueda de un equilibrio en la emisión de gases de efecto invernadero para conservar su justa proporción. Sin embargo, hacen todo lo contrario, pues las actividades humanas cada día aumentan la producción de estos gases provocando el llamado calentamiento global, la principal de las causas del cambio climático.

Si los gobernantes tuvieran la conciencia despierta, ya habrían lanzado un programa “agresivo” destinado a la educación masiva de todas comunidades que tienen su ser y se mueven sobre la faz de la tierra.

Muy pocas personas, de manera aislada, y algunas ONG, nacionales y extranjeras, se quejan del calentamiento global, pero no hacen nada para solucionar este grave problema, pues se basan en el refrán que dice: “una sola golondrina no hace verano”.

La historia está llena de revoluciones de sangre y aguardiente, cuyos líderes sólo han buscado la riqueza y el poder; pero ahora que, en verdad, se necesita una verdadera revolución global, cuyo propósito sería el de enfrentar el calentamiento global con responsabilidad, parece que los líderes están escondidos en el cubil de la apatía.

Si la conciencia de los pueblos no estuviese dormida, empezaran, por iniciativa propia, una loable labor que consiste, explícitamente, en:
-La disminución del gas conocido como CO2, causante del 63% del calentamiento global.
-La disminución de la deforestación: la industria maderera, la agricultura, la minería y la ganadería son las principales actividades económicas dedicadas a la tala de árboles.
-La disminución de gases de efecto invernadero: provocado por el uso de fertilizantes, la actividad química para el tratamiento de aguas residuales, la quema de combustibles fósiles, el transporte, la calefacción y el urbanismo.
-Disminución del dióxido de carbono en el aire, para evitar la acidificación y contaminación del agua, que causan la muerte, migración y extinción de diferentes especies de animales. En el caso del mar, son muchas las especies que son testigos de la destrucción de su hábitat. La presencia de plásticos y otros contaminantes en el mar, la pesca excesiva y otras prácticas de pesca destructivas contribuyen a su desaparición.

Bill Gates, en su libro, ´Cómo evitar un desastre climático´, propone reducir a cero las emisiones de gases de efecto invernadero. Dice que, si los países ricos sólo se preocupan de reducir sus propias emisiones sin tener en cuenta que las tecnologías limpias deben ser viables para todos, nunca llegaremos al cero. En este sentido, ayudar a los demás no es solo un acto de altruismo, sino también algo que nos conviene”.

Bill Gates tiene razón, pues el cambio climático, causado principalmente por las emisiones de gases de efecto invernadero, ha afectado a muchos ecosistemas. El deshielo de los polos se acelera. En el Ártico y en la Antártida ya esto es un hecho demostrado por la comunidad científica internacional.

Mucho se ha comentado sobre las inundaciones que van a causar el deshielo de los polos y de los glaciares, pero según la palabra de Dios, el mar no va a subir su nivel, sino que va a suceder todo lo contrario. El hielo es sólido, pero es agua; y el mar ocupará un enorme espacio liberado por el hielo que provocará el descenso del nivel. Acerca de este asunto, en Job 38:10-11, dice: “Sobre el mar establecí límites, puse puertas y cerrojos, y dije: Hasta aquí llegarás, pero no más allá; aquí se detendrá el orgullo de tus olas”.

En 1970, en uno de mis viajes a la Sierra Nevada de Santa Marta, conocí allí a Víctor Manuel Gómez, una especie de antropólogo, arqueólogo, filósofo y conferencista. Por su posición neutral en política, tuvo muchos problemas con el gobierno de turno. Por esta razón tuvo que huir del país y refugiarse en Méjico, donde cambió su nombre por el seudónimo de Samael Aun Weor. Este hombre tenía una visión futurista, de tal manera que ya hablaba en aquella época del problema del calentamiento global.

Decía él que dentro de pocos años iba a ocurrir el deshielo de los polos, y que ese fenómeno se debía a que cada 3 mil 666 años los polos se convierten en ecuador y viceversa. Lo afirmaba con tanta convicción, que yo le creí.

De todos modos, yo continué investigando, hasta que un día me topé con el concepto científico del geofísico Phil Livermore, quien afirma casi lo mismo que Víctor Manuel Gómez. El doctor Phil dice que los polos magnéticos de la Tierra vienen de su núcleo de hierro líquido. Como el hierro es magnético, actúa como un imán gigantesco que apunta casi exactamente de norte a sur. Pero eso no es permanente. Excavando las rocas sedimentarias, los expertos han comprobado que ese campo magnético se ha invertido unas 170 veces en los últimos 75 millones de años.

Eso quiere decir que, en algunos momentos de la historia de la Tierra, una brújula habría apuntado en direcciones completamente distintas. “Nadie sabe por qué sucede”, afirma el geofísico.

Un equipo de investigadores de Reino Unido y Alemania, dirigido por Ulrich Salzmann, paleoecólogo de la Universidad de Northumbria, se toparon en el año 2017, en el fondo marino y muy cerca del Polo Sur, con algo realmente inesperado: los restos de una antigua selva tropical del Cretácico, con una antigüedad de 90 millones de años. El hallazgo, publicado en Nature, sugiere que en aquellos lejanos tiempos, en lo que hoy es un continente helado reinaba un clima extraordinariamente cálido.

Entonces, esto del calentamiento global, que, para nosotros, los que vivimos en el siglo XXI, es una novedad que atemoriza, ha venido aconteciendo periódicamente durante millones de años.

Pablo de Tarso, en su Carta a los Romanos (8:28), nos consuela diciendo que todo lo que nos sucede es para bien. De todas maneras, no bajemos la guardia, y sigamos trabajando para sanar a nuestro planeta, que está enfermo porque la gente de conciencia dormida le arroja mucha basura en su rostro.

*Presidente Aso-Red (Asociación Red Colombiana de Veedurías).

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Eduardo Padilla Hernández
Abogado, Columnista y Presidente Asored Nacional de Veedurías


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