El robo del siglo


 
Ana María Abello

@AniAbello_R

La realidad supera la ficción cuando hablamos de la justicia colombiana. Si usted se vio la serie El Robo del Siglo en Netflix recordará la escena en la que el gerente del banco se desploma a llorar en la bóveda al descubrir que se habían robado 44 mil millones de pesos. En vida real, la vida de ese gerente tomó el peor de los giros porque, después de haber hecho una carrera ejemplar durante más de 16 años en el Banco de la República, terminó en la cárcel, desempleado y endeudado. A Marco Emilio Zabala lo privaron de la libertad durante 33 meses por la supuesta complicidad en el robo. La tesis bajo la cual ordenaron su captura fue que, como Valledupar era una ciudad tan caliente y Zabala había mandado a reparar el aire acondicionado, les había dejado el edificio en óptimas condiciones a los ladrones para que perpetuaran el robo. Lo mejor del cuento es que desde el primer día se probó que los ladrones ni siquiera prendieron el aire. En resumen, Zabala pasó 3 años detrás de las rejas por mandar a arreglar un aire acondicionado.

El que lea esto pensará: “vamos, imposible que eso pueda suceder” pero sí sucede y en más ocasiones de las que nos podemos imaginar. La vida de una persona en Colombia puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos por mandar a arreglar un aire acondicionado o por contestarle una llamada a otro. El caso del Representante a la Cámara por el Centro Democrático Álvaro Hernán Prada es uno de esos casos en que la realidad supera la ficción porque se encuentra vinculado en un proceso ante la Corte Suprema de Justicia, sin pies ni cabezas por unas pruebas tanto o más descabelladas que el aire acondicionado de Zabala.

Todo el rollo comenzó el 20 de febrero de 2018 cuando recibió la llamada de un conocido llamado Mauricio Marroquín diciendo que Rodrigo Vidal quería reunirse con él porque una persona tenía una información valiosa. A pesar de estar ocupado en su campaña para el congreso, Prada accedió a reunirse con Vidal y la otra persona que terminó siendo Carlos López alias “Caliche”.

Caliche le contó a Prada que Juan Guillermo Monsalve, un buen amigo recluido en la Picota quería decir la verdad porque supuestamente Cepeda no le había cumplido con unos ofrecimientos de asilo, dinero y libertad a cambio de hablar en contra de los hermanos Uribe. Caliche añadió que Monsalve quería entregarle un video para que Prada se lo hiciera llegar a los abogados del presidente Uribe. El representante Prada se comunicó con el presidente para comentarle lo sucedido a lo que éste le respondió “ojalá digan la verdad”, cabe puntualizar que la versión de que lo había puesto en altavoz para que Caliche escuchara es absolutamente falsa y se puede corroborar con los testimonios de los que estaban presente.  Al día siguiente Caliche le escribió a Prada insistentemente que le dijera al presidente Uribe que él era un emisario de Monsalve y cambió su versión. La percepción de Prada fue que Caliche era un charlatán, y por esa razón limitó sus respuestas a frases parcas hasta que dejó de responderle del todo un par de días después.

En la conversación con Prada no se habló del detalle de los ofrecimientos de Cepeda a Monsalve más allá de, cómo lo dije anteriormente, asilos, dinero y libertad, pero con el tiempo, gracias a los medios de comunicación, se podría deducir que algunos se han materializado, porque éste tenía una vida de lujos en la cárcel con camas King, televisor, trago, acceso a manicuristas con apariencia de prepagos y dos celulares y un computador que les fueron incautados. Según la declaración del propio Monsalve recibió la ayuda de Don Iván para que no lo trasladaran a la cárcel de Valledupar a la que, a propósito, se refirió la Magistrada Yepes en una amigable charla (interrogatorio) como “un infierno”. Por el testimonio de Deyanira, la esposa de Monsalve, también se supo que estuvo asilada en España y que en Colombia andaba muy oronda en camioneta blindada y con escoltas hablando de una finca, que no estaría de más averiguar si es la misma a la que se refiere Pardo Hasche cuando aseguró en una entrevista que Cepeda le regaló una finca a Monsalve. No perdamos de vista que Monsalve no es un paramilitar sino un bandido condenado por la justicia ordinaria a 40 años de prisión dispuesto a decir lo que sea por salir libre en 2 a 6 meses como aparentemente le prometió Cepeda.

Acá hago un paréntesis: ¿ustedes conocen de casos en los que una persona les miente a otras dos para juntarlas? Tal vez eso era lo que estaba haciendo Caliche porque mientras le decía a Prada que su amigo Monsalve quería decir la verdad, a su vez le decía a Monsalve que Prada lo estaba buscando para sacarlo de la cárcel si hablaba ¿entramado de Caliche y Cepeda? ¿legítima preocupación de Caliche porque saliera de la cárcel su amigo o patrón? a saber. La prueba de que Caliche estaba montando un escenario de teatro está en el chat entre él y Monsalve en el que le dice que Prada lo estaba buscando y que él había oído la voz del presidente Uribe en el altavoz. Versión que se cae por las declaraciones del mismo Caliche que ha confesado ante la Corte y los medios de comunicación que todo eran “mentirillas”.  Ese mismo día los chats entre Monsalve y Caliche cayeron en manos de Cepeda el cual instauró en el acto una denuncia penal. Todos sabemos que la justicia en Colombia es lenta, pero en este caso actuó más rápido que la Suiza porque al día siguiente, el 23 de febrero, la Corte le abrió investigación a Prada y ordenó interceptar su teléfono cuyo número fue aportado misteriosamente al proceso a pesar de que estaba a nombre de su señora madre. De ahí en adelante han ocurrido una serie de irregularidades que disuadiría a cualquier joven de estudiar derecho porque a pesar de que Prada aportó su teléfono y que los chats que fueron extraídos por especialistas en tecnología, a su denunciante, Iván Cepeda nunca le pidieron que entregara su celular y le aceptaron la ya célebre versión de que, como se le cayó el teléfono, se le borraron algunas partes de los chats. No olvidemos que cuando el abogado de la defensa le preguntó a Cepeda en una diligencia ante la Corte si había destruido los chats con Monsalve, el otrora contratista de la paz, Magistrado Reyes interrumpió abruptamente la audiencia para alertarle que si contestaba esa pregunta correría el riesgo de auto incriminarse y como Cepeda no es pendejo, se negó a contestar. No les podría enumerar la gran cantidad de irregularidades que han ocurrido durante el proceso porque tendría que escribir un libro, pero les puedo resumir así: a Álvaro Hernán Prada le han violado los mismos derechos fundamentales que al presidente Álvaro Uribe Vélez.

Estos sucesos y muchos más llevan a la inevitable conclusión de que a los colombianos nos han hecho el robo del siglo al privarnos de una justicia eficiente y no politizada porque el caso del aire acondicionado de Zabala es el mejor ejemplo de una justicia perezosa y tramoyera y el caso de Prada es el mejor ejemplo de su politización. Urge una reforma ya.

Nota: pocos días antes de posesionarse como magistrado, César Reyes le cedió sus acciones y las de su exsocio y compañero de trabajo en USAID a su hija de 19 años en un aparente afán por desvincularse de la empresa con la que recibió un jugoso contrato a dedo por parte del gobierno Santos para trabajar en temas del acuerdo de paz al que se opusieron Uribe y Prada. No olvidemos que en el USAID trabajó con la esposa de Iván Cepeda.

Los Chat

 

Decimos lo que otros callan
Cargando...

Deja un comentario