¿Un País Sin Industria y Sin Agro?

Jorge Robledo

 

Por Jorge Enrique Robledo / @JERobledo

Es tan absurdo lo que pasa en Colombia, que cabe la pregunta del titular de este artículo. Lo absurdo lo demuestran el gran subdesarrollo industrial y agropecuario, la insistencia en estrangular a ambos sectores, el gran poder de los voceros de los importadores y los productores extranjeros y cómo actúa, demagogias aparte, Iván Duque. También cabe la pregunta porque nos han condenado a tener que vivir del petróleo y otros minerales, incluso a costa de graves daños ambientales.

Además del desastre industrial y agropecuario de los últimos treinta años, en los que terminamos importando una porción enorme de los bienes industriales y agropecuarios que se producían y pueden producirse en el país, hoy por hoy están en problemas lo que queda de las confecciones, los textiles y el calzado, entre otros. Y en el agro ya desaparecieron los productos víctimas de cerca de 14 millones de toneladas de importaciones, se encuentran al borde de la quiebra el arroz y los lácteos y están amenazados la caña de azúcar, ya golpeada por el alcohol carburante estadounidense, y la palma aceitera, que además también pueden desaparecer si se concretan tratados como el TPP.

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En un país menos confundido que este, en el que la política económica no puede ni discutirse porque nos la imponen desde afuera con la ayuda de tres o cuatro intermediarios nativos, este sería un debate de importancia nacional y de primeras planas. Pero no. Aquí, con toda impunidad, el gobierno y sus corifeos sientan cátedra a pesar de que las cifras les contradicen sus falacias, al tiempo que echan carreta sobre lo mucho que desean generar empleo. ¿Trabajo en serio sin desarrollo industrial y agropecuario, y reduciendo más el ingreso de los empleados, de modo que los productores no tengan ni a quién venderle?

Es tal la desfachatez con la que gobiernan, que actúan sin importarles que desaparezcan la industria y el agro porque consideran al petróleo y la minería suficientes para pagar la deuda externa y las importaciones hasta de lo que podemos producir, posición que no es la política económica y social que asumen los países que dicen imitar. No es que no pueda haber petróleo y minería si se explotan adecuadamente, cuidando el ambiente y con otras condiciones, pero eso no les quita su carácter de no renovables, lo que significa que están condenados a desaparecer, en tanto agro e industria pueden servirnos para siempre. Y cuando se da una bonanza petrolera como la última, se despilfarra en politiquería y corrupción y sirve, como sirvió, como ariete contra la producción industrial y agropecuaria, empeorando también la inmensa debilidad exportadora del país.

Y nos toca padecer a los voceros de los importadores pavoneándose como sabios y hasta maltratando a los productores urbanos y rurales porque no logran competir, en tanto, astutos, callan que quienes producen aquí pierden en la competencia internacional, no por su culpa, sino porque el costo-país de Colombia es altísimo, por lo caro del crédito bancario, cuando se consigue, y de la electricidad, los combustibles y el impuesto de renta de las pequeñas y medianas empresas, entre otras razones. Y además los arruina un contrabando financiado con la plata del narcotráfico que el Estado solo persigue en los sainetes con los que engatusa a la gente.

Es ese mismo alto costo-país el que no permite exportar más allá de lo que se despachaba antes de la apertura y los TLC. Atérrense ustedes, treinta años después, más del 70 por ciento de lo que hoy se exporta son los mismos productos básicos que se exportaban en 1990 y que no necesitaban de libre comercio para haberse seguido vendiendo en el exterior (bit.ly/37qdjRa). La estafa del libre comercio ha sido descarada, sin miramiento alguno.

Coletilla 1. El candidato Duque les prometió a confeccionistas y textileros que elevaría los aranceles a los productos asiáticos que invadían a Colombia, pero como Presidente les puso conejo. Y una vez una ley del Congreso los elevó, Duque, en el colmo de la desfachatez, se unió con los importadores y hundió dichas normas en la Corte Constitucional.

Coletilla 2. La feria del calzado y la marroquinería nacional que acaba de darse en Bogotá me dejó un sentimiento agridulce. Dulce porque se trata de producción de excelente calidad. Felicitaciones a trabajadores y empresarios. Pero agrio porque están entre arrinconados y quebrados por las importaciones y el alto “costo-país” con el que les toca producir.

Decimos lo que otros callan
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