El dolor de la gloria

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Por: Roberto Trobajo Hernández.

Infamia causando dolores, sangre de inocentes, heridos, muertes injustas, desaparecidos, fue el calvario sufrido en Azerbaiyán, en aquel enero de 1990, con Bakú siendo epicentro de masacres… imperdonables por quienes amamos la paz.

Los días 19 y 20 de ese enero ¡negro! enlutaron centenares de familias, doliéndoles a millones de azerbaiyanos, todo un país; víctimas de crímenes perpetrados por ordenes de un farsante que se la da de pacifista.

Estremecen el clamor de las almas de los muchos que en Bakú fueron asesinados por mandato de ese descaro de premio nobel de paz, Mijaíl Gorbachov, quien quiso aplastar al pueblo azerbaiyano.

Los soldados soviéticos irrumpieron en Bakú, ¡matando! hasta a niños. El mundo tiene que saber de lo mucho que se padeció y todavía se sufre en Azerbaiyán ,por culpa de aquellos asesinatos de tantos inocentes.

La URSS se estaba viniendo abajo, derrumbada por el propio peso de un socialismo deshumanizante.

El otrora imperio procomunista de los soviets se desintegraba y era lógico que también en el Cáucaso la gente rompiera con aquel nefasto gobierno centralista impositor que yacía en Moscú. Es que las personas tenían que mirarse hacía sí mismas y salvarse, en medio de las ruinas, de una economía caótica que empujaba a un suicido social.

Los azerbaiyanos decididos a sobrevivir y crecer, sin miedos, salieron a las calles exigiendo independencia.

Gorbachov no quería perder el control, y aunque se la daba de aperturista en realidad no toleraba independentistas; creyéndose emperador envió 26.000 soldados a Bakú para que acabaran con un movimiento ciudadano…que fue ¡imparable!

Masacre del Enero Negro

Las tropas soviéticas usaron tanques para aplastar a civiles indefensos y dispararon contra hombres, mujeres, niños, atacando indiscriminadamente a las ambulancias, enfermeras, médicos, hospitales; crímenes reportados por Human Rights Watch.

Ese “Enero Negro” fue una operación militar deliberada contra el pueblo azerbaiyano, fríamente calculada: desarmaron milicias, se tomaron instituciones, bloquearon la radio y televisión, prohibieron el ingreso de la prensa occidental y de cualquier extranjero; así aislaron a Bakú.

Gorbachov apareció el 22 de enero en la televisión soviética, justificando su decisión de reprimir a los “nacionalistas militantes que se rehusaron a escuchar la voz de la razón” y que buscaban “tomar el poder por la fuerza”, según consignó la BBC.

Y cínicamente dijo “Lamentablemente ha muerto gente, los hechos dieron un giro trágico en Bakú”, para luego agregar que esperaba que la decisión de enviar al ejército fuera “entendida y apoyada por todos los ciudadanos”.

Meses después le regalaron el Premio Nobel de la Paz por su “rol de liderazgo en los procesos de paz”. ¡Mentira mundial!

A pesar de tantas muertes, de la mucha sangre derramada, la brutalidad desatada surtió efectos contrarios.

Aconteció un éxodo masivo de militantes comunistas y el pueblo apoyó más la anhelada independencia, recuperada el 18 de octubre del 1991.

Resurgiendo cual Ave Fénix, reinventándose y emprendiendo, incansables, Azerbaiyán se encaminó hacía los éxitos que bien merecido tiene este glorioso pueblo que vive cada vez mejor y aportándole tanto a la humanidad.

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