¿Se acabará el negocio de Gasolina de contrabando en La Guajira y el Cesar?


 

Desde mediados del 2015 cuando el Gobierno Nacional anunció una ofensiva contra el contrabando de combustibles venezolano en la Costa Caribe, luego del primer anuncio de cierre de la frontera por parte de Venezuela, las autoridades colombianas, al parecer, han cumplido su objetivo, pero el vecino país está en deuda.

En el pasado los municipios guajiros de Maicao, Riohacha, Uribia, Palomino, San Juan del Cesar, Barranca, Fonseca, Cuestecita y los cesarenses como La Paz, El Paso, Cuatro Vientos, eran los Sodoma y Gomorra del negocio ilegal de la gasolina a través de los famosos pimpineros.

 

La tan nombrada pimpina tenía 5 galones y costaba entre 12 mil y 15 mil pesos. O sea que el galón de gasolina salía en promedio a 2.400 pesos o a 3.000 pesos. El asunto se fue endureciendo y al cerrar el año 2015, subió al doble del valor, pero todavía estaba barata, según los pobladores, porque el galón costaba 6.100 en la zona, mientras que en Bogotá y el resto del país bordea los $8.000.

La cultura de la pimpina es tan fuerte en los región que los pueblo colombianos de la Guajira o el Cesar, donde hay estaciones de servicios con gasolina colombiana legal, están quebrados con ese negocio porque el contrabando continúa igual.

Las gentes del lugar no se acostumbraron a comprar en las bombas sino a los famosos pimpineros, al punto que estos negociantes le compran el combustible a las estaciones mil pesos más barata, por un subsidio que manda la ley nacional a los pueblos de frontera, la envasan en las pimpinas y luego se la venden con el mismo precio de las bombas y los clientes foráneos creen que la están comprando más barata porque ni se percatan de preguntar los precios oficiales.

El Gobierno colombiano ha sido eficaz para combatir el contrabando en la Costa, pues a diario se decomisa el combustible ilegal, pero del lado venezolano no ha sido así.  También a diario sigue ingresando la gasolina del vecino país por todas las trochas que llegan a la frontera con la Guajira, especialmente las que conducen al municipio nacional de Paraguachón, o a varios pueblos de Cesar. Se cree que algunos sectores corruptos de la Guardia Nacional de Venezuela acolitan el ilícito negocio y se lucran del mismo, o no ha sido eficientes para controlar el flagelo.

 

Por su parte, la Policía y el Ejército Nacional  de Colombia en grandes operativos barrió la zona y fue acabando con este negocio ilegal, o eso parece. Ya no encuentra tan fácil el combustible extranjero expuesto en eternas filas de pimpineros en los pueblos del sur de la Guajira o el Cesar, especialmente en La Paz, aunque en algún lado debe haber escondido el producto. Todo parece indicar que los grandes capos del negocio, como el otrora temible mafioso guajiro Marquitos Figueroa preso en Brasil, están recogidos, como se dice en la región.

En los primeros días de enero de 2016, el galón de gasolina venezolano en los pueblos del Cesar no se conseguía y cuando lo había su valor era de 10.000, más caro que en todo Colombia.

Por ahora, atrás quedaron esas grandes ventas de combustible venezolano, por la acción del Gobierno colombiana y sus autoridades. Hay preguntarse: ¿Se acabará la Gasolina de contrabando en La Guajira y el Cesar? ¿Llegará al final este multimillonario negocio ilegal y tradicional de la zona?

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