Cuando algunos árabes olvidaron sus proverbios…

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Por: Eduardo Padilla Hernández, presidente Red Colombiana de Veedurías (Aso-Red).

Los pueblos árabes, ismaelitas, descendientes de Ismael, hijo de Abraham, están conformados por personas responsables, laboriosas y honestas.

Pero algunos libaneses que llegaron a Colombia, específicamente al departamento de Córdoba, olvidaron su doctrina islámica y se convirtieron al cristianismo.

Ahora ya no son ni musulmanes ni cristianos, pues no practican la fe de Alá ni la de Cristo; porque si actuaran acorde a estas doctrinas, no estuvieran involucrados en graves hechos de corrupción.

Ellos no se comportan conforme a los escogidos de Dios, ni viven de acuerdo al conocimiento de la verdad que es según el amor al prójimo.

Ni siquiera recuerdan los proverbios árabes que contienen suficiente sabiduría para tener una vida recta, porque como dice uno de sus refranes: “No intentes enderezar la sombra de un bastón torcido”.

Los proverbios árabes son una guía sabia para corregir lo deficiente, para establecer personas dignas, irreprensibles, justas, para que nunca estén acusadas de disolución, de rebeldía, para que no sean soberbios, iracundos, dados al licor, a las drogas, pendencieros, codiciosos de ganancias deshonestas; sino para que sean sobrios, justos, dueños de sí mismos, retenedores del espíritu de la ley, para que puedan exhortar con la verdad y convencer a los que contradicen las normas.

Pero hay en Córdoba algunos contumaces, engañadores, habladores de vanidades, a través de los medios de comunicación, a los cuales es preciso tapar la boca con el tapabocas de la verdad, porque trastornan a las comunidades, enseñando que las ganancias deshonestas son lícitas.

Esa clase de dirigentes mentirosos, son lobos rapaces, glotones de los recursos del Estado, dineros que pertenecen a los contribuyentes, pero que van a parar a los bolsillos de los corruptos.

Aunque los proverbios de sus antepasados los reprenden duramente para que sean sanos, no lo son, porque ellos están embadurnados de todo tipo de intrigas que se apartan de la verdad, pues su conciencia está corrompida.

La gente los ve en las iglesias y allí profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan, siendo abominables y reprobados en cuanto a toda buena obra.

El fruto del espíritu de la Constitución es toda bondad, justicia y verdad, pero ellos se complacen en las obras infructuosas de las tinieblas (ignorancia deliberada de la ley); por eso es necesario reprenderlos, porque es vergonzoso lo que hacen.

Llegó el tiempo en que es preciso poner las cosas en manifiesto delante de las comunidades, para que el pueblo reclame su soberanía y ande con diligencia, no como necio, sino como sabio, porque la historia de Córdoba ha sido oscura, a causa de esa calaña; pero llegó la hora de encender la luz de la justicia.

Hay un ambiente propicio en la juventud que decidió olvidar la insensatez y tomar el camino del entendimiento.

Esta es la hora oportuna en que la galleta de limón, el arroz con coco y el sancocho de bocachico, están listos para enfrentar al quibbe, al Tajín y a la almojábana, con la olvidada sabiduría de ellos mismos, con sus propios proverbios:

“Para fortalecer el corazón no hay mejor ejercicio que agacharse para levantar a los que están caídos” (tantos niños discapacitados que por culpa de los corruptos quedaron a la deriva, sin atención médica especializada).

“Si alguien te muerde, te hace recordar que tú también tienes dientes”.

“Solo se tiran piedras al árbol cargado de frutos”.

“Un corazón tranquilo es mejor que una bolsa llena de oro”.

“Un mediano bienestar tranquilo es preferible a la opulencia llena de preocupaciones”.

“Intenta que el niño que fuiste nunca se avergüence del adulto que eres”.

Remato con esta metáfora que es tan cierta que se mezcla con lo literal: ya las chicas sinuanas eliminaron el “hiyab” (velo árabe); ahora su cabello flamea al viento como una bandera de libertad. Y los muchachos cordobeses se quitaron el turbante islámico, para “quemarlo” en las urnas en el 2022.

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Eduardo Padilla Hernández
Abogado, Columnista y Presidente Asored Nacional de Veedurías


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