El Éxodo Venezolano: La Mayor Tragedia de la Historia de Las Américas


 

Por Ricardo Angoso

@ricardoangoso

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El éxodo de millones de venezolanos huyendo del horror construido por los próceres del socialismo del siglo XXI no tiene ya precedentes en la historia de América Latina. Es una huida hacia la desesperada que no parece tener fin y que engloba a todas las clases sociales, sectores, profesiones, sexos y condiciones. Sálvese quien pueda, el último que apague la luz, parece la consigna de estos millones de venezolanos que huyen del hambre, la violencia, la falta de expectativas sociales, políticas y económicas y el hundimiento definitivo -y quizá irreversible- de lo que fue un proyecto de país hoy encallado en los mares de la desesperanza. Se habla ya de cinco millones de venezolanos que han huido de esa gran ergástula construida a sangre y fuego por el dictador Hugo Chávez y su ruin continuador del mayor proyecto criminal de la historia de Venezuela, ese inefable sátrapa llamado Nicolás Maduro.

Ecuador está en alerta ante la situación extrema que viven sus fronteras ante la llegada de miles de venezolanos huyendo de la utopía castrochavista. En Colombia, la situación es todavía peor y ya se habla de más de un millón y medio de venezolanos viviendo en el país en las peores e inimaginables condiciones de vida, aparte de que el país no está preparado, por sus deficientes condiciones sociales y económicas, para integrar y atender a esa inmensa masa de desprotegidos indigentes que llegan con apenas nada. La tensión es cada vez mayor en suelo colombiano y el malestar de sus ciudadanos es palpable en las zonas fronterizas con Venezuela. Chile, que ya tiene dentro de sus fronteras a miles de venezolanos legales e ilegales, ya  les ha  impuesto una visa a los venezolanos y les ha cerrado las puertas a cal y canto. La situación es desesperada.

Perú, de igual forma, ya soporta el peso de una inmigración venezolana que llega en el peor momento, debido a que se está iniciando un constatado decaimiento de la actividad económica y tampoco parece tener la capacidad para integrar a esa ingente masa de inmigrantes. Incluso en estos días se ha anunciado por parte del ejecutivo peruano que se endurecerán los requisitos de entrada y que exigirán el pasaporte a los ciudadanos venezolanos. Las fronteras entre Perú y Ecuador, por donde discurre el mayor flujo de emigrantes venezolanos que atraviesan los territorios colombiano y ecuatoriano tras largas horas de viaje en destartalados autobuses, son un hervidero de gente y un caos total sin necesidad de utilizar eufemismos. Nadie sabe a ciencia cierta cómo acabará este éxodo masivo, pero cada día que pasa las puertas se van cerrando para estos nuevos parias del siglo XXI. En las calles de Lima, como en las de Bogotá, Buenos Aires y Santiago de Chile, se pueden ya observar a miles de venezolanos cargados con bolsos y aperos vendiendo empanadas o lo que se tercie para sobrevivir.  Mientras que en la ciudades colombianas de Cali y Barranquilla, miles de venezolanos duermen en las calles al intemperie. Qué desastre.

VISA EN PANAMÁ, MIENTRAS CRECE EL RACISMO EN BRASIL

Panamá, por otra parte, ya exige visado a los venezolanos y ha restringido los movimientos y las posibilidades de trabajar en su país a los ciudadanos de esta nacionalidad. Las fronteras se cierran, la solidaridad decrece y la angustia de millones de venezolanos, durmiendo  en los parques o en los accesos de la frontera, al borde la inanición y sin apenas nada que portar, crece. En el resto de los países latinoamericanos la situación es más o menos la misma, mientras que miles de venezolanos ya han emigrado también hacia Europa y los Estados Unidos en búsqueda de una existencia más digna que la ofrece esa gran prisión construida a sangre y fuego, con la ayuda cubana, por el régimen chavista.

Y en Brasil la situación está al límite tras una serie de ataques racistas en Pacaraima, donde se agrupan unos miles de venezolanos en unos campos de refugiados que conviven en esta conflictiva región con sus “vecinos” brasileños. Según relataba un medio local, “aparentemente, el episodio fue una respuesta al asalto por parte de venezolanos de un comerciante de la ciudad, que quedó herido. Eso habría hecho que decenas de residentes de la ciudad atacaran los dos principales campamentos de inmigrantes en las calles y quemaran todas sus pertenencias. También cortaron durante cinco horas la principal vía de acceso al municipio al grito de “¡fuera venezolanos!”, según vídeos de las protestas divulgados por redes sociales”. Miles de venezolanos han retornado de nuevo a su país ante los ataques racistas y no se descartan nuevos incidentes, al tiempo que el gobierno ha militarizado la frontera ante la situación de emergencia.

El problema es que esta ola migratoria es como una bola de nieve que crece y crece imparable. A medida que la situación crítica se agudiza en el país, en pleno colapso de su sistemas de salud, educación y sin esperanzas de cambio a la vista, incluso con gente desesperada comiendo de los cubos de basura y enfermos abandonados en los hospitales que se mueren a falta de medicinas básicas, millones de venezolanos saben que su única esperanza de un futuro mejor es lanzarse a la incierta aventura de la inmigración. El futuro de Venezuela no existe, es un gran precipicio que se traga todo y devora a sus mejores hijos ante un mañana que seguramente será peor que el presente.  No hay nada que hacer, la única remota posibilidad de salvarse de este infierno dantesco es la huida hacia donde sea, dejando atrás una existencia maldita marcada por la desolación, el hambre, el terror y la segura muerte.

Seguramente, si Venezuela sigue en la actual dinámica política y económica, que genera tantas disfunciones en todos los aspectos de la vida, el país acabará perdiendo una parte de la población muy importante, incluso hasta la mitad de su censo según aseguran algunos expertos, provocando el mayor éxodo migratorio de la historia de las Américas. Por ahora, la reacción del régimen hacia lo que está ocurriendo es de un cinismo rayano en la más abyecta perversidad política, asegurando que serán sus vecinos los que acabarán emigrando a Venezuela por las “excelentes” condiciones de vida, tal como ha llegado a afirmar sin inmutarse el número dos del régimen, el controvertido Diosdado Cabello. Y, en el resto del continente, la izquierda calla ante el drama, mientras que muy pocos gobiernos alzan su voz contra la satrapía de Maduro. Esta tragedia no ha hecho más que comenzar. Continuará.

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