Una noche en un infierno real


 

“Esto es normal aquí y en todo lado pasa a toda hora, usted ya debería saberlo”,  dice una funcionaria de la Clínica Colombia al referirse al trato que le dan a los pacientes en los pasillos de la Clínica de la organización Sanitas, la misma que en el pasado fue protagonista en el desfalco al Fosiga, hecho que con el tiempo se ha perdido en el olvido.

Las más de 60 camillas se extienden de lado a lado en los pasillos de la clínica que con el tiempo se convierten en improvisadas habitaciones en donde solo se respira el olor a medicamentos. De otro lado los familiares se pelean por sillas y almohadas, mientras algunos médicos pasan casi corriendo para evitar las explicaciones a los “usuarios del sistema”.

Clara Sarmiento, abuela de 77 años, encarna toda la impotencia de miles de colombianos víctimas de la precaria atención de las EPS, que resultan insuficientes para atender a los miles de nacionales que piden una atención digna.  Nótese las bolsas de basura a un lado de los pasillos de la clínica.

Clarita, como le dicen de cariño, tiene cáncer que se hace visible en su rostro con un dolor intenso. Los familiares no encuentran una luz al final del túnel puesto que la indiferencia de los recepcionistas que sólo dicen: “no le podemos atender su solicitud, siguiente”.

El tiempo se hace largo, el cansancio es más fuerte y la esperanza de vivir se extingue. “Tiene cáncer, entendemos su dolor pero hay que seguir esperando hasta que llegue el médico internista”, dice la médico de turno, quien no tiene respuestas las preguntas de otros usuarios que envían constantes mensajes de urgencia.  “Esperen esperen que vamos en orden de lista” responde mientras se va.

Clarita no tiene opción diferente a aguantar el dolor y pedir a Dios paciencia y tratar de aguantar mientras llega ayuda, luego se calma y dice: “La respuesta de la vida sólo la tiene Dios, pero la soberbia del poder la mantiene el hombre que al final del camino igual encuentra la muerte”.

Minutos después se queda dormida en el pasillo de la muerte, esperando que mañana por fin la atiendan.

Por Yebrail Plazas

 

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