“Un hombre bueno”

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Por: José Félix Lafaurie Rivera.

Diógenes fue un filósofo griego que deambulaba harapiento por las calles de Atenas con una lámpara encendida en pleno día y exclamando: ¡busco un hombre!, refiriéndose a un “hombre honrado”, pues 400 años antes de Cristo ya era difícil encontrarlo.

Sabe Dios que Federico Gutiérrez no necesitó lámpara para encontrar a un hombre que supera esa condición de la honradez, que es obligada –nadie se debería preciar de serlo–, y alcanza la de “bonhomía”, bonita palabra de nuestro idioma, tan en desuso como lo que significa, sobre todo en política.

Bonhomía es “afabilidad, sencillez, bondad y honradez en el carácter y en el comportamiento”, combinación extraña a muchos políticos marcados por la arrogancia disfrazada de honorable dignidad, y la corrupción escondida entre leyes para todo y Estado para todo.

Rodrigo Lara Sánchez, la fórmula de Fico y, estoy seguro, nuestro próximo vicepresidente, es todo eso. Y lo digo sin conocerlo personalmente, hago la salvedad, pero nomás saliendo de su terruño huilense, donde fue alcalde de Neiva, y del espacio sobrio de la práctica médica, en sus pocas apariciones públicas ya se ha proyectado como una persona “a quien se le puede creer”, otra virtud para buscar con linterna en nuestros tiempos.

Preocupado por la salud, como corresponde a su profesión, pero sobre todo por la educación como base de la cultura ciudadana y el camino al desarrollo, discurso que todos los políticos pregonan en campaña y olvidan muy pronto, me atrevo a calificarlo como una especie de Mockus 2022, solo que Rodrigo no necesita bajarse los pantalones para convencer a nadie de nada, pues su propia vida es testimonial, transcurrida en la cultura del esfuerzo de superación como norma de vida, el papel central de la madre cabeza de familia, con todo lo que ello comporta como ejemplo de generosidad responsable y amor al límite; el desarraigo del hijo no reconocido, asumido sin rencores ni aspavientos, y el amor reservado y la admiración discreta por su padre, el liberal huilense devenido en galanista, como muchos entonces, asesinado por el narcotráfico en 1984.

En nuestro distorsionado diccionario mental, afectado por medio siglo de narcotráfico, “la bondad” se confunde con ingenuidad y hasta torpeza; “el bueno” del curso es “nerdo” para el matoneador y, por supuesto, no es “avispado”, otra bonita palabra degradada por la cultura del “todo vale”, que hoy identifica al que se aprovecha del débil, al tramposo…, al ladino.

Y escuchamos a tanto ladino por estos días, brincando en política al vaivén de sus conveniencias, negociando principios y prometiendo lo que no ha de cumplir, que escuchar a Rodrigo Lara Sánchez resulta “refrescante” y nos devuelve la esperanza de que el deber ser de la política todavía es posible, como verdadera vocación para ejercer dignamente la voz y la representación de nuestros compatriotas, desde las corporaciones públicas o desde el gobierno.

Acertó Federico Gutiérrez al no buscar su fórmula vicepresidencial afanosamente entre las llamadas minorías para captar votos emocionales, sino entre esa inmensa mayoría de la clase media, a la que nadie le ha regalado nada, que ha conseguido ser alguien y tener algo con esfuerzo y, por lo tanto, lo valora y no lo arriesga en aventuras populistas.

Yo, personalmente, he descubierto, como Diógenes, a un “hombre bueno”, experimentado en las lides de gobernar, con sentido común y vocación de servicio.

Un hombre que viste con el mismo orgullo su bata de médico y el uniforme de nuestro ejército, y con esto lo digo todo: un hombre que ama a su ejército, ama a su patria y merece nuestra confianza.

@jflafaurie

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Jose Felix Lafaurie


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