El debate sobre los alimentos


 

Los alimentos son un bien único, esencial para la supervivencia humana. Por ende el debate sobre seguridad alimentaria es superlativo. Para la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, FAO: “existe seguridad alimentaria cuando todas las personas tienen en todo momento acceso físico y económico a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer sus necesidades alimenticias y sus preferencias en cuanto a los alimentos a fin de llevar una vida activa y sana”.

La definición está centrada en la disponibilidad, ligada a dónde se producen los alimentos (http://bit.ly/1Fj8PvQ), objetivo en riesgo cuando la idea dominante es que, mientras alguna parte del mundo los produzca lo demás es cuento de compra y venta, obviando el monopolio de las trasnacionales de los alimentos como Cargill, Kraf y Nestlé. Pero advierte la FAO que el promedio anual de “emergencias alimentarias prolongadas” ha doblado las cifras desde 1990 al 2010; es decir, a pesar de las existencias, millones de personas no disponen de alimentos. Es tan importante el asunto que, sobre la idea que un país no pueda cultivar sus alimentos, el expresidente George W. Bush opinó que “sería una nación expuesta a presiones internacionales. Sería una nación vulnerable” (The Future Farmers of America, Jul.27.01, Washington).

Entre tanto Colombia, tras 20 años de “libre comercio”, importa 9 millones de toneladas más de alimentos que en 1990. Pasó de atender 90% de la demanda de producción agropecuaria a 60%. Insuficiencia alimentaria cercana al 30%. Importa más del 95% del trigo y la cebada, 75% del maíz, 90% del sorgo y la soya, y prácticamente todo el garbanzo, la arveja y la lenteja. Dependemos del extranjero para acceder a nueve de cada diez kilos de los principales cereales; que no es un problema cualquiera, por ejemplo, parte del meollo en el conflicto de Ucrania obedece a que es potencia en producción de cereales, el “chernozem”, fértil tierra negra ucraniana, es considerado el granero de Europa y Rusia.

Las importaciones incluso empujan el Índice de Precios al Productor, en el 2014 incrementó 6,82% con respecto al 2013. Arruinan el trabajo y la producción nacional.  Para ilustrar un caso; los potenciales trabajadores de viñedos nacionales abandonados ante las importaciones de uva, terminan en las calles de las ciudades con una carretilla vendiendo las uvas chilenas.

Urge entonces como lo han reclamado los productores en las protestas, un Estado con soberanía alimentaria, protegiendo la producción campesina y empresarial, con tierras a las que no le importen del extranjero lo que puedan producir.

 Por Duberney Galvis Cardona

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