La Guajira: Un récord despreciable

Chema Ballesteros
El exgobernador de La Guajira, José María "Chema" Ballesteros, otro mandatario condenado por corrupción en el departamento caribeño. El próximo 28 de septiembre la Corte Suprema dirá el monto de su sentencia.

 
El Exceso ritual democrático en La Guajira, un cambio con más desdichas que aportes.

Por Álvaro Alario.

Por medio del Acto Legislativo 01 de 1986 se permitió la elección popular de alcaldes en todo el país. Y la primera elección popular de Gobernadores se realizó en 1991, tres meses después de la Constitución Política de ese mismo año.

Ese tránsito democrático, supondría, en cualquier otro Estado liberal un avance significativo, sin embargo, en la Guajira y en casi todo el país, elegir por voto popular a los alcaldes y gobernadores significó un gran retroceso.

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Si señores, aunque parezca contradictorio, democratizar la elección de alcaldes y gobernadores condenó a los municipios y al departamento de la Guajira a la miseria, al advenimiento de castas que institucionalizaron las administraciones públicas como botines y crearon la cultura del voto “comprado”.

Los guajiros perdimos toda capacidad de sindéresis electoral, nadie vota sino amarra su conciencia, y esto se volvió costumbre, y lo sabe y lo practica desde el más educado hasta el carretillero.

Ahora con la noticia de que un nuevo exgobernador fue condenado por la Justicia, la Guajira ocupa el no despreciable récord de tener a todos sus gobernadores elegidos por voto popular en la cárcel o con libertad condicional. Solo el primero que se eligió en 1991 no está en la cárcel, pero si investigado. Vaya récord.

Recordemos que este 12 de septiembre de 2019, la Corte Suprema condenó al exgobernador guajiro, José María Ballesteros, por la firma de un convenio con la Organización Latinoamericana para el Fomento de la Investigación en Salud (Olfis) sobre la enfermedad del dengue. En las investigaciones se evidenció irregularidades en el contrato que se firmó en 2014 por más de 18.000 millones de pesos.

Esta situación lleva a preguntarnos si el exceso de democracia no termina siendo dañina en un pueblo que no sabe elegir y que cohonesta con los candidatos que elige. Creo que sí.

Decimos lo que otros callan
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