La Batalla Jurídica entre el loro Vitricio y las Autoridades Ambientales

Por Eduardo Padilla Hernández*.

Con la colaboración de Sixto Alfredo Pinto.

 

Vitricio es un loro que hace 45 años le hace compañía a Minerva Castellanos Charrasquiel, una indígena Zenú, adulto mayor, que hace poco cumplió 103 años de edad.

Ella es miembro del Cabildo Menor Barbacoas, perteneciente al Resguardo Mayor indígena de San Andrés de Sotavento, en Córdoba.

Para Minerva, Vitricio no es sólo una simple ave; sino un miembro más de su familia, desde el día que su esposo encontró al loro bebé en un pasto, donde estaba sólo y herido. De inmediato lo recogió, lo llevó a casa, donde lo sanaron y adoptaron.

Cierto día, Eliana Margarita Guerrero Del Toro, nieta de Minerva, perteneciente también a la etnia Zenú, llevó a Vitricio a la ciudad de Montería, para practicarle unos exámenes de rutina en una clínica veterinaria, cosa que ella venía haciendo cada seis meses; pero cuando la chica y el loro llegaron a la terminal de buses de la capital cordobesa, para sorpresa suya, las autoridades le arrebataron el ave que estaba en el hombro de la muchacha.

De inmediato encerraron al ave en una caja que trasladaron a los recintos de la Corporación Autónoma Regional de los Valles del Sinú y del San Jorge (CVS), donde ahora es monitoreado por una cámara, las 24 horas, como si se tratara de un peligroso delincuente.

El veedor Eduardo Padilla asesora a Eliana Margarita Guerrero en el caso del loro Vitricio.

Todo esto a pesar de que Eliana Margarita, estudiante de derecho, explicó que “el loro amazónico, llamado cariñosamente Vitricio, nunca había estado encerrado, porque el ave era libre en los árboles del patio de mi abuela”; y, les dijo, además, a las autoridades, que “mi familia, igual que nuestros ancestros, concebimos a los animales como seres que sienten; además, los nativos conocemos los deberes de protección animal; pues nunca hemos sometido a nuestro lorito a padecer hambre ni sed, ni a malestar físico ni dolor, no le hemos provocado enfermedades por negligencia o descuido, hemos actuado con acciones diligentes cuando se han presentado situaciones que han puesto en peligro su vida, su salud o su integridad física; este adorable pajarito nunca había sido sometido a maltrato, crueldad, violencia, ni a condiciones de miedo o estrés, como ustedes, señores, lo están sometiendo ahora”.

Pero los uniformados no entendieron las explicaciones de la nativa.

Ahora, Minerva, la anciana que vive en la vereda Barbacoas, corregimiento de Tuchín, en el norte del departamento de Córdoba, padece de problemas emocionales, pues sufre mucho por la ausencia de Vitricio.

“Lo extraño, como si un hijo se hubiera ido de mi lado”, dice Minerva, mientras las lágrimas se deslizan por sus mejillas centenarias.

El 9 de noviembre de 2020, Guerrero Del Toro le envió un derecho de petición a la CVS, en el cual expresa, entre otros términos, que “la cultura e idiosincrasia de los pobladores de las zonas rurales de Córdoba somos concomitantes con la naturaleza, fauna y flora, la cual hemos hecho parte de nuestra vida cotidiana; incluso miembros de mi familia como es el caso concreto donde Vitricio, siendo un animal, es un ser querido, amado y parte de nuestro núcleo familiar”. Y añade: “Hay que recordar que también parte de nuestras raíces como indígenas es el contacto y profundo vínculo con la fauna y la flora, pues nuestra madre tierra es un ser vivo a la cuál le profesamos respeto y admiración, siendo nosotros parte de ella y ella, parte de nuestra vida”.

Vitricio nació en semicautiverio. Ya es un loro de avanzada edad; necesita ser cuidado constantemente. Eliana Margarita teme que, si la CVS lo libera, su muerte sea inminente.

El loro Vitricio siempre ha estado con la señora Minerva Castellanos.

Por su parte, Eder Eduardo Espitia Estrada, cacique mayor del resguardo indígena Zenú de San Andrés de Sotavento, envió una carta a la CVS, mediante la cual exige que Vitricio sea devuelto al hogar de Minerva Castellanos, porque se le están violando los derechos fundamentales a la salud emocional de a ambos sujetos, puesto que algunas autoridades ambientalistas, en lugar de estar supuestamente desaprovechando los recursos del Estado en un loro, deberían acatar los preceptos de la ley, referente a la fauna silvestre que se encuentra en el territorio nacional y que pertenece a la Nación, SALVO LAS ESPECIES DE ZOOCRIADEROS Y COTOS DE CAZA DE PROPIEDAD PARTICULAR (LOS ANIMALES QUE HAN SIDO DOMESTICADOS); aunque en este caso los propietarios están sujetos a las limitaciones y demás disposiciones establecidas en el Código Nacional de los Recursos Naturales Renovables y de Protección al Medio Ambiente.

En el ámbito de la jurisprudencia, la Corte Constitucional ya tiene claro el concepto frente a casos similares, con relación a que “los animales siguen siendo concebidos como seres sintientes. Como tales, tienen garantías y beneficios que también limitan la actuación del ser humano y le imponen deberes de protección”. Y agrega: “decir que los animales no tienen derecho a la libertad no anula las exigencias de los humanos frente a los animales, y hay normas expresas que penalizan conductas como, por ejemplo, el tráfico de especies”.

Vitricio acompañó en su cumpleaños número 100 a la señora Minerva Castellanos.

Las autoridades ambientales deberían dedicarse a trabajar con seriedad, focalizando y solucionando los verdaderos problemas y no perder el tiempo persiguiendo a los indígenas, para justificar la inoperancia burocrática, como está sucediendo con el caso del loro Vitricio, con el cual han desatado una tempestad en un vaso de agua.

Todos los esfuerzos de las autoridades ambientales deberían de estar dirigidos hacia la recuperación de humedales, control de los rellenos sanitarios, erradicación de la explotación ilegal de minerales en el sur de Córdoba, protección del ecosistema, la erosión en el río Sinú, el buen manejo de las tierras para evitar sequia e inundaciones, erradicación de la minería ilegal que causa la contaminación por la extracción de oro, ferroníquel y carbón, la erosión costera y ribereña, contaminación con mercurio en la ciénaga de Ayapel y la creciente deforestación en el Nudo del Paramillo.
Pero no trabajan en lo que deberían, por estar haciendo visaje burocrático detrás del loro Vitricio y persiguiendo a los indígenas.

*Abogado y Presidente de la Red Colombiana de Veedurías.

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